La mayoría de las veces que se visita una ciudad nueva, lo común es verla y sacar fotos allí donde se vaya. Se pueden ver monumentos, edificios importantes y estatuas. El problema aparece cuando alguna de estas últimas puede ser un claro ejemplo de violencia simbólica. Sin embargo, son estatuas tan famosas en la ciudad que la mayoría de las personas no piensa que tocarlas sea otra forma de violencia.
La violencia simbólica se da con las formas de las estatuas pero también con costumbres, discursos o chistes en los que el hombre posiciona a la mujer muy debajo de ellos. También pueden hacer referencia a una forma de pegarles como el siguiente chiste: “¿En qué se parecen las mujeres a las pelotas de frontón? En que cuanto más fuerte les pegas antes vuelven”.
Estatuas simbólicas en violencia simbólica
Sin embargo, más allá de pronunciar frases que sitúan a las mujeres en un lugar devastador, puede ser más común sacarse una fotografía con una de las estatuas más famosas de la ciudad, aunque esta represente a una mujer. Además, esto ocurre principalmente con estatuas de mujeres que enseñan el pecho y, lejos de sacarse la foto por lo importante que pueda ser la escultura, muchos hombres lo hacen tocándole el pecho, lo que genera un gran desgaste en esa parte del cuerpo.
Ocurre con Julieta, en Verona, y también con una estatua de Múnich. Se dice que, si los hombres tocan el pecho derecho de la escultura, tendrán buena suerte en el amor. También ocurre con una de las estatuas femeninas de la Fuente de Neptuno de Berlín, que representa al río Rin y lleva un hilo de pesca y hojas de vid.
La estatua llamada Juventud, situada en Bremen, Alemania, también ha pasado por lo mismo: su pecho está deteriorado tras ser tocado todos los días. Lo mismo ha ocurrido con Gertrudis de Botero, en Cartagena de Indias, Colombia. Un hombre que la ha visitado recuerda que “trae suerte en el amor si le tocas sus partes”. Otro hombre atribuye el gesto a “una tradición popular”.
Esto también ocurre en España con esculturas como Tras Julia, en Madrid; Mavi, en Estepona, Málaga; La Recovera, en Sevilla; Carmen Amaya, en Barcelona; La niña de las coletas, en Valencia, y Elvira II, en Málaga. En todas las esculturas mencionadas se tocan los pechos y, en algunas, también los genitales. Sin embargo, esto sigue ocurriendo en otras ciudades, como Zaragoza, Murcia, Palma de Mallorca y Alicante, entre otras.
Evitar que se toquen los pechos de la estatua

Como vemos en la imagen, es habitual que, con el paso de los años, los pechos de la estatua se vuelvan dorados porque muchas personas los tocan para hacerse una foto, generalmente hombres. Por esto, durante el año pasado, el Ayuntamiento de Dublín puso vigilantes de seguridad para evitar que las personas se acercaran al monumento de Molly Malone y le tocaran los pechos. Así protegerían la estatua y evitarían que siguiera desgastándose. Además, el Ayuntamiento también está estudiando recubrir las partes desgastadas.
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