La lengua de aire sahariano que avanza hacia España volverá a intensificar el calor esta semana y dejará un escenario muy incómodo en varias comunidades. Después del alivio térmico provocado por la aproximación de una dana al oeste de la Península, las temperaturas volverán a repuntar con fuerza en el este, Baleares, el valle del Ebro y las depresiones del noreste.
El cambio no será uniforme. Mientras algunas zonas del norte seguirán bajo la influencia de tormentas, granizo y chubascos localmente intensos, el este peninsular y el área mediterránea quedarán más expuestos a la llegada de aire cálido procedente del norte de África. La consecuencia será una semana de contrastes: calor extremo, cielos turbios, noches difíciles y tormentas en áreas concretas.
El dato más preocupante no es solo la subida térmica, sino la ausencia de un alivio claro a corto plazo. Los modelos no dibujan todavía una retirada rápida y generalizada de esta configuración.
La dana se aleja y abre la puerta al aire sahariano
La situación tiene su origen en la posición de una dana al oeste de la Península. En las últimas horas, esa depresión ha favorecido tormentas intensas en Galicia y en la vertiente cantábrica, con episodios de granizo grande en algunos puntos y un descenso térmico apreciable en buena parte del país.
Sin embargo, ese alivio será parcial y breve. A medida que la dana tienda a desplazarse hacia el noroeste, impulsará una masa de aire muy cálido desde el Sahara. Ese flujo afectará de forma más clara a las comunidades del este y a Baleares en este comienzo de semana.
El interior de Mallorca, el valle del Ebro, Murcia, Lleida, Logroño y varias depresiones del noreste pueden situarse entre las zonas más castigadas. En algunos puntos, las máximas rondarán o superarán los 40 ºC, con picos que podrían alcanzar los 42 o 43 ºC más de una jornada.
España pasa del respiro térmico a una nueva entrada cálida en apenas unos días. Ese vaivén será una de las claves meteorológicas del tramo central de julio.
Polvo sahariano, cielos turbios y noches más duras
La llegada de la masa cálida no vendrá sola. También se espera polvo sahariano en suspensión, especialmente en comunidades mediterráneas. La calima puede dejar cielos turbios, reducir la visibilidad y empeorar la calidad del aire en algunos momentos.
Este polvo puede tener un efecto doble. Por un lado, la presencia de partículas en suspensión puede limitar ligeramente el ascenso de las máximas al filtrar parte de la radiación solar. Por otro, puede dificultar el enfriamiento nocturno y favorecer mínimas muy elevadas, sobre todo en el litoral este y Baleares.
Ese será uno de los grandes problemas para la población: no solo hará calor durante el día, sino también durante la noche. En varias localidades pueden registrarse noches tropicales o incluso tórridas, con temperaturas mínimas muy altas que impiden descansar bien.
La calima no siempre dispara más las máximas, pero puede convertir la noche en una prolongación del calor diurno. Y esa falta de descanso multiplica el impacto sobre la salud.
El este y Baleares, epicentro del calor
El episodio afectará de manera desigual al territorio. Las áreas mediterráneas, Baleares, el valle del Ebro y las depresiones del noreste serán las zonas con mayor riesgo de temperaturas extremas durante los próximos días.
En el interior de Mallorca, Murcia, Zaragoza, Lleida o Logroño, los termómetros pueden acercarse a valores propios de los episodios más duros del verano. No se trata de un calor aislado en una sola ciudad, sino de una configuración que puede repetirse durante varias jornadas.
La combinación de aire sahariano, estabilidad en superficie y noches cálidas puede elevar el riesgo para personas vulnerables: mayores, niños, pacientes crónicos, trabajadores al aire libre y personas sin acceso a una vivienda bien refrigerada.
El calor extremo deja de ser un episodio puntual cuando se encadena durante varios días y no permite recuperar el cuerpo por la noche. Esa será la gran amenaza en las zonas más expuestas.
Tormentas fuertes en el norte y áreas de montaña

Mientras el calor gana terreno por el este y el Mediterráneo, el norte peninsular seguirá bajo un patrón más inestable. La proximidad de la depresión en altura favorecerá nuevos chubascos y tormentas en Galicia, Asturias y otras zonas de la vertiente cantábrica.
También pueden formarse tormentas en el Pirineo y en áreas montañosas del tercio oriental peninsular. Entre el miércoles y el jueves, estos fenómenos podrían ganar extensión e intensidad, con aguaceros fuertes, granizo, vendavales y abundante aparato eléctrico.
El riesgo de rayos será especialmente delicado porque coincide con niveles muy altos o extremos de peligro de incendio en amplias zonas. Una tormenta seca o con poca precipitación efectiva puede convertirse en un factor de ignición si descarga sobre vegetación muy seca.
La semana no será solo de calor: también será de tormentas potencialmente adversas en zonas concretas. El mapa meteorológico quedará dividido entre la advección cálida y la inestabilidad de altura.
¿Cuándo se retirará la lengua de aire sahariano?
La pregunta clave es cuándo terminará este episodio. Y la respuesta, por ahora, no permite lanzar buenas noticias. A partir del viernes aumenta la incertidumbre, pero el escenario más probable apunta a un nuevo descuelgue de aire frío frente al oeste y noroeste peninsular.
Lejos de retirar de forma clara el calor, esa configuración podría reforzar la entrada de aire muy cálido y extenderla a otras zonas del interior. Incluso Canarias podría verse afectada por valores elevados si se confirma la evolución prevista.
Los mapas muestran isotermas muy altas a unos 1.500 metros, con valores de 26 a 28 ºC que podrían mantenerse varios días más. A partir del domingo, los 40 ºC podrían volver a extenderse por numerosas comarcas del interior peninsular.
La fecha del final no está todavía sobre la mesa: lo que aparece en los modelos es persistencia, no alivio generalizado. Esa es la clave que deben tener en cuenta los próximos días.
Un episodio que puede prolongarse más de lo deseado
Algunos escenarios apuntan a que esta configuración podría mantenerse al menos durante dos semanas, aunque con variaciones regionales y con posibles tormentas vespertinas por el paso de ondas en altura. Eso no significa que todos los días vayan a ser iguales ni que el calor extremo afecte siempre a las mismas zonas, pero sí que no se aprecia una ruptura clara del patrón.
El suroeste de Europa encadena episodios de temperaturas muy altas, y países como Francia también afrontan un verano especialmente duro. España vuelve a situarse dentro de esa dinámica de calor persistente, masas africanas y noches cada vez más difíciles.
La recomendación es extremar la prudencia: evitar actividad física en las horas centrales, hidratarse con frecuencia, vigilar a personas vulnerables, revisar los avisos oficiales y no confiarse ante tormentas aparentemente aisladas.
La lengua de aire sahariano dejará calor intenso, polvo en suspensión y un horizonte sin alivio claro. Julio entra así en una fase muy exigente, con España pendiente del termómetro, del cielo y de unos modelos que todavía no anuncian una retirada definitiva.

