Miguel Ángel Revilla volvió a ser uno de los grandes protagonistas de la televisión tras su ya habitual visita a El hormiguero. El expresidente de Cantabria celebró su 83 cumpleaños en el programa de Antena 3 y aprovechó la conversación con Pablo Motos para hablar con total franqueza sobre su estado de salud, el paso del tiempo y las reflexiones que llegan con la edad.
Acompañado por su esposa, Aurora Díaz, presente entre el público, Revilla compartió recuerdos personales, opiniones políticas y pensamientos íntimos que conectaron con la audiencia. Sin embargo, fue su reciente experiencia médica la que centró buena parte de la entrevista.
Un susto tras unos análisis rutinarios
El político cántabro relató que hace apenas dos semanas vivió un episodio de preocupación tras someterse a unos análisis médicos habituales. Poco después, su doctor se puso en contacto con él para informarle de que dos proteínas aparecían alteradas, algo que nunca le había ocurrido hasta ahora.
Ante estos resultados, los especialistas decidieron derivarlo al servicio de hematología, donde fue sometido a diversas pruebas para descartar problemas mayores. Por el momento, los médicos no han detectado ninguna patología grave, aunque Revilla reconoció que situaciones así se viven con mayor inquietud cuando se alcanza cierta edad.
“Cada día te despiertas con algún dolor”
Durante la entrevista, Revilla habló con naturalidad sobre las limitaciones físicas propias de los 80 años. “A esta edad, todos los días te levantas y algo te duele”, comentó con una mezcla de resignación y humor, dejando claro que convive con pequeñas dolencias que forman parte de su rutina diaria.
No obstante, también subrayó que el malestar no es solo corporal. Según explicó, hay un cansancio emocional provocado por la situación política y social a nivel internacional. Para el cántabro, la preocupación por lo que ocurre en el mundo termina afectando al ánimo y, en consecuencia, a la salud.
Reflexiones sobre la muerte y la dignidad
Uno de los momentos más profundos de la conversación llegó cuando Pablo Motos le preguntó directamente si piensa en la muerte. Revilla no eludió la cuestión y respondió con serenidad que es algo inevitable cuando se alcanza una determinada etapa de la vida.
En este contexto, expresó claramente su postura a favor de la eutanasia en casos extremos. Aseguró que su mayor temor no es morir, sino verse obligado a vivir conectado a máquinas o sufrir una enfermedad irreversible que le impida valerse por sí mismo. Para él, la dignidad personal debe estar por encima de cualquier otra consideración.
La importancia de dejar huella
Lejos de un tono derrotista, Revilla quiso transmitir un mensaje de tranquilidad y gratitud. Afirmó que se sentiría en paz al marcharse sabiendo que ha dejado una huella positiva, tanto en el ámbito público como en su vida privada.
“Para mí era importante dejar algo antes de irme”, reconoció emocionado, explicando que su mayor deseo es que su familia pueda recordarlo como una persona honesta y comprometida. Más allá de cargos políticos o reconocimiento mediático, defendió que lo esencial es el legado humano.
El orgullo de la familia como mayor legado
El expresidente cántabro confesó que nada le haría sentirse más satisfecho que saber que sus hijos y su nieto se sienten orgullosos de él. Para Revilla, haber intentado ayudar a los demás y actuar con coherencia a lo largo de su vida es la verdadera medida del éxito.
Con su intervención en El hormiguero, Miguel Ángel Revilla volvió a demostrar que, a sus 83 años, mantiene intacta su capacidad para reflexionar en voz alta sobre la salud, la vida y el final del camino, conectando con una audiencia que valora su sinceridad sin adornos.


