Los últimos acontecimientos en el ámbito internacional me han hecho recordar las temporadas de la serie de ‘La Diplomática’. Muchas veces me pregunto cuánto de real tiene la diplomacia tal y como lo muestra en esta serie de Netflix y cuánto es mera ficción. Pero, sea fiel a la realidad o no, ahora mismo es un momento ideal para verla y analizarla.
Kate Wyler (Keri Russell) una diplomática estadounidense nombrada embajadora en el Reino Unido, debe equilibrar su carrera en medio de crisis internacionales con un matrimonio junto a Hal Wyler (Rufus Sewell), también vinculado al mundo político.

En esta serie la comunicación es muy importante y te da un mensaje: en las relaciones internacionales no vale solo con ser una persona con amplios conocimiento. La actitud, el aspecto y la simpatía pueden ser el ingrediente clave para que las relaciones entre dos o más países puedan seguir su curso. Esta serie muestra las numerosas historias que pueden surgir en una embajada, en este caso, la embajada de Estados Unidos en Reino Unido y la implicación de la CIA en todas ellas.
La protagonista es la embajadora, una mujer experimentada en Oriente Próximo que ha vivido en numerosos países en conflicto. Kate es una pieza perfecta en su puesto porque es inteligente y una gran estratega, también cae simpática al primer ministro de Reino Unido, al tiempo que se hace respetar en el Gobierno de su país y dentro de la propia embajada.

Inteligente, pero no femenina, ¿eso es un problema?
A pesar de todas las virtudes que he enumerado, me ha encantado que quien dirige la historia no es una mujer con un aspecto que podría calificarse como “femenino”, según los estándares tradicionales. No le gusta ir con un peinado de peluquería y, ni mucho menos, ir vestida de gala para eventos de etiqueta.
De hecho, a lo largo de los episodios el espectador puede comprender su agotamiento ante tanto protocolo y maquillaje sin saber elegir qué ropa podría favorecerle. Una vez vestida de forma impecable, ella debe coger cientos de llamadas, moverse por los eternos pasillos de los edificios institucionales y correr para acudir a reuniones extraordinarias en cualquier momento del día.
De primeras puede asustar, pero yo me sentí muy motivada y estimulada gracias a la gran actuación de Keri Russell, interpretando de forma muy carismática a una mujer inteligente que debe desenvolverse y adaptarse en otro país mientras se enfrenta en los entresijos de la diplomacia entre dos grandes países (y siendo representante del tiburón llamado Estados Unidos).

Con Kate he aprendido lo importante que es ser rápida e improvisar en situaciones límite, a hacerse respetar en un mundo de política agónica llena de tensión, deslealtades. A la vez, ser una persona capaz de generar vínculos con todo tipo de perfiles de este ámbito profesional y mantener siempre la compostura.
También me ha encantado cómo se muestra lo negativo de esa forma de vida: la extenuación física y mental y la incapacidad de soportar los problemas diarios. Sobre todo, lo importante que es guardar los valores de una misma en un mundo donde, a veces, no hay errores ni aciertos, sino decisiones arriesgadas.
Relaciones basadas en la desconfianza
Más allá de toda la vorágine política, a esta historia no le falta romance o relaciones sentimentales entre los personajes, a veces de forma un poco forzada. En todas las temporadas -la serie no ha finalizado aún- hay varias parejas que muestran los desequilibrios de poder en las relaciones. El amor, sin embargo, es una cuestión secundaria, subordinada al trabajo y rara vez es la prioridad de quienes lo viven, o al menos no de todos los implicados. La información confidencial hace que muchas conversaciones queden limitadas por lo que se puede decir y lo que debe permanecer en secreto; Kate Wyler y su marido son el ejemplo perfecto de ello.

Tal vez sea también una muestra de la obsesión por lo laboral o por la ambición, donde no hay espacio para la familia, los hijos o los amigos, sino solo para los objetivos por cumplir. La mayoría de los diálogos se interrumpen por una llamada o un mensaje urgente. Los encuentros quedan relegados al final del día o a algún hueco en las apretadas agendas de los personajes, lo que provoca que cualquier conversación sentimental quede entrecortada. No sé si ese es el objetivo de la serie, pero deja una sensación algo agria sobre la vida política.
¿Estados Unidos es la culpable de todo?
Una de las cuestiones que me llamaron la atención es cómo se puede ver claramente la animadversión de los ingleses hacia Estados Unidos, algo que le reprochan directamente a la protagonista. Kate debe siempre encabezar la defensa hacia su país como embajadora, aunque en alguna ocasión ni siquiera sepa como justificar las acciones estadounidenses.
Rusia, Irán y Arabia Saudí son países nombrados cuando se está intentando resolver un ataque a Reino Unido. La posición del presidente de Estados Unidos o el primer ministro de Reino Unido coloca en el ajedrez a los posibles y nuestra protagonista debe equilibrarlos y ver qué ha podido suceder y quienes podrían ser los culpables. ¿Os suena esta situación?

En un momento de tanta tensión internacional, me sorprende comprobar cómo la ficción ha ido adelantando cuestiones que ahora mismo estamos viviendo y que, quizá, anticipen lo que podría suceder en el futuro.
