Acusaciones de abuso sexual

Las canciones más machistas de Julio Iglesias

Sus letras se revisan por sus patrones machistas al mismo tiempo que estallan graves acusaciones contra el cantante

Julio Iglesias. Fotografía: EFE

Julio Iglesias ha sido durante décadas uno de los grandes símbolos del romanticismo musical en español. Sus canciones han acompañado a varias generaciones y han construido la imagen de un seductor elegante, triunfador y eterno. Sin embargo, una revisión de su obra desde una mirada actual revela que muchas de sus letras reproducen esquemas machistas profundamente arraigados en la cultura popular del siglo XX. Y ahora, además, esa revisión coincide con un momento especialmente delicado para su figura pública, tras la publicación de graves acusaciones de abuso sexual que han provocado un impacto internacional.

Revisar hoy estas canciones no implica juzgar el pasado con superioridad moral ni aplicar lecturas simplistas. Significa entender que el éxito masivo de ciertos relatos contribuyó a naturalizar desigualdades que apenas se cuestionaban. La música popular no solo refleja una época, también fabrica imaginarios. Por eso, volver sobre estos clásicos con una mirada crítica permite decidir qué queremos seguir celebrando sin matices y qué conviene escuchar, precisamente, con conciencia.

Uno de los ejemplos más citados es Lo mejor de tu vida, uno de sus mayores éxitos. La canción relata un encuentro sexual entre un hombre maduro y una mujer joven presentada como debutante, casi infantilizada, a través de imágenes que subrayan su inexperiencia y pureza. El narrador masculino se coloca en una posición de superioridad emocional y vital, sugiriendo que él representa un antes y un después definitivo en la vida de ella. Lejos de un amor igualitario, la letra transmite la idea de conquista y marca, un relato que hoy resulta problemático por la desigualdad de poder que normaliza.

Julio Iglesias. Fotografía: EFE

En Fuiste mía, el machismo aparece de forma todavía más explícita. El propio título remite a la posesión y la letra insiste en que las primeras experiencias emocionales y sexuales de la mujer pertenecen al narrador. La mujer no tiene voz ni deseo propio; es recordada como algo que fue tomado, vivido y consumido. Este enfoque del amor como propiedad fue habitual durante años en la música romántica, pero actualmente se identifica como una forma clara de cosificación.

Pero no son casos aislados. Otro título es De niña a mujer, donde la transición a la adultez femenina se narra desde una mirada masculina que observa, tutela y legitima ese paso. La mujer aparece definida por su edad y su “despertar”, mientras el hombre ocupa el lugar de guía, protector o narrador autorizado. Leída hoy, la canción refuerza una feminidad dependiente y vigilada: ella “llega a ser” bajo la mirada de otro, no desde su autonomía.

Y en un registro distinto, Soy un truhán, soy un señor funciona como ejemplo de cómo la cultura pop normalizó durante décadas un doble rasero afectivo; el de la irresponsabilidad sentimental del hombre se presenta como carisma; su inconstancia, como atractivo; su manera de relacionarse, como parte del “personaje”. El resultado es un relato donde la libertad masculina se romantiza mientras las mujeres quedan reducidas a figuras intercambiables dentro de la aventura del protagonista.

Para muchos críticos, Julio Iglesias acumula varias composiciones que podrían integrar un ‘top 10′ histórico de canciones machistas, donde el hombre decide, domina y abandona, mientras la mujer aparece como joven, inocente, sufriente o dependiente. El hecho de que estas letras no generaran polémica en su momento dice tanto de la época como del artista.

El debate sobre su obra se ha intensificado tras la publicación, precisamente este martes 13 de enero, de una investigación que recoge la primera reacción del entorno de Julio Iglesias ante acusaciones de abuso sexual. Según los testimonios publicados, dos ex trabajadoras lo acusan de agresiones sexuales, acoso y abuso de poder durante su trabajo en residencias privadas del cantante. Los hechos relatados incluyen tocamientos no consentidos, besos forzados y un clima de control y humillación continuada.

El cantante Julio Iglesias, en una imagen de 1987. Fotografía: EFE

La respuesta atribuida al entorno del artista ha causado especial controversia, al calificar las acusaciones como “una especie de muerte internacional”, una expresión que ha sido interpretada como un intento de centrar el foco en el daño reputacional sufrido por Iglesias, más que en la gravedad de los hechos denunciados. El caso ha polarizado a la opinión pública entre quienes apelan a la presunción de inocencia y quienes subrayan la importancia de escuchar y proteger a las denunciantes.

En este contexto, la revisión de las canciones de Julio Iglesias adquiere un nuevo significado. Letras que durante años se interpretaron como simples relatos románticos ahora se leen como reflejo de una cultura que normalizó la desigualdad, la posesión y el silenciamiento de la mujer.

Más allá de lo que determinen los tribunales, el legado de Julio Iglesias ya no se analiza únicamente desde el éxito comercial o la nostalgia. Hoy, su figura se encuentra en el centro de una conversación más amplia sobre cómo la música ha contribuido a construir imaginarios machistas y sobre si es posible seguir escuchando esos clásicos sin cuestionarlos. Tal vez la clave no esté en dejar de hacerlo, sino en hacerlo con una mirada crítica, consciente y acorde a los tiempos que vivimos.

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