A falta de nueve jornadas para el cierre de temporada de la Liga F Moeve, el FC Barcelona domina la competición con cifras que rozan lo extraordinario: 60 puntos, 20 victorias en 21 partidos disputados, 94 goles a favor y apenas cinco en contra.
Pero más allá del liderato, lugar que se ha convertido en costumbre para las azulgranas, hay un detalle que explica la naturaleza de este Barça: el gol es cosa de todas.
La autoría del gol
Lo verdaderamente revelador de estas cifras no aparece en la tabla, sino en la firma, y, en quiénes sostienen ese conteo cercano al centenar de goles, en un equipo donde las delanteras responden a su función, sí, pero donde el gol no pertenece a una única zona del campo.

Las secuencias ofensivas del Barcelona rara vez concluyen donde la lógica más clásica sugiere. No siempre finaliza la ‘nueve’, ni decide exclusivamente la jugadora más adelantada.
Con frecuencia, la jugada se prolonga hasta encontrar una incorporación desde atrás, una llegada lateral o un remate menos previsto, y, es allí donde empieza a definirse esta particularidad.
Un reparto poco habitual
Mientras las delanteras Ewa Pajor y Claudia Pina sostienen cifras propias de referencias ofensivas, 16 y 15 tantos, respectivamente, el resto del equipo acompaña desde lugares menos previsibles.
El reparto también se refleja en las cifras: las delanteras concentran 48 goles, el centro del campo aporta 30 y la defensa suma 14, una producción poco habitual para su demarcación.

Defensas que irrumpen en zona de remate. Centrocampistas que convierten llegadas en goles, y, laterales que no detienen su recorrido en la banda.
Es una constante que se repite con naturalidad a lo largo de los encuentros ligueros, el gol deja de estar vinculado a una posición concreta y se transforma en una consecuencia compartida del sistema de Pere Romeu.
El contraste competitivo
Por su parte, el Real Madrid CF de Pau Quesada, perseguidor del Barcelona FC y segundo en la tabla, sostiene una lógica más reconocible.
Sus 49 goles nacen principalmente de perfiles ofensivos, con delanteras que concentran el peso rematador y centrocampistas que irrumpen de forma más puntual.
Las defensas también aparecen, pero lo hacen de manera más esporádica. Jugadoras como Rocío, Holmgaard, María Méndez o Cristóbal suman presencia en el marcador sin alterar la jerarquía más tradicional del gol.

Son las delanteras quienes lideran la autoría ofensiva blanca. Alba Redondo, con seis tantos, Bruun con tres, Athenea con cinco, Linda Caicedo con tres o Pau C. con dos sostienen buena parte del caudal goleador madridista. Incluso Iris y Ashley, también con dos goles, refuerzan esa tendencia.
Una estructura distinta
La Real Sociedad, tercera en la clasificación, presenta un dibujo similar. Sus 44 goles se distribuyen alrededor de referencias concretas, con Edna Imade asumiendo un rol destacado en la finalización y una segunda línea que acompaña sin diluir ese liderazgo ofensivo.

Las aportaciones defensivas, puntuales y valiosas, no modifican la estructura principal del ataque. El gol mantiene dueñas más definidas, incluso dentro de un reparto amplio.
Lo que separa al Barça
Ahí emerge la singularidad del Barcelona. No solo por la distancia cuantitativa, sino por la naturaleza del reparto.
En el Barça, las defensas no irrumpen, conviven con el gol. Las centrocampistas no acompañan, participan con regularidad. Y las delanteras no monopolizan, comparten.
