Luz Gil Heras, directiva en Indra: “La soberanía tecnológica es clave para la seguridad de Europa”

La responsable de Vigilancia e Inteligencia Tecnológica de los Centros de Innovación de Indra Group anima a las mujeres a no ponerse límites: "La defensa necesita diversidad de miradas"

Luz Gil Heras, directiva en Indra.
Indra

En un sector donde la tecnología avanza al ritmo de la estrategia, Luz Gil Heras, responsable de Vigilancia e Inteligencia Tecnológica de los Centros de Innovación de Indra Group, ha construido una trayectoria de más de 25 años ligada a la innovación en defensa. Ingeniera, ha participado en proyectos internacionales que hoy son clave para la autonomía tecnológica de España y Europa, siempre en la frontera entre la innovación y su aplicación real.

Lidera un sector exigente como la defensa y la tecnología. ¿Qué significa para usted?

Estar al frente, como parte de Indra Group, de un ámbito como la defensa y la tecnología supone, ante todo, una gran responsabilidad. No solo hablamos de innovación o de excelencia técnica, sino de desarrollar capacidades que son críticas para la seguridad, la soberanía y la autonomía tecnológica de nuestro país y de Europa. Para mí significa equilibrar visión a largo plazo con rigor en la ejecución, tomar decisiones informadas en contextos complejos y, sobre todo, trabajar con equipos altamente especializados, confiando en su talento y creando un entorno donde puedan dar lo mejor de sí mismos.

Qué significa liderar en el ámbito de Defensa?

Liderar en el ámbito de la defensa y la tecnología implica moverse en una industria especialmente exigente, donde no basta con innovar, sino que es necesario hacerlo de manera rigurosa y fiable y con una visión estratégica muy clara. La tecnología es el habilitador fundamental para desarrollar sistemas de defensa cada vez más sofisticados, capaces de dar respuesta a problemas operativos muy complejos en entornos altamente demandantes.
En este contexto, quien es capaz de dominar mejor la tecnología y transformarla en soluciones reales obtiene una ventaja clara. Para la industria de defensa, esto se traduce en mayor valor añadido, diferenciación y competitividad a nivel internacional. Y para nuestros clientes, significa algo aún más relevante: ganar soberanía y autonomía tecnológica, reducir dependencias externas y asegurar que las capacidades críticas están bajo su control.
Estar al frente de este tipo de proyectos supone, por tanto, asumir la responsabilidad de alinear innovación tecnológica, necesidades operativas y visión de país, siempre apoyándose en equipos altamente cualificados y en una colaboración estrecha entre industria, centros tecnológicos, universidades y
administraciones.

Cuando empezó a pensar en su futuro profesional, ¿qué es lo que le hizo decantarse por la Defensa?

Lo que más me atrajo fue la combinación única de tecnología puntera y propósito. En defensa se trabaja en el límite de lo que la tecnología permite, pero siempre con un impacto claro: proteger capacidades estratégicas, personas e infraestructuras. Además, es un sector donde la colaboración entre industria, centros tecnológicos, universidades, startups, pymes y administraciones es clave, y eso genera un ecosistema muy enriquecedor desde el punto de vista profesional.

Sede de Indra en Madrid.
Europa Press

Cuando era estudiante, ¿se imaginaba trabajando en este sector?

Durante mi etapa de formación tenía claro que lo que más me atraía era la electrónica: el diseño, la integración y la construcción de sistemas complejos,
siempre en un entorno de trabajo en equipo. No necesariamente tenía una idea cerrada de trabajar en el sector de la defensa desde el inicio, pero fue un
camino que se fue definiendo de forma natural a medida que fui conociendo el tipo de retos tecnológicos que planteaba. En Indra Group encontré la oportunidad de desarrollar esa vocación en un sector altamente exigente, que obliga a aprender continuamente, a mantenerse al día en tecnologías muy avanzadas y, además, a comprender el contexto operativo y las necesidades reales a las que deben dar respuesta los sistemas de defensa. A lo largo de más de 25 años de trayectoria, he podido progresar y asumir distintas responsabilidades, trabajando con profesionales de enorme conocimiento y experiencia, tanto en el ámbito civil como militar. Todo ello ha hecho que este recorrido profesional haya cumplido plenamente mis expectativas, tanto desde el punto de vista técnico como humano.

 

“Liderar no es solo una cuestión técnica, sino que pasa por alinear objetivos y generar confianza”

 

¿Qué momento de su carrera diría que definió su estilo de liderazgo?

Probablemente uno de los momentos más determinantes fue cuando mi trabajo empezó a orientarse de forma clara hacia la I+D y tuve la oportunidad de participar en proyectos internacionales. Ese contexto supuso un cambio importante porque me permitió ampliar la perspectiva y trabajar con una visión más estratégica y a largo plazo, más allá de la solución inmediata. Los proyectos de I+D, y especialmente los desarrollados en entornos internacionales, implican gestionar la complejidad, la incertidumbre y la colaboración entre equipos muy diversos, con distintas culturas y formas de trabajar. Esa experiencia me ayudó a entender que liderar no es solo una cuestión técnica, sino que pasa por alinear objetivos, generar confianza y facilitar la cooperación. Desde entonces, mi forma de liderar se apoya en un conocimiento profundo de la tecnología, pero también en la escucha activa, la integración de diferentes puntos de vista y la capacidad de convertir la innovación en capacidades reales.

Imagen de recursos del proyecto GIGaNTE
Indra Group

Si tuviera que dar un consejo a otras mujeres que quieren entrar en tecnología o defensa, ¿qué les diría?
Que confíen en su criterio y en su preparación y en su valía, y que no se autoimpongan límites. La tecnología y la defensa necesitan diversidad de
miradas y formas de pensar. También es importante buscar referentes, apoyarse en redes profesionales y no tener miedo a asumir retos. El camino no siempre es sencillo, pero es muy enriquecedor y cada vez hay más espacios donde el talento femenino es reconocido y necesario.

Indra está desarrollando chips de nitruro de galio con GIGaNTE. ¿Qué impacto cree que tendrá este proyecto en la autonomía tecnológica de España y Europa?

El proyecto GIGaNTE, que lideramos desde Indra Group, es especialmente relevante porque no se limita al diseño, sino que impulsa capacidades reales
de fabricación e integración en tecnologías críticas como el nitruro de galio. Esto nos permite situarnos al nivel de países que ya cuentan con capacidades  punteras en el desarrollo de sistemas de defensa, algo imprescindible para competir y colaborar en programas internacionales de alto valor.
Además, GIGaNTE refuerza de manera directa la autonomía tecnológica, ya que consolida y fortalece la cadena de suministro en Europa y, por primera vez, contribuye a abrir y estructurar estas capacidades en España. Esto reduce dependencias externas en tecnologías estratégicas y da a nuestros clientes un mayor control sobre capacidades críticas, algo esencial en el contexto actual. Pero no solo existe este proyecto. En el caso de Indra Group, hemos estado fuertemente involucrados desde el año 2000 en distintos programas impulsados por la Comisión Europea, la Agencia Europea de Defensa (EDA) y el Ministerio de Defensa español para dotar a Europa de capacidad de diseño y fabricación de tecnologías de nitruro de galio (GaN). Llevamos años incorporando este tipo de microchips en los sistemas que desarrollamos y, al incorporarnos como socio mayoritario de SPARC Foundry, hemos dado un paso adelante para disponer, además, de capacidad propia para fabricarlos.

 

“La tecnología desarrollada en España es competitiva a nivel internacional”

 

GIGaNTE abarca desde el diseño hasta la fabricación e integración. ¿Cuál diría que ha sido el mayor reto al liderar algo tan ambicioso?

El principal reto hasta ahora ha sido asumir que era posible: constatar que contábamos con el conocimiento, experiencia previa y la capacidad tecnológica
necesarios para abordar un proyecto de esta envergadura. Ese convencimiento ha permitido poner en marcha una iniciativa tan ambiciosa como GIGaNTE. A partir de este momento, el reto es demostrarlo, materializar esa capacidad en resultados tangibles y consolidar lo desarrollado como una capacidad real, sostenible y competitiva. Se trata de llevar la tecnología a un nivel de madurez que evidencie que la industria española y europea están preparadas para afrontar los mayores desafíos en sistemas de defensa y en otros sectores como el de las telecomunicaciones.

Estos chips sirven tanto para defensa como para usos civiles estratégicos. ¿Dónde ve las mayores oportunidades?

El nitruro de galio (GaN) es una tecnología claramente transversal, con aplicaciones que van mucho más allá de la defensa. Además de su papel clave
en sistemas militares avanzados, el GaN tiene un impacto muy relevante en el sector civil, en ámbitos como las telecomunicaciones, la automoción, la
energía, la iluminación o los equipos médicos. Encuentra aplicación en radiofrecuencia, en electrónica de potencia y en fotónica, lo que lo convierte en una tecnología habilitadora para múltiples sectores estratégicos. Disponer de esta capacidad abre muchas oportunidades: permite desarrollar nuevas soluciones, transferir conocimiento entre el ámbito civil y el de defensa, acelerar la innovación y abordar nuevos mercados. Supone una gran oportunidad para el desarrollo del talento, al trabajar con tecnologías profundas, con aplicaciones diversas y un impacto real, reforzando al mismo tiempo la autonomía tecnológica y el crecimiento a largo plazo.

 

“En un contexto internacional tan cambiante, la clave está en combinar seguridad, continuidad e innovación”

 

Indra ha fortalecido recientemente su colaboración con otras empresas de ingeniería. ¿Qué aporta este trabajo en equipo?

Para abordar los grandes retos tecnológicos actuales es fundamental disponer de un ecosistema sólido y bien articulado. La complejidad de los sistemas de
defensa y de las tecnologías críticas hace imprescindible la colaboración entre empresas, administraciones públicas, universidades y centros tecnológicos.
Ningún actor puede avanzar en solitario. También es importante resaltar la colaboración público-privada que permite alinear necesidades estratégicas, capacidades tecnológicas y visión industrial a largo plazo. En este marco, la transferencia de conocimiento desde universidades y centros tecnológicos hacia la industria es clave para convertir la investigación en capacidades reales, productos y sistemas que aporten valor. Este trabajo en red no solo acelera la innovación, sino que también fortalece el talento, genera masa crítica y contribuye a construir capacidades industriales propias, reforzando la competitividad de España y de Europa en un ámbito tan estratégico como la defensa y las tecnologías avanzadas.

En un contexto internacional tan cambiante, ¿cómo hace Indra para avanzar con seguridad sin frenar la innovación?

En un contexto internacional tan cambiante, la clave está en combinar seguridad, continuidad e innovación de forma equilibrada. En Indra trabajamos con una planificación tecnológica y estratégica muy sólida, que nos permite avanzar con una visión de largo plazo, incluso en entornos de alta incertidumbre. Al mismo tiempo, es fundamental apoyarse en una red de colaboraciones y acuerdos estables, tanto a nivel nacional como internacional. La cooperación con otras empresas, administraciones, universidades y centros tecnológicos permite compartir conocimiento, reducir riesgos y reforzar la resiliencia de los proyectos, garantizando su continuidad sin frenar la innovación. Este enfoque colaborativo, unido a una gestión responsable de la tecnología y del conocimiento, nos permite proteger capacidades críticas, adaptarnos a los cambios del entorno y seguir avanzando en el desarrollo de soluciones tecnológicas punteras que respondan a las necesidades de nuestros clientes y a los retos estratégicos actuales.

Los simuladores de Indra para los aviones E-7 Wedgetail ya forman a pilotos en Reino Unido. ¿Qué significa para usted?

Es un motivo de orgullo profesional, personal y colectivo. Demuestra que la tecnología desarrollada en España es competitiva a nivel internacional y capaz de integrarse en programas de máxima exigencia. También refuerza la confianza en nuestras capacidades industriales y tecnológicas, y muestra que invertir en innovación tiene un impacto real y tangible.