La ovación fue larga, sostenida, emocional. Cuando Susan Sarandon subió al escenario para recoger el Goya Internacional 2026, la Academia celebraba cinco décadas de una carrera que atraviesa la historia reciente del cine estadounidense. La actriz, sin embargo, decidió que su discurso no sería un ejercicio de nostalgia cinematográfica. Fue, sobre todo, una intervención política y moral en un momento de extrema polarización global.
Vestida con un traje largo azul marino y con una chapa de “Free Palestine” prendida en la solapa, SUsan Sarandon agradeció el reconocimiento a una trayectoria que incluye títulos como The Rocky Horror Picture Show, Las brujas de Eastwick, Thelma & Louise, Mujercitas o Pena de muerte —película por la que ganó el Oscar—. Pero el centro de su intervención estuvo lejos del recuento de premios. La actriz miró al presente.
“Estos días en los que el mundo está tan dominado por la violencia, por la crueldad, yo miro a mi alrededor y veo a vuestro presidente y a muchos artistas de este país y me ayuda, donde yo estoy, en medio del caos de la represión, esto me ayuda a sentirme menos sola”, afirmó visiblemente emocionada. La frase, pronunciada ante un auditorio en silencio, conectó de inmediato con el clima reivindicativo que ha marcado esta 40ª edición de los Goya.

Susan Sarandon no ha improvisado. En la rueda de prensa previa ya había elogiado la postura del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, al que situó “en el lado correcto de la historia” por su posicionamiento ante la guerra en Gaza. También denunció que su activismo le había costado el contrato con su agencia de representación en Hollywood. “Es un mito que Hollywood sea de izquierdas”, sostuvo entonces. “El silencio es muy peligroso, deberíamos poder decir lo que pensamos sin que nos amenacen con no volver a trabajar jamás”.
Su discurso en la gala profundizó en esa idea. Citando al historiador estadounidense Howard Zinn, recordó que “tener esperanza en tiempos difíciles no es solo una actitud romántica, se sostiene en una verdad histórica”. La esperanza, dijo, no es ingenuidad, sino memoria: la historia humana no está hecha únicamente de crueldad, también de compasión, valentía y sacrificio.
En mitad de guerras abiertas, retrocesos democráticos y la reelección de Donald Trump en Estados Unidos, Susan Sarandon reivindicó la necesidad de actuar. “El futuro es una sucesión infinita de presentes. Vivir hoy en este presente desafiando todo lo malo que nos rodea es, per se, una maravillosa victoria”, concluyó.
La actriz también dedicó palabras de afecto a Barcelona, ciudad anfitriona de la gala. Elogió la arquitectura, los museos y la gastronomía, y agradeció la acogida recibida durante los días previos. Desde la alfombra roja hasta su encuentro con periodistas y autoridades, su estancia en España estuvo marcada por declaraciones en defensa de Palestina y por su crítica abierta a la política estadounidense.
Un discurso activista
La entrega del Goya Internacional a Susan Sarandon no solo reconoce una filmografía extensa y diversa, sino también una figura que ha hecho del compromiso público una parte inseparable de su identidad artística. Desde su participación en protestas contra la guerra de Irak hasta su defensa actual de Gaza, la actriz ha asumido las consecuencias profesionales de su posicionamiento.
En el auditorio, mientras su dobladora en España, María Luisa Solá, contenía las lágrimas, la escena adquiría un tono simbólico. La industria del cine español celebraba a una intérprete que, lejos de separar arte y política, ha hecho de esa tensión su lugar natural.
La gala de los Goya 2026, que conmemora cuatro décadas de premios de la Academia, quedará marcada por esa intervención: una toma de posición en una noche dedicada al cine, pero inevitablemente atravesada por el mundo que lo rodea.
