El panorama de la defensa aérea en España ha dado un giro inesperado que amenaza el equilibrio industrial de Defensa europeo. Mientras la mayoría de las naciones europeas cierran filas en torno al F-35 estadounidense, el Gobierno español ha iniciado gestiones para acercarse a Turquía y evaluar la incorporación de su caza de quinta generación, el KAAN. Lo que hasta hace poco se consideraba como algo inesperado ha sido confirmado como una negociación formal “de Gobierno a Gobierno” durante la feria de defensa Saha 2026, celebrada en Estambul.
Negociaciones en marcha
La confirmación oficial llegó de la mano de Mehmet Demiroglu, CEO de Turkish Aerospace (TAI), quien aseguró a medios especializados haber recibido un requerimiento formal por parte del Ejército del Aire español. Según el directivo, el programa se encuentra en sus inicios, pero ha señalado que se prevén distintas fases. La primera etapa consistiría en la venta del avión de entrenamiento avanzado Hürjet, cuyas entregas a España estarían previstas entre 2028 y 2029, sirviendo como plataforma de transición necesaria antes de dar el salto al Kaan.

Este movimiento se produce en un momento en que la flota española se encuentra en una encrucijada. Con una partida de 6.250 millones de euros reservada en los presupuestos de 2023 para la renovación de sus sistemas de combate, la opción del Kaan se presenta como alternativa al F-35A para el Ejército del Aire. Sin embargo, esta decisión dejaría una incógnita abierta, ya que el modelo turco de despegue convencional no puede sustituir a los AV-8B+ Harrier que operan desde el buque Juan Carlos I, una capacidad que solo el F-35B posee actualmente en el mercado.
El foco del rechazo: el peligro para el FCAS
A pesar de la apertura de estas conversaciones, el plan ha despertado un profundo rechazo en sectores estratégicos que ven en el acuerdo con Turquía una amenaza directa para el FCAS, el proyecto de sexta generación que España desarrolla junto a Francia y Alemania. Los detractores de la “opción turca” sostienen que esta compra podría descarrilar la participación española en el programa europeo.

De igual manera, el posible contrato con Turquía ha levantado ampollas en los sectores que defienden la soberanía aérea europea bajo el argumento de que la apuesta por el Kaan podría actuar como un caballo de Troya contra el FCAS. El desarrollo del sistema de combate europeo exige una inversión milimétrica y sostenida hasta el año 2040 y diversos analistas del sector advierten que las arcas de Defensa carecen de capacidad para sostener un juego a dos bandas. El desvío de los 6.250 millones de euros originalmente previstos para la modernización de la flota hacia los Kaan debilitaría drásticamente la posición de España en las mesas de negociación europeas.
Al optar por el Kaan, España pasaría de ser arquitecto de su propia defensa a un simple comprador de catálogo, puesto que adquirir un sistema turco cerrado no genera retorno industrial ni propiedad intelectual en suelo español. Los expertos señalan que esta situación dejaría a las empresas nacionales en una posición de inferioridad técnica frente a sus homólogas francesas y alemanas, que podrían aprovechar esta fuga de interés para reclamar una mayor cuota en el reparto de la carga de trabajo del caza europeo.

Finalmente, aparece el riesgo de generar grietas en la confianza en la autonomía estratégica europea, la cual se basa en un delicado equilibrio de lealtades. Existe un temor fundado a que Francia y Alemania interpreten este acercamiento a Ankara como una ruptura del compromiso con la soberanía de la Unión. En un proyecto nacido de la desconfianza hacia los sistemas externos, la incorporación de un caza se percibe como una anomalía operativa que pone en riesgo el peso geopolítico de España en el diseño del sistema de sistemas que debe dominar los cielos del continente, desplazando a España a la sombra del eje de la defensa europea.

