En pleno escenario internacional, el debate sobre el posible envío de efectivos españoles ha generado peso en las últimas semanas. Ucrania, Palestina y Groenlandia, han entrado en la ecuación dentro del discurso político y mediático, generando la sensación de que España podría asumir nuevos compromisos militares en el exterior. Sin embargo, detrás de todos estos anuncios y declaraciones públicas, existe una realidad mucho más compleja.
Según consideran fuentes militares, Sánchez se mueve en un escenario hipotético de procesos de paz que no le obligan a mover ficha, pero escenifican compromiso con la OTAN. Es el caso de Ucrania y Gaza, ya que la paz en ambos territorios aún no esta sellada. En el conflicto en Oriente Próximo el proceso ha comenzado la segunda fase, y Putin no parece estar dispuesto a firmar el fin de la guerra de momento, en las condiciones que se le plantean. El presidente Sánchez dijo que enviaría las tropas cuando la paz estuviera garantizada. Y, en el reciente anuncio de envío de tropas a Groenlandia, serían de representación, y no están confirmadas a día de hoy.

La crisis de efectivos
“Como Sánchez no va a llegar al 5%, intenta demostrar que no ponemos dinero pero sí capacidades militares y recursos para garantizar la seguridad colectiva”, explican. “Es una forma de dejar claro que España es útil, pese a no cumplir con el máximo exigido del 5%, ya que ha fijado el tope de gasto en el 2%”.
Según ha informado Defensa, el objetivo es alcanzar 127.500 militares en servicio activo en 2029. Sin embargo, militares alertan de que salarios bajos y salidas obligatorias provocan abandonos pese al aumento de vacantes en las Fuerzas Armadas españolas sin mejorar las condiciones laborales.
“Las unidades que realmente se despliegan son las fuerzas operativas, apoyadas por unidades logísticas, de transmisiones y otros elementos esenciales. Cuando el número de militares disponibles es limitado y los compromisos aumentan, el sobreesfuerzo es inevitable”, afirman. “Sánchez puede llevar al límite a las tropas en el exterior si no capta efectivos”.
Ese sobreesfuerzo se traduce en rotaciones más rápidas. “Unidades que antes podían pasar dos o tres años sin salir de misión, ahora podrían ver reducido ese plazo a año y medio o menos”, aseguran. “Regresan de un despliegue, descansan un tiempo limitado y vuelven a prepararse para otro escenario distinto. Esto afecta al descanso, a la preparación, y a la sostenibilidad del sistema”.
“Por este motivo, se deja abierta la posibilidad de aportar otro tipo de capacidades, como tecnología, sistemas de vigilancia o ciberdefensa, en lugar de grandes contingentes humanos”, argumentan. “Esta cautela refleja el conocimiento interno de que existe un problema serio de personal”.

En conjunto, con los medios actuales y la falta de efectivos, comprometer nuevos despliegues de forma sostenida necesitan una estrategia nacional definida, con una base suficiente de personal y planificación a largo plazo, con el fin de asumir el riesgo de forzar aún más a unas Fuerzas Armadas, que ya operan al límite de sus capacidades.
Cambio profundo del contexto internacional
Así, no se trata de una decisión inmediata ni de un plan cerrado para desplegar tropas. Lo que se está viendo es un cambio profundo en el contexto internacional. El mundo parece ser transaccional, en el que las grandes potencias actúan según sus intereses directos. En este nuevo escenario, aseguran que la fuerza o la capacidad de presión pesan aún más.
Este cambio se percibe en la forma de actuar de actores globales como China o Estados Unidos, que priorizan el acceso a recursos, posiciones estratégicas o zonas de influencia. En ese contexto, operaciones, bloqueos o presiones se convierten en herramientas habituales. Esta tendencia marca el nuevo orden internacional.

“Desde el punto de vista de España, el problema principal no es tanto si se envían tropas a un lugar u otro, sino la falta de estrategia nacional clara que dé sentido a esas decisiones”, informan fuentes militares “España no tiene definido de forma sólida cuál es su interés nacional. Y sin esa definición previa, no puede existir una estrategia exterior coherente ni sostenible”.
Necesidad de estrategia
“La estrategia no puede improvisarse”, destacan. “Debe construirse sobre varios pilares: el diplomático, el informativo, el de defensa, el tecnológico y el industrial. Todos ellos forman parte del poder nacional y deben orientarse hacia un objetivo común”. Afirman que si ese objetivo no existe, las decisiones se toman de forma reactiva y pierden coherencia a medio y largo plazo.
A esta dificultad se suma la falta de cultura estratégica acumulada durante décadas. Según se señala, España lleva mucho tiempo sin desarrollar una visión propia y continuada sobre el uso de la fuerza y la defensa de sus intereses. Esta debilidad también se refleja en Europa, que muestra divisiones profundas y dificultades para actuar de forma cohesionada, especialmente en el conflicto de Ucrania.

El presidente ha anunciado el envío de tropas a distintos escenarios sin pasar por el parlamento. Este lunes está previsto que se reúna con el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, con quien iniciará la ronda de contactos políticos con el fin de alcanzar consenso en su plan de acción exterior.

