TENIS

El retorno de la resistencia: Sara Sorribes lidera a España frente a Eslovenia

Tras un año alejada de los focos para priorizar su bienestar emocional, la castellonense regresa a la selección española. Su vuelta no es solo una noticia deportiva, sino un manifiesto sobre la salud mental en la élite del tenis.

Sara Sorribes presión

Sara Sorribes siempre ha sido una jugadora singular en el circuito WTA. Su estilo la llevó a alcanzar el número 32 del mundo en 2022. Sin embargo, en abril de 2025, tras ayudar a España a clasificarse para las finales de la Billie Jean King Cup, la jugadora de la Vall d’Uixó decidió detener su actividad profesional. No lo hizo por una lesión física, sino por un agotamiento emocional que le impedía, literalmente, pisar una pista de tenis.

El punto de ruptura: “Ni siquiera podía entrar en la pista”

La marcha de Sorribes se produjo en un momento de saturación absoluta. Como ha confesado recientemente, los meses previos a su parón fueron un calvario silencioso. ” “Llevaba tiempo sintiendo que algo no estaba bien, que mi cabeza necesitaba un descanso. Venía sufriendo desde hace muchos meses dentro de una pista de tenis y tomar la decisión no fue fácil”, admite la tenista. A pesar de mantener su imagen de jugadora incansable, Sorribes atravesaba un proceso de desconexión emocional que acabó por anular su interés por la alta competición.

A sus 28 años Sara sintió que “Llevaba tiempo sintiendo que algo no estaba bien, que mi cabeza necesitaba un descanso; venía sufriendo desde hace muchos meses dentro de una pista de tenis”. El miedo a fallar y la presión constante del ranking la llevaron a una situación de ansiedad que hizo insostenible su día a día en el circuito. En abril de 2025, tomó la decisión de parar indefinidamente con un objetivo claro: “Por primera vez en mucho tiempo he podido parar, respirar, y vivir la vida sin la presión constante de competir”.

Siete meses de reconstrucción personal

Durante su ausencia, Sorribes se ha mantenido alejada de las raquetas. Este tiempo le ha permitido realizar actividades que la urgencia del profesionalismo le había negado: aprender a tocar el piano, practicar yoga y pasar tiempo de calidad con su familia. Según explica en su comunicado de regreso, Sara aclara que: “he aprendido a ser más amable conmigo misma, a no exigirme tanto y a aceptar que hay momentos buenos y otros no tanto, y que todos forman parte del camino”.

El punto de inflexión llegó en septiembre de 2025. Sara empezó a recuperar el contacto con el deporte de forma recreativa: correr por la montaña, ir al gimnasio o jugar al pádel. “Volví a disfrutar del deporte sin exigencias, simplemente por placer”, relata. Esa transición natural, sin la obligación de defender puntos o cumplir con patrocinadores, fue la que le devolvió las ganas de volver a sentirse tenista profesional.

La castellonense, visiblemente agradecida por la oportunidad, ha querido poner el foco en el valor del grupo con unas palabras que definen su nueva etapa: “Estoy súper feliz, súper contenta de estar aquí y de poderlo compartir”. Sorribes, que regresa tras su parón por salud mental, ha dado una lección de humildad al anteponer el aprendizaje colectivo a su aportación individual, admitiendo que “lo que puedo aportar yo es menos de lo que ya me han aportado a mí”

El regreso: Una nueva mirada en noviembre

Sara Sorribes devuelve un golpe a las checas.
Sara Sorribes devuelve un golpe a las checas.
EFE

Sara Sorribes regresa oficialmente a la competición este mes de abril de 2026, con el objetivo de reincorporarse a la dinámica de la selección española y el circuito WTA. Lo hace en el escenario que mejor conoce: la Billie Jean King Cup. Su vuelta no es solo un refuerzo tenístico para la selección nacional, sino el cierre de un ciclo de sanación que comenzó en la primavera de 2025. Vuelve con 29 años y con una ventaja técnica fundamental: el Ranking Protegido, que le permitirá acceder a los cuadros principales de los grandes torneos a pesar de haber caído en la clasificación durante su ausencia.

Su papel en la actual convocatoria de España es vital. La capitana, Carla Suárez, recupera a una jugadora que, más allá de su capacidad táctica para desquiciar a las rivales, vuelve con una madurez emocional renovada. Para el periodismo deportivo, su caso no es solo un regreso de ranking, sino un testimonio de cómo la salud mental se ha convertido en el pilar sobre el que se debe construir el deporte de élite en el siglo XXI. Su historia demuestra que, a veces, dar un paso atrás es la única forma de coger el impulso necesario para volver a la cima.