España está reconstruyendo desde adentro su presencia militar en los territorios más estratégicos y más frágiles del flanco sur. Los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas, las Islas Chafarinas e Isla de Alborán, son bastiones geopolíticos de suma importancia para toda España y de los cuales no es pertinente que dependa de redes externas.
Por esa razón, el Ministerio de Defensa, trabajando con la empresa pública Tragsa, está ejecutando una batería de reformas que suma millones. No es casualidad que suceda ahora. Marruecos reclama históricamente estos enclaves como suyos. La ministra Margarita Robles, fue contundente hace poco: la soberanía de estas plazas no está en discusión.
Electricidad sin depender de nadie
Empecemos por lo más visible. En los peñones y Chafarinas, la vida sin electricidad es simplemente imposible. No hay conexión a redes continentales. No hay cordón umbilical que suba desde Melilla. Solo generadores que ronronean día y noche.
Defensa acaba de licitar nueve generadores nuevos, tres para cada enclave, con un presupuesto de casi 400.000 euros. Serán de 150 kilovatios cada uno, insonorizados, automáticos. El contrato remata el 11 de septiembre y se prevé que las máquinas lleguen antes de fin de año.
Pero electricidad sin agua es otra pesadilla diferente. Defensa está licenciando una planta desaladora en Alhucemas: desalinizadora de ósmosis inversa, compacta, en contenedor. Tratará agua de mar directamente y llegará a través de Málaga. El objetivo es que ningún soldado dependa de abastecimientos irregulares, agua potable hecha localmente, electricidad generada localmente, autonomía absoluta.

Alborán: la transformación de medio millón
El caso de la Isla de Alborán es diferente. Al ser un peñón que cuenta con un destacamento naval y población civil, Defensa ha destinado 6,5 millones. Es la operación más ambiciosa.
Nuevos módulos permiten que los marineros tengan mejores condiciones en los acuartelamientos; mejora radical del abastecimiento de agua, renovación completa del sistema de combustible con tanques más grandes, instalación de una cámara térmica nueva, sensores electroópticos, un radar y un telémetro láser que mide distancias con precisión métrica.
El blindaje invisible: vigilancia y seguridad
Pero no es solo agua y luz. Hay un contrato aún más grande que abraza todo. El Gobierno firmó en julio un acuerdo marco de 28,4 millones de euros para modernizar seguridad técnica en 220 bases militares españolas, dentro y fuera del país, durante dos años. Dentro de ese contrato gigante, una porción cubre seguridad electrónica y vigilancia perimetral de los tres peñones y las chafarinas.
Sistemas de vigilancia tecnológica y nodos satelitales I3D que permiten comunicación incluso cuando las aguas están bravas y los barcos no pueden aproximarse. Todo para que, aunque llueva, aunque sople viento, aunque Marruecos proteste, estos destacamentos sigan funcionando.

Cuando la avaricia derrotó la modernización: el desastre de la planta solar
Hace dos años, Defensa intentó una modernización por otro lado. En 2024, invirtió casi medio millón de euros en instalar una planta solar en Chafarinas porque era inteligente: el sol allí brilla sin parar, promete energía renovable, reduce dependencia de diésel y disminuye huella de carbono en estos enclaves minúsculos.
Pero algo salió mal. La planta funcionó poco tiempo antes de ser desconectada, y durante años quedó muerta en el terreno. Las placas tenían cristales rotos. Las baterías no cargaban. Nadie la reparó.
Es síntoma de un problema más grande: durante años, estas bases militares se mantuvieron con inversiones congeladas y reparches de urgencia. Defensa sabe que no puede permitirse que vuelva a pasar. Por eso ahora está invirtiendo de verdad.

