La crítica ★★★☆☆

Lo mejor de ‘Nouvelle Vague’ es que existe

Un homenaje cinéfilo tan minucioso como reverente que celebra el estallido creativo de Godard y la Nueva Ola francesa, aunque termina atrapado por la nostalgia y por una admiración

La película 'Nouvelle Vague', de Richard Linklater
La película 'Nouvelle Vague', de Richard Linklater
Montaje: kiloycuarto

La mera existencia de Nouvelle Vague es, de por sí, digna de elogio. En un presente dominado por los reboots y las secuelas, el cine de terror formulario y los contenidos diseñados específicamente para satisfacer las necesidades particulares de las plataformas de streaming, ¿cómo no celebrar el estreno de una película sobre el proceso de producción de la ópera prima de Jean-Luc Godard, una de las obras cinematográficas más importantes de la historia? Al final de la escapada (1960), recordémoslo, no fue exactamente la primera película de la Nouvelle Vague o Nueva Ola francesa pero sí la que hizo irrumpir aquel movimiento revolucionario en la conciencia cultural colectiva.

'Al final de la escapada', la película de Godard que dio inicio a la Nouvelle Vague
‘Al final de la escapada’, la película de Godard que dio inicio a la Nouvelle Vague

La nueva ficción está, por supuesto, dirigida únicamente al público cinéfilo. Espera que el espectador se divierta cuando aparecen en pantalla autores como François Truffaut y Claude Chabrol, o durante esa escena en la que Roberto Rossellini aparece arramblando con unos bocadillos en las oficinas de Cahiers du Cinéma, la revista que fue testigo del auge de la Nueva Ola y en la que empezaron escribiendo quienes posteriormente se convirtieron en sus cineastas más representativos, empezando por el propio Godard. Quienes no estén familiarizados con Al final de la escapada, por su parte, no entenderán –ni tendrán interés en entender– por qué fue tan importante que el director de fotografía Raoul Coutard utilizara una cámara más pequeña de lo habitual para rodarla, o que Godard revolucionara la técnica del montaje con ella. Durante buena parte de su metraje, esa cinefilia se basta para sostener Nouvelle Vague.

Especialmente en su primera mitad, la película funciona literalmente como un “quién es quién” del cine francés de finales de los años cincuenta, en cuanto que presenta sucesivamente a quienes lo integraban –Éric Rohmer, Jacques Rivette, Jacques Demy, Agnès Varda, Jacques Rozier y Alain Resnais, además de los ya mencionados y de muchos otros– ofreciéndoles a cada uno un plano medio frontal acompañado de su nombre impreso en pantalla. Y mientras va acumulando muchas otras referencias que, a decir verdad, pronto se vuelven cansinas y la hacen parecerse a una de esas entregas del Universo Cinematográfico de Marvel que recompensan al espectador por poseer los conocimientos previos necesarios.

Guillaume Marbeck interpreta a Godard y Zoey Deutch a Jean Seberg en 'Nouvelle Vague'
Guillaume Marbeck interpreta a Godard y Zoey Deutch a Jean Seberg en ‘Nouvelle Vague’

Por supuesto, aquí la gran baza es la meticulosa autenticidad con la que el director Richard Linklater recrea el mundo del joven Godard. Nouvelle Vague ha sido rodada en blanco y negro, en francés y en las mismas localizaciones utilizadas durante el rodaje de Al final de la escapada –aunque, eso sí, no intenta imitar las decisiones formales que hicieron de su objeto de estudio una obra tan radical–; y aunque su réplica resulta deslumbrante, resulta obviamente irónica si consideramos que la película homenajeada fue un ataque frontal contra el pasado y sus tradiciones establecidas, y que el cine de Godard fue siempre una búsqueda de la espontaneidad y la sorpresa.

Mientras tanto, Linklater recurre a apariciones no solo de Rossellini sino también de Robert Bresson y Jean-Pierre Melville en calidad de mentores o ídolos para mostrarnos que la Nouvelle Vague no surgió de la nada. Asimismo, al recordarnos que Al final de la escapada se rodó en 20 días y casi sin presupuesto ni guion, propone una reflexión sobre los riesgos y conflictos en los que los artistas a menudo se ven obligados a incurrir con el fin de crear con libertad, elegir sus métodos e inventar su propio lenguaje.

Dicho esto, parece evidente que el propio Godard habría odiado la película, y no solo a causa de su legendaria acritud. Nouvelle Vague, al fin y al cabo, reduce al cineasta a una caricatura. No solo se hace eco de su conocida costumbre de comunicarse mediante aforismos y frases célebres sino que, directamente, lo convierte en una máquina expendedora de citas. Además, no muestra verdadero interés en las decisiones creativas del maestro suizo, la radical concepción artística que impulsó su cine o la psicología que ocultaban sus icónicas gafas de sol: la intención que sostiene esa decisión parece ser situarnos junto a quienes participaron en aquel rodaje con Godard, todavía inconscientes de que se encontraban en presencia de un genio, pero no ahonda ni en las circunstancias económicas, políticas y culturales que hicieron posible el estallido creativo que la Nueva Ola representó ni en el cine anquilosado y falto de imaginación que la industria francesa de la época y contra el que esos jóvenes autores se rebelaron.

Richard Linklater estrena 'Nouvelle Vague', un homenaje al cine francés de finales de los 50 y la década del 60
Richard Linklater estrena ‘Nouvelle Vague’, un homenaje al cine francés de finales de los 50 y la década del 60

Linklater nunca ha tenido un estilo realmente parecido al de Godard pero, como muchos otros cineastas, ha pasado su carrera explorando algunas de las posibilidades que surgieron del afán del suizo Godard por romper las reglas. De hecho, el de Austin (Texas) asegura deberle toda su carrera al suizo porque, añade, de no haber visto sus películas cuando aún era un veinteañero –Al final de la escapada, desde luego, pero también Vivir su vida, El desprecio, Banda aparte y Pierrot el loco, entre otras– no se habría sentido inspirado para hacer la película que posteriormente lo convirtió en una de las figuras impulsoras del cine independiente estadounidense de los años 90, Slacker, y, por tanto, tampoco habría dirigido títulos como Antes del amanecer (1996) y sus secuelas o Boyhood (2014). Y, por tanto, es una pena que aquí Linklater haya hecho visible su lado más conservador. Nouvelle Vague es una película extremadamente reverente en homenaje al cineasta más irreverente. Constreñida tanto por la admiración desbordada como por la nostalgia, es una obra definida por sus límites, a pesar de que Godard no conocía ninguno.

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