En un momento en el que el mercado de los suplementos alimenticios crece sin freno —y en el que cerca del 80% de la población ha consumido alguno en algún momento—, la doctora Odile Fernández (Granada, 1979) propone una pausa. Médico de familia y una de las voces más reconocibles de la salud integrativa en España, Fernández lleva años defendiendo un enfoque que combina medicina convencional con hábitos de vida sostenibles. En su nuevo libro, *El poder de la suplementación* (Planeta), no ofrece fórmulas milagro, sino criterios: cuándo suplementar, cómo hacerlo y, sobre todo, cuándo no. En esta conversación, desmonta mitos, advierte de los riesgos del consumo sin control y reivindica una idea que atraviesa todo su discurso: antes que cualquier cápsula, está el estilo de vida.
¿A quién va dirigido este libro?
A las personas que me leen, que me escriben y que me preguntan constantemente sobre suplementación. En los últimos años he visto cómo aumentaban esas dudas, pero también la desinformación. Gente que toma varios suplementos sin saber que está duplicando ingredientes, o que consume productos de baja calidad. Había una necesidad clara de poner orden. La suplementación, bien pautada, puede ser muy útil; mal utilizada, puede convertirse en un problema.
Usted insiste en que los suplementos están en la “cúspide de la pirámide” y no en la base. ¿Estamos medicalizando el cansancio y el estrés cotidianos?
Completamente. Lo que está ocurriendo es que queremos evitar los fármacos, pero seguimos buscando una solución rápida, una especie de “pastilla mágica” que nos quite el estrés o el cansancio sin cambiar nada más. Y eso sustituye a lo fundamental: dormir bien, comer mejor, hacer ejercicio. Esas son las bases. Pero como requieren esfuerzo, buscamos atajos.
¿Qué le preocupa más del boom actual de la suplementación?
El marketing, sin duda. Estamos ante una industria que mueve mucho dinero y que vende mensajes simplificados: que un suplemento puede curarlo todo. Y eso no es cierto. Ninguna enfermedad se cura con suplementos. También me preocupa la idea de que, como es “natural”, es inocuo. No lo es. Hay plantas que interfieren con tratamientos médicos. Y otro error muy común: pensar que más cantidad es mejor. No todo vale para todo el mundo ni en cualquier momento.

¿Cree que el sistema sanitario debería formar más a los médicos en nutrición y suplementación?
Sin duda. En la carrera de Medicina, estos temas se abordan muy poco. Luego, quien quiere, se forma por su cuenta, pero no es algo estructural. Y eso genera inseguridad. Muchos profesionales no recomiendan suplementos no porque no puedan ser útiles, sino porque no tienen formación suficiente. La evidencia científica está avanzando más rápido que la propia enseñanza.
¿Cuál es el error más frecuente que cometen sus pacientes?
Creer en mitos muy extendidos. Por ejemplo, el de la vitamina C como solución para evitar resfriados. No funciona así. Puede ayudar en algunos casos, pero no es la clave. En cambio, la vitamina D, que sí tiene un papel importante en el sistema inmunitario, está mucho más descuidada.
Afirma que el magnesio es clave en una sociedad estresada. ¿Por qué?
Porque interviene en más de 300 reacciones bioquímicas del organismo. Es fundamental para la producción de energía, para el sistema nervioso, para la musculatura. El problema es que el estrés crónico —que hoy es muy común— agota las reservas de magnesio. Y cuando bajan, el cuerpo entra en un círculo vicioso: más estrés, menos magnesio, más desequilibrio.

España es un país soleado y, sin embargo, el déficit de vitamina D es masivo. ¿Qué está pasando?
Que vivimos de espaldas al sol. Pasamos el día en interiores y, cuando salimos, lo hacemos con protección total. Además, en invierno la radiación solar no es suficiente para sintetizar vitamina D, especialmente en determinadas latitudes. Hay también un miedo excesivo al sol que no siempre es racional. El problema no es el sol, sino la exposición incorrecta.
¿Dónde está el equilibrio?
En el sentido común. No se trata de exponerse sin control, sino de aprender a escuchar el cuerpo. Si la piel empieza a enrojecer, hay que retirarse. Pero el sol es imprescindible para la salud.
Sobre el omega-3: ¿hay diferencias relevantes entre sus distintas fuentes?
Es un nutriente esencial que no producimos y que necesitamos incorporar. Tiene efectos antiinflamatorios y protege el corazón y el cerebro. Lo ideal es obtenerlo del pescado azul, pero cuando no es posible, los suplementos de krill o de microalgas suelen ser opciones más limpias, con menos riesgo de contaminantes.

La melatonina se ha popularizado mucho. ¿Se está banalizando su uso?
Sí. Se está utilizando como si fuera un caramelo, cuando en realidad es una hormona. Es útil, especialmente a partir de los 40 años, cuando su producción disminuye, pero no puede sustituir a una mala higiene del sueño. Si alguien se acuesta tarde, usa pantallas y duerme mal, la melatonina no va a resolver el problema.
En menopausia, ¿puede la suplementación sustituir a la terapia hormonal?
No, no tiene la misma potencia. Pero puede ser una herramienta complementaria. Hay nutrientes que disminuyen en esta etapa y que pueden ayudar a mejorar el bienestar.
La ashwagandha se ha vuelto viral. ¿Qué riesgos tiene?**
Es una planta interesante y con evidencia científica, pero el problema está en la calidad. No todos los productos son iguales. Si no se utiliza el extracto adecuado, puede no funcionar o incluso provocar efectos adversos. Es fundamental aprender a leer etiquetas.

¿Estamos sobrediagnosticando problemas de microbiota?
Más que sobrediagnosticar, lo que ocurre es que hay un deterioro real ligado al estilo de vida: mala alimentación, estrés, exceso de higiene, abuso de antibióticos. Todo eso afecta al equilibrio intestinal.
¿Qué suplementos no recomendaría nunca sin supervisión médica?
Especialmente extractos de plantas en personas que toman medicación o tienen patologías. Las interacciones pueden ser peligrosas.
Si tuviera que dar tres consejos antes de empezar a suplementarse, ¿cuáles serían?
Seguir una dieta mediterránea, exponerse al sol diariamente con sentido común y dormir entre siete y nueve horas. Si eso falla, ningún suplemento va a compensarlo.
