Un grupo de médicos y científicos europeos ha pedido a la Comisión Europea que revise su enfoque regulatorio sobre el tabaco y la nicotina y lo alinee con la evidencia científica disponible, en un momento clave para la futura actualización de la normativa comunitaria. La iniciativa, impulsada por la Plataforma para la Reducción del Daño por Tabaquismo, se articula a través de una carta enviada a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y a varios comisarios europeos, en la que los firmantes alertan de los riesgos de tratar todos los productos con nicotina como si tuvieran el mismo impacto en la salud.
En el documento, respaldado por 26 expertos independientes en salud pública de distintos países europeos, los autores sostienen que equiparar el cigarrillo convencional con alternativas sin combustión “no está respaldado por la evidencia”. Recuerdan que el principal factor de riesgo del tabaquismo es la combustión del tabaco, responsable de la liberación de las sustancias más tóxicas vinculadas al cáncer y a las enfermedades cardiovasculares y respiratorias, y no la nicotina en sí misma, aunque sea adictiva.
La carta va acompañada de 131 estudios científicos que, según los firmantes, no habrían sido tenidos en cuenta en el reciente ejercicio de evaluación de impacto de la Directiva Europea del Tabaco. Su mensaje central es claro: regular sin distinguir entre productos de distinto riesgo puede acabar protegiendo el mercado del cigarrillo, dificultando el objetivo europeo de alcanzar una prevalencia inferior al 5% de fumadores en 2040.
Coincidencia con voces históricas ligadas a la OMS
Este mensaje coincide con un debate creciente a nivel internacional. En un estudio publicado en Nature Health, tres referentes históricos de la salud pública vinculados durante décadas a la Organización Mundial de la Salud -Robert Beaglehole, Ruth Bonita y Tikki Pang- reconocen que las políticas actuales avanzan demasiado despacio para frenar la epidemia del tabaquismo.
Los autores plantean integrar de forma explícita la reducción de daños en la estrategia global, combinando las políticas tradicionales con un acceso regulado a productos de nicotina sin combustión, como tabaco calentado, bolsas de nicotina y vapeadores, describiéndolo como una “oportunidad histórica” para acelerar el abandono del cigarrillo.
Ambos llamamientos coinciden en que proteger a los menores es irrenunciable, pero advierten de que confundir nicotina con humo puede derivar en políticas ineficaces. La evidencia internacional, señalan, muestra que es posible reducir el tabaquismo adulto manteniendo controles firmes sobre el acceso juvenil, siempre que la regulación se base en ciencia y resultados, y no en dogmas.
