Quien nos hubiera dicho que la guerra en Irán podía favorecer los intereses de los secesionistas catalanes hubiera sido tildado de iluso hace escasas semanas. Pero resulta que hace unos días el entorno más radical de Puigdemont se ha decantado por realizar, a través de sus “embajadores” en Estados Unidos, un acercamiento a Trump con la idea de que, ya que Sánchez le está fastidiando con su “No a la guerra”, convencerle de que su venganza (la de Trump) pasa por favorecer la independencia de Cataluña.
Menuda pirueta en el aire…. Se trata de que la ruptura interna española entre Sánchez y Junts, que ya se ha cobrado varias víctimas legislativas en el Congreso de los Diputados, suba unos cuantos escalones más y propicie que los cielos trumpistas caigan sobre el sanchismo.

Se trataría de convencer a Trump de que el grano que le ha salido en España podría ser reventado por Cataluña. Para ello sería necesario convencerle también de que ello estaría bien visto por los catalanes y por toda esa caterva de españoles que han centrado su acción política en el desmembramiento del sistema constitucional. Supongo que a ello se aplican los dos especímenes que Puigdemont tiene destacados, aunque sea a tiempo parcial, en territorio americano. Por una parte, el economista de las chaquetas de colores Sala i Martín, que tanto nos alegró la vista durante los días álgidos del procés haciéndose un gran lío con las controvertidas balanzas fiscales. Por otra parte, el profesor de Derecho Constitucional (sic.) que sentenciaba a diestro y siniestro en esos días que “toda transformación constitucional pide muertes” y que advertía que “Cuando seamos independientes me acordaré de los jueces, fiscales y funcionarios varios que ahora contribuyen a extorsionar Cataluña”.
Quizás convenzan a Trump… desde luego a quien no van a convencer es a esa ciudadanía que no sucumbe al relato dual con el que pretenden atenazarnos. Una parte del relato deriva de la pretendida bondad de un pacto de investidura en el que los de Puigdemont han sido esenciales para mantener el apoyo parlamentario al Gobierno hasta hace escasos meses; pacto que ahora rechazan los puigdemones porque se han dado de bruces con los intereses cruzados que tiene Pedro Sánchez con otros de los socios de investidura y coalición; por consiguiente, van a tener que hacerle frente de alguna otra manera, porque el relato anterior ya no les sirve. Veremos si le sirve a Trump.
No le sirvió cuando Puigdemont invitó a los congresistas Dana Rohrabacher y Brian Higgins (un republicano y un demócrata) para que dieran apoyo explícito a la independencia de Cataluña. No lo hicieron (yo me entrevisté con ellos y aprecié que no simpatizaban con la deriva anticonstitucional de sus anfitriones; por algo eran americanos….). Hoy en día ejercen como consultores y gestores en el sector privado y no creo que puedan volver a ser “utilizados”. Quizás sean más proclives a ello los representantes que tiene la Generalitat en las “embajadas” destacadas en USA, aunque no me parece que el Conseller de Exteriores y Unión Europea pudiera simpatizar con tal idea. Donde sí pueden encontrar ciertos apoyos, es en sectores “intelectuales” que han contado en el pasado con el apoyo de seguidores secesionistas; me refiero, por ejemplo, a destacados participantes vinculados al procés en actividades del Real Colegio Español Complutense en Harward, o colaborando con cátedras repartidas por la geografía americana (en Georgetown, Nueva York, Chicago, Stanford, Columbia, John Hopkins, Princenton o Yale, por ejemplo) que facilitaron la presencia del Diplocat o de Independent Diplomat en la vida cultural del país. Aunque no está claro que en estos días el apoyo a la independencia de Cataluña mantenga estas conexiones. Además, hoy en día la acción exterior de la Generalitat prefiere desplegar su influencia en las organizaciones internacionales.
La otra parte del relato tiene que ver con la respuesta que pueda darse a una manipulación muy bien estudiada y que da ciertos resultados. Uno de los conceptos básicos al respecto, que no es de recibo, pero que tiene una gran acogida incluso en ciertos sectores del constitucionalismo, es el de asegurar que estamos ante «un conflicto entre catalanes». Y por ello, se lavan las manos cual Pilatos en Cuaresma, pues así se evitan quedar mal en ciertos círculos. Pues miren ustedes. No tenemos ningún conflicto entre catalanes. Estamos ante un conflicto entre la ciudadanía constitucional (de Cataluña y del resto de España) y el supremacismo totalitario del secesionismo de parte de los dirigentes políticos catalanes, que consiguen, mediante las peores (o mejores) tácticas manipulativas hacer creer, a los suyos y a parte del resto, que existe un problema entre España y Cataluña. Un poco enrevesado lo veo para que pueda ser apreciado por el entorno de Trump.
Pero, sobre todo, lo que me parece propio de impresentables, es el intento de aprovechar un conflicto tan sangriento como el presente, que todavía no sabemos qué deriva puede adoptar puesto que no parece haber nadie al timón que esté a la altura de las circunstancias, para lograr mediante el chantaje y la extorsión político-económica, lo que no pueden conseguir mediante las urnas y el diálogo democrático que responda a las necesidades de la mayoría. Aunque tampoco puede extrañar lo que aquí acontece, especialmente en el entorno del sanchismo y del secesionismo puesto que sus lazos, visibles y ocultos, están presentes en todo momento.
Recordemos, al respecto, a los actores principales, entre los que están los puigdemones, pero no sólo ellos, puesto que la ensoñación alcanza también a otros partidos catalanes y no catalanes, nada respetuosos de la legalidad (ni nacional ni internacional) que, con tal de poder exprimir un poquito más las ubres gubernamentales españolas, son capaces de cualquier cosa. Recordemos, también que algunos de esos actores están procesados o, incluso, en prisión (la foto de Waterloo con el cuadro de las urnas en la cabecera del sofá es paradigmática al respecto, por quienes se sentaban bajo su manto protector, negociando el destripamiento del sistema autonómico). Y ahora… ¿qué queda de todo ello?
Parece que lo que pretenden es aprovechar el río revuelto, sin ver que los peces están contaminados. Quien se los coma, puede que acabe en el hospital… Pero mejor liémoslo bien… que así nos evitamos hablar de las listas de espera, de la subida de la cesta de la compra, de la situación procesal de altos cargos venidos a menos o de pensar en cómo abordamos los servicios públicos a falta de presupuestos que los financien. Vamos a necesitar interventores milagreros para poder autorizar o justificar lo que no tiene base habilitante para el gasto. Podrían preguntarle a Trump cómo hacerlo. Ah, no!! Que en Estados Unidos cuando no hay presupuesto hay “cierre administrativo” y los funcionarios y administradores públicos se van a casa hasta que se aprueben las cuentas públicas. Sería incluso entretenido que nos aconsejara que hiciéramos lo mismo. La mayoría de puigdemones y asimilados, de cualquier administración, desaparecían como por arte de ensalmo. Lo cual podría ser un respiro para buena parte de la ciudadanía.
