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Después de ‘Backrooms’, Hollywood busca sus próximos monstruos en internet

Foros, wikis, canales de YouTube y plataformas de escritura colaborativa se han convertido en el nuevo vivero creativo de una industria sin creatividad

Después de 'Backrooms', Hollywood busca sus próximos monstruos en internet
Después de 'Backrooms', Hollywood busca sus próximos monstruos en internet
Montaje: kiloycuarto

Cuando Warner Bros. compró en 2011 los derechos de Rome Sweet Rome, un relato publicado por un usuario de Reddit sobre un batallón de marines estadounidenses que viajaba accidentalmente hasta la antigua Roma, la operación parecía una extravagancia. Hollywood llevaba décadas adaptando novelas, cómics, videojuegos y musicales, pero muy pocos imaginaban que un hilo escrito en un foro pudiera convertirse en una película de gran estudio. El proyecto nunca llegó a rodarse, aunque terminó marcando un precedente que hoy resulta mucho más fácil reconocer. Catorce años después, los estudios ya no consideran internet un lugar donde promocionar sus películas: empiezan a verlo como el lugar donde nacen las historias.

La diferencia es importante. Durante buena parte del siglo XX, la industria buscó nuevas franquicias en obras ya consolidadas, títulos con millones de lectores o personajes que habían demostrado su capacidad para sobrevivir al paso del tiempo. Ahora ha comenzado a explorar territorios mucho más inestables: comunidades digitales donde miles de personas escriben, corrigen, amplían y transforman relatos sin que exista necesariamente un autor único.

El éxito de Backrooms ha acelerado ese cambio de mirada. La película dirigida por Kane Parsons, que apenas había cumplido 21 años durante el rodaje, costó alrededor de diez millones de dólares y ha superado los 200 millones de recaudación mundial, convirtiéndose en el mayor éxito comercial de A24. Resulta difícil encontrar un ejemplo más elocuente de cómo una idea nacida en internet puede acabar convertida en una de las películas más rentables del año.

Renate Reinsve en 'Backrooms'
Renate Reinsve en ‘Backrooms’.
A24

Lo llamativo es que Backrooms tampoco nació como una película. Ni siquiera como un relato. Todo comenzó en 2019, cuando un usuario anónimo publicó en 4chan la fotografía de una sala amarilla durante la reforma de un edificio en Wisconsin. La imagen iba acompañada de un breve texto que invitaba a imaginar qué ocurría cuando alguien abandonaba accidentalmente la realidad y quedaba atrapado en un laberinto infinito de habitaciones vacías iluminadas por fluorescentes. Aquella publicación apenas ocupaba unas líneas, pero contenía una intuición poderosa: la posibilidad de que existieran espacios cotidianos que, despojados de personas y de cualquier lógica reconocible, despertaran una inquietud difícil de explicar.

La historia no terminó allí. Al contrario, acababa de empezar. Mientras la fotografía circulaba por distintos rincones de internet, miles de usuarios comenzaron a ampliar aquel universo. Reddit, especialmente el subreddit r/backrooms, se convirtió en uno de los principales lugares donde esa mitología empezó a crecer. Unos imaginaban nuevos niveles del laberinto; otros inventaban criaturas, reglas, mapas o formas de escapar. Nadie dirigía el proceso y, sin embargo, el conjunto adquiría una sorprendente coherencia. Cada aportación alimentaba la siguiente y el relato terminaba expandiéndose como si hubiera sido concebido por una única mente.

Kane Parsons llegó después. Fascinado por ese imaginario colectivo, comenzó a producir en YouTube una serie de cortometrajes realizados con Blender y efectos digitales que imitaban la textura de una vieja cinta VHS. Aquellos vídeos no intentaban explicar el origen de los backrooms ni construir una narración convencional. Su fuerza residía precisamente en la sensación de estar viendo una grabación encontrada, un documento anónimo que parecía registrar algo que nunca debería haber sido filmado. Parsons conectaba así con una corriente muy concreta del terror contemporáneo, conocida como analog horror, que utiliza cámaras de seguridad, emisiones televisivas, cintas domésticas o vídeos institucionales para construir relatos donde la amenaza nunca aparece del todo, pero siempre parece estar a punto de hacerlo.

Backrooms y espacios liminales: ¿qué son y por qué nos causan inquietud y desasosiego?
Backrooms y espacios liminales: ¿qué son y por qué nos causan inquietud y desasosiego?
Montaje: kiloycuarto

Hollywood no tardó en darse cuenta de que aquello era mucho más que un fenómeno viral. La industria llevaba años preguntándose cómo encontrar nuevas franquicias en un mercado dominado por secuelas, remakes y universos compartidos. La respuesta apareció donde pocos la buscaban: en comunidades que llevaban años haciendo exactamente ese trabajo. Internet no solo producía historias. También generaba personajes, escenarios, reglas internas, teorías, debates y millones de personas dispuestas a seguir ampliando esos mundos mucho antes de que existiera una adaptación cinematográfica.

Jim Squires, vicepresidente ejecutivo de marketing de Reddit, resumía recientemente ese fenómeno en una entrevista con The Hollywood Reporter. La plataforma, explicaba, funciona como “una incubadora de propiedad intelectual en tiempo real”, un espacio donde las comunidades permiten que las historias evolucionen de forma orgánica mientras los propios lectores señalan qué ideas tienen recorrido y cuáles desaparecen rápidamente.

La observación resulta especialmente reveladora porque modifica la relación tradicional entre creadores y público. Hollywood estaba acostumbrado a recibir una obra terminada y decidir después si merecía convertirse en película. Las comunidades digitales funcionan de otra manera. El proceso creativo ocurre a la vista de todos. Los lectores dejan de ser simples espectadores y participan activamente en la construcción del universo narrativo. Cuando un estudio compra una de esas historias, no adquiere únicamente un argumento: incorpora una comunidad entera que lleva años imaginando ese mundo, discutiéndolo y manteniéndolo vivo.

El origen de los 'backrooms' fue un post en la web 4chan
El origen de los ‘backrooms’ fue un post en la web 4chan

Ese cambio ayuda a explicar por qué los grandes estudios han empezado a rastrear internet con una intensidad desconocida hasta hace muy poco. El objetivo ya no consiste únicamente en encontrar un buen relato. Lo que buscan son mundos capaces de sostener películas, series, videojuegos, novelas gráficas o experiencias inmersivas. En otras palabras, propiedades intelectuales que lleguen acompañadas de un público previo y de una mitología suficientemente rica como para seguir creciendo.

El caso de Backrooms ha demostrado que esa estrategia puede funcionar. Pero está lejos de ser el único. Mientras la película de Kane Parsons conquistaba la taquilla, Hollywood ya había comenzado a mirar hacia otros universos nacidos en internet que, hasta hace apenas unos años, parecían destinados a permanecer dentro de foros especializados, canales de YouTube o wikis colaborativas. El siguiente candidato parece tener incluso más potencial que los interminables pasillos amarillos de los backrooms. Se llama SCP Foundation y lleva casi dos décadas construyendo, de manera colectiva, uno de los archivos de monstruos más ambiciosos que existen en internet.

La enciclopedia del miedo que escriben miles de desconocidos

Si Backrooms demostró que una fotografía y un puñado de mensajes podían convertirse en una película de éxito, SCP Foundation lleva años poniendo a prueba una idea todavía más ambiciosa: qué ocurre cuando una comunidad entera decide construir, desde cero, una mitología compartida.

El proyecto nació en 2008 a partir de un relato publicado también en 4chan. Aquella primera historia describía una extraña estatua que solo permanecía inmóvil mientras alguien la observaba. Bastó ese texto para que otros usuarios empezaran a añadir nuevas criaturas, objetos imposibles, edificios, fenómenos físicos y expedientes clasificados. Con el tiempo abandonaron el foro y levantaron una wiki propia que hoy reúne miles de entradas escritas por colaboradores de todo el mundo.

La premisa es sencilla y extraordinariamente eficaz. SCP Foundation se presenta como una organización secreta encargada de localizar, estudiar y contener anomalías capaces de alterar las leyes conocidas de la realidad. Cada criatura recibe un número, un protocolo de seguridad y un informe redactado con el lenguaje burocrático de un expediente científico. El lector nunca entra en un universo fantástico; tiene la impresión de haber accedido por accidente a documentación confidencial.

SCP Foundation es una web de ficción colaborativa
SCP Foundation es una web de ficción colaborativa

Ese formato explica buena parte de su éxito. Las historias no dependen de un protagonista fijo ni de una cronología estricta. Cada documento funciona como una pieza autónoma, pero todos pertenecen al mismo universo. Cualquier autor puede incorporar un nuevo SCP siempre que respete las reglas internas de la comunidad y supere el proceso de revisión colectiva. El resultado recuerda más a una enciclopedia infinita que a una saga tradicional.

Durante años, Hollywood observó ese fenómeno con curiosidad, aunque sin encontrar la manera de trasladarlo a la pantalla. El problema era evidente: no existía una novela que adaptar ni un único autor con quien negociar los derechos. La propia naturaleza colaborativa de SCP Foundation desafiaba el funcionamiento habitual de la industria.

Esa situación ha empezado a cambiar. Esta misma semana, Variety adelantó que la franquicia V/H/S prepara una película ambientada en el universo SCP, uno de los primeros grandes intentos de convertir esa mitología colectiva en una producción cinematográfica de gran alcance. La elección tampoco parece casual. La serie V/H/S siempre ha trabajado con relatos fragmentarios, falsas grabaciones encontradas y formatos experimentales, un lenguaje muy próximo al que caracteriza a buena parte del terror nacido en internet.

SCP Foundation no es el único universo que ha despertado el interés de los estudios. El éxito de Backrooms ha acelerado la búsqueda de nuevas propiedades intelectuales nacidas fuera de los circuitos tradicionales. Los ejecutivos ya no rastrean únicamente las listas de libros más vendidos; también siguen la evolución de comunidades digitales capaces de mantener viva una historia durante años.

Uno de los proyectos más llamativos es I Pretended to Be a Missing Girl, un relato publicado en Reddit por el usuario Joe Cote. La historia comienza cuando una joven decide hacerse pasar por una niña desaparecida para conseguir refugio en una familia desesperada. La situación, que parece el punto de partida de un thriller psicológico, adquiere pronto una dimensión mucho más inquietante. Warner Bros. adquirió los derechos y el proyecto contará con un guion de Eric Roth, responsable de Forrest Gump, Munich o Dune, mientras Sydney Sweeney ejercerá como protagonista y productora.

Sydney Sweeney, Amanda Seyfried y Paul Feig participarán en el proyecto 'I pretended to be a missing girl'
Sydney Sweeney, Amanda Seyfried y Paul Feig participarán en el proyecto ‘I pretended to be a missing girl’

Reddit ya había vivido un episodio parecido mucho antes. En 2011, el hilo Rome Sweet Rome se convirtió en uno de los mayores fenómenos de la plataforma. James Erwin imaginó qué ocurriría si una unidad del ejército estadounidense apareciera de repente en plena Roma imperial. Miles de usuarios comenzaron a ampliar aquella premisa, discutiendo estrategias militares, consecuencias políticas y detalles históricos con un grado de precisión sorprendente.

Warner Bros. compró rápidamente los derechos. La operación, sin embargo, provocó un conflicto inesperado. Los abogados del estudio aconsejaron detener cualquier nueva aportación de la comunidad para evitar problemas legales relacionados con la propiedad intelectual. Lo que había nacido como una creación colectiva quedó congelado en el mismo instante en que pasó a formar parte de la maquinaria de Hollywood. Muchos usuarios interpretaron aquel episodio como la prueba de que la lógica abierta de internet chocaba frontalmente con un modelo industrial construido alrededor de la exclusividad y los derechos de explotación.

Aquella tensión sigue presente hoy. Cada vez que un estudio anuncia la adaptación de una historia nacida en una comunidad digital reaparece la misma pregunta: ¿quién es realmente el autor cuando cientos o miles de personas han contribuido a construir un mismo universo?

La cuestión afecta especialmente al terror, porque es precisamente ahí donde internet ha demostrado una capacidad creativa difícil de encontrar en otros géneros. Durante los últimos quince años han aparecido criaturas, leyendas y formatos narrativos que ya forman parte de la cultura popular contemporánea sin haber pasado antes por la literatura o el cine. Slender Man es probablemente el ejemplo más conocido, aunque no el único. Jeff the Killer, Marble Hornets, Local 58, Gemini Home Entertainment o The Mandela Catalogue han ido ampliando un imaginario compartido que mezcla vídeos domésticos, emisiones televisivas, cámaras de vigilancia y estética analógica para construir un tipo de miedo profundamente ligado a la experiencia digital.

Dentro de esa misma corriente han surgido fenómenos como Pools, un proyecto cinematográfico inspirado en otra de las grandes obsesiones visuales de internet: las piscinas vacías, los parques acuáticos abandonados y los complejos recreativos silenciosos que forman parte del universo de los llamados espacios liminales. Si los backrooms transformaban oficinas y pasillos en escenarios inquietantes, Pools desplaza esa sensación hacia instalaciones acuáticas desiertas donde el silencio resulta tan perturbador como cualquier monstruo. El proyecto sigue en desarrollo y confirma hasta qué punto Hollywood ha comprendido que esos imaginarios ya llegan acompañados de una comunidad de espectadores que los conoce mucho antes de que exista una película.

Cuando el miedo cambia de escenario

Existe otro rasgo que une a buena parte de estos fenómenos y ayuda a entender por qué el terror domina esta nueva generación de historias nacidas en internet. Durante siglos, el género recurrió a castillos en ruinas, cementerios, mansiones encantadas o bosques oscuros. Los monstruos digitales habitan espacios muy distintos. Aparecen en pasillos de oficinas, hoteles impersonales, centros comerciales vacíos, piscinas municipales, cintas VHS, emisiones locales de televisión o vídeos de YouTube con apariencia de material encontrado. Es el paisaje cotidiano el que deja de comportarse como debería.

Valentina Tanni, una de las investigadoras que mejor ha estudiado la cultura visual de internet, sostiene en Estéticas liminales que la red no solo distribuye imágenes: también produce nuevos imaginarios. Muchos de ellos nacen de la experiencia compartida por millones de personas que han crecido entre pantallas, videojuegos, cámaras de seguridad y espacios de tránsito que todos reconocen, aunque apenas les presten atención en su vida diaria. De ahí que los backrooms o las piscinas infinitas de Pools resulten tan inquietantes. No representan lugares fantásticos; son escenarios perfectamente reconocibles que parecen haber perdido la presencia humana y, con ella, las reglas que los hacían comprensibles.

Hollywood llevaba años intentando construir nuevos monstruos capaces de competir con los grandes iconos del siglo XX. Internet lo ha hecho por su cuenta. Slender Man apareció por primera vez en un concurso de retoque fotográfico celebrado en un foro. SCP Foundation ha reunido miles de anomalías imaginadas por colaboradores anónimos. Los backrooms nacieron de una fotografía subida a 4chan. Ninguno de esos universos surgió de una novela de éxito ni de un estudio de cine. Todos fueron creciendo gracias a comunidades que escribían, corregían, discutían y ampliaban las historias durante años.

'Estéticas liminales', de Valentina Tanni
‘Estéticas liminales’, de Valentina Tanni

Ese proceso también ha cambiado la forma en que los estudios evalúan una posible adaptación. Durante mucho tiempo, comprar una novela significaba adquirir un argumento y unos personajes. Ahora una propiedad intelectual puede llegar acompañada de miles de páginas de documentación, mapas, ilustraciones, vídeos, teorías y un público que conoce ese universo mejor que quienes terminarán llevándolo a la pantalla.

Las plataformas han aprendido igualmente a observar esos espacios como un laboratorio de tendencias. Jim Squires definía Reddit en The Hollywood Reporter como “el grupo de discusión más poderoso que jamás haya existido”, una herramienta que permite descubrir ideas, comprobar cómo reaccionan las comunidades y detectar qué relatos consiguen mantenerse vivos sin necesidad de campañas de marketing.

La lógica no se limita al terror. Wattpad demostró hace tiempo que la literatura escrita por aficionados también podía alimentar la industria audiovisual. Títulos como After, El stand de los besos, Maravilloso desastre, A través de mi ventana o Culpa mía comenzaron su recorrido como novelas publicadas en internet antes de convertirse en franquicias internacionales. La diferencia es que el terror parece haberse adaptado con mayor naturalidad a las dinámicas colaborativas de la red. Las historias de miedo siempre han circulado de boca en boca, cambiando ligeramente con cada narrador. Internet ha multiplicado ese mecanismo hasta convertirlo en un proceso colectivo y permanente.

No todo el mundo contempla esta tendencia con entusiasmo. Cada nueva adaptación reabre el debate sobre la autoría y la apropiación cultural. ¿Quién debería recibir el reconocimiento cuando una historia ha sido enriquecida por cientos de personas? ¿Cómo se protege una creación concebida precisamente para crecer de forma abierta? El caso de Rome Sweet Rome ya mostró las tensiones que aparecen cuando un estudio intenta convertir en propiedad exclusiva un relato que nació gracias a la participación de toda una comunidad.

‘A través de mi ventana’, la adaptación a la pantalla del fenómeno literario de Ariana Godoy en Netflix
‘A través de mi ventana’, la adaptación a la pantalla del fenómeno literario de Ariana Godoy en Netflix

La industria tampoco puede permitirse ignorar ese conflicto. Buena parte del atractivo de estos universos reside precisamente en la libertad con la que evolucionan. Convertirlos en franquicias excesivamente controladas podría terminar desactivando aquello que los hizo especiales. Aun así, la dirección parece clara. Hollywood ha encontrado en internet un territorio donde las historias llegan probadas por millones de lectores, espectadores o jugadores antes incluso de que exista un contrato. Es un sistema de selección que ningún departamento de desarrollo podría reproducir por sí solo. Las comunidades digitales funcionan como un gigantesco laboratorio donde sobreviven las ideas capaces de despertar conversación, generar nuevas versiones y construir una mitología compartida.

Durante décadas, los estudios buscaron sus próximas franquicias en las estanterías de las librerías. Hoy exploran wikis, foros, canales de YouTube y plataformas de escritura amateur con la misma atención. La fotografía amarilla que dio origen a Backrooms o los informes burocráticos de SCP Foundation quizá parezcan fenómenos aislados. En realidad forman parte de un cambio mucho más profundo. Las leyendas del siglo XXI ya no nacen alrededor de una hoguera ni en el despacho de un novelista. Se escriben, se corrigen y se expanden al mismo tiempo en miles de pantallas conectadas entre sí. Y Hollywood ha comprendido que, si quiere encontrar los monstruos del futuro, tendrá que buscarlos allí donde internet lleva años inventándolos.

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