Una serie. El señor de las moscas. Su sitio indiscutible es el apartado siguiente, el de libros, pero confieso que me ha sorprendido gratamente la factoría de la serie. Pese a que no era la primera adaptación, ni mucho menos, de la obra de William Golding, sí creo que está muy bien resuelta. Desde el casting hasta el punto de visión. A veces en plano subjetivo. Otras, tan abierto, como apreciar la dimensión de esa isla en medio del Atlántico en la que naufragan una veintena de niños, de entre seis y doce años. La serie se divide en el punto de vista de cuatro de ellos: Piggy, Ralph, Jack y Simon. Y aún cuando la firma el creador de Adolescencia, con sello de la BBC, es interesante revisionar El señor de las moscas para confirmar que las redes sociales no convierten a nuestros menores en seres violentos. Basta que determinados perfiles coincidan en un lugar sin escapatoria, como una isla. Lo que ya intentó demostrar por cierto el experimento de Camp Middle Grove, a mediados del XX en Inglaterra, en el que se habría basado el propio Golding para ambientar su novela. La serie, en Movistar.

Un libro. El hijo del oligarca, de Patrick Radden Keefe. No lo terminé aún, pero es un deslumbrante ejercicio periodístico sobre un caso real: la extraña muerte de un joven que no solo destapa sus imposturas sino la posibilidad de que no se quitase la vida.
“Aquella última noche en Riverwalk, veinte minutos antes de tirarse por el balcón, Zac le había mandado un último correo a su madre: ‘Todo bien’”.
En Seix Barral.
Thriller histórico. Doy por hecho que este no es el plan más asequible para una escapada repentina. Viena no queda a la vuelta de la esquina, pero su museo Kunsthistorisches acoge una exposición con la suficiente esencia criminal como para tener aquí cabida. Su protagonista, Arsínoe IV, hermana menor y rival política de la célebre Cleopatra VII de Egipto. Hasta el punto de terminar desterrada y ejecutada. Durante un tiempo se pensó que los restos hallados en una tumba correspondían a la joven, hasta que posteriores pruebas de ADN lo desmintieron. En el sarcófago había un niño de unos 13 años. ¿Dónde está por tanto Arsínoe? ¿Será posible determinar 2.000 años después qué fue de ella? Son algunas de las dudas que se plantean abiertas al público, con reconstrucción incluida del supuesto escenario del crimen. Para seguir las pistas, más aquí.


