The Boxer Club, anfitrión de lujo para nuestra visita a Jennifer Miranda, reciente campeona internacional Oro de la AMB. El gimnasio albergaba un entrenamiento durante el transcurso de la entrevista con la boxeadora, un ambiente ideal donde se respiraba un ambiente puro de boxeo. El escenario muestra perfectamente la esencia de The Boxer Club, un gimnasio familiar, donde la gente es cercana y sencilla, pero con un amplio recorrido histórico y con unos objetivos de futuro que fomentan el crecimiento y la expansión del mismo.

El poder de la mente para Miranda
A los 23 años, la inmensa mayoría de los boxeadores de élite ya llevan una década recibiendo golpes, acumulando un amplio palmarés amateur o, en muchos casos, pensando en el retiro. A esa edad, Jennifer Miranda ni siquiera se había puesto unos guantes. Hoy, con una trayectoria que desafía cualquier lógica deportiva, es campeona mundial interina, actriz, doble licenciada y estudiante de Nutrición. Su historia es la radiografía de una pionera que tuvo que construir el camino mientras lo recorría, en un país donde ser mujer y boxeadora equivalía a pelear en el más absoluto de los anonimatos.
Cuando aún no tenía referente
Los comienzos de Jennifer no nacen de una vocación propia de una historia de superación para una superproducción de Hollywood, sino del pragmatismo sincero: necesitaba una beca de estudios y el Campeonato de España de boxeo era la llave para conseguirla. Miranda sabía que el deporte era lo suyo, había coqueteado con el fútbol, el baloncesto y la gimnasia rítmica, aceptó el reto y terminó profundamente enganchada al sacrificio y valores del boxeo. Sin embargo, los primeros compases fueron de una profunda dificultad y soledad.
En un deporte monopolizado por hombres y con la mirada siempre puesta en los grandes escenarios de Estados Unidos, Miranda tuvo que lidiar con todo. “Cuando una no tiene referente, no sabe si está perdiendo el tiempo, si hay realmente un camino o una posibilidad”, confiesa la boxeadora, echando la vista atrás. Mirando a esa joven de hace casi dos décadas, su consejo hoy sería tajante: tener fe. “He ido como pollo sin cabeza siempre, sin saber si todo lo que estás haciendo se va a quedar en nada”. Esa incertidumbre, lejos de paralizarla, forjó una resiliencia que a día de hoy forma parte de como es su manera de .
La autoformación de la mente
Mientras el arquetipo clásico del boxeador reflejar toda un vida dedicada al deporte, a Jennifer le ha dado tiempo a hacer todo tipo de cosas además de su plena dedicación al boxeo. Ha compaginado toda su carrera de alto rendimiento con los libros, asumiendo largas jornadas que arrancaban a las seis de la mañana en el gimnasio, continuaban en las aulas universitarias, y terminaban estudiando en los aviones de camino a los torneos. “Al final es como no tener vida, tienes que elegir, y mi elección me encanta: aprender” declaraba la boxeadora.
Esta doble vida no es solo una cuestión de currículum; para Miranda, es un mecanismo de supervivencia psicológica. El alto rendimiento quema, satura y, en ocasiones, rompe. Para no ser devorada por la exigencia del boxeo, los estudios han sido su refugio. “Es lo que me salva para poder seguir con el boxeo. Cuando estoy un poquito decepcionada o cansada, me agarro a mis estudios. Me evado, y cuando vuelvo, lo hago motivada”.
El 100 % es la cabeza
Si hay un punto de inflexión en la carrera de Jennifer Miranda, es su colisión con las expectativas. En sus inicios, el entorno la señaló rápidamente como la futura gran campeona española. La presión fue asfixiante y el rendimiento cayó en picado. “Me metieron una presión brutal. Empecé a perder, estaba sola y las personas de mi alrededor no tenían preparación para ayudarme”, relata Jennifer.
@cayotv ¿Alguien pensaba que JENNIFER MIRANDA iba a fallar? 🤨 Un día más en la oficina para una leyenda viva de nuestro país 🇪🇸 #boxeo #boxing #jennifermiranda
En lugar de hundirse, activó un modo de resolución de problemas casi científico: si la mente fallaba, había que estudiar la mente. Se matriculó en un máster de coaching y psicología deportiva junto a los técnicos del Comité Olímpico. Lo que empezó como un intento de autodiagnóstico la convirtió en una experta en la gestión emocional. Hoy, aunque cuenta con la ayuda de profesionales para momentos de saturación extrema, ella misma pilota su estado de ánimo con un arsenal de herramientas que van desde la gratitud hasta un riguroso diálogo interno. “El hablar con mi cerebrito. Decirle: ‘sé que estás mal, pero necesitas hacer esto’. Me ayuda muchísimo”.
Esa fortaleza mental quedó patente en su pelea contra Alicia. Tras el peor campamento de su vida, con el cuerpo “roto, roto” y un problema médico grave, firmó la mejor actuación de su carrera. “Antes decía que la mente era un 80%. Ahora digo que es el 100%”, sentencia. En este combate ganó su cabeza, su cuerpo no estaba para llegar a disputar la pelea, pero aprendió a gestionar su cabeza y sus pensamientos para siempre mirar hacia delante.
Sufrir en los entrenamientos para brillar en el Madison
El boxeo es un deporte de contrastes crueles: meses de oscuridad física para apenas treinta minutos de luces. Miranda abraza ese sufrimiento previo como un día a día. Su filosofía se basa en ensanchar el umbral del dolor en el gimnasio hasta límites insospechados, para que luego no le pille de sorpresa ese dolor que se sufre dentro del ring. “No me permito no sufrir en los entrenamientos. Llevo la mente preparada para aguantar mucho, así cuando llega el combate, ya sé lo que es”, declara la boxeadora.
Esa búsqueda del límite la llevó a exiliarse temporalmente a Estados Unidos para preparar combates clave. Huyó de la comodidad de su gimnasio en Madrid, donde ahora es arropada por su entrenador Javi y su equipo, para meterse en gimnasios norteamericanos donde no le conocían y el ambiente era hostil. En cuantoa esta relfexión, aportaba Miranda: “En Estados Unidos la gente no va de amigo de todo el mundo, sino que allí son competidoras en todo. Allí si no eres nadie te tienes que ganar el respeto. Quería ir allí a sufrir para estar preparada para todo”.

Todo ese peaje físico cobra sentido gracias a su entorno, “la familia que se elige”. Miranda no pelea solo por engordar su palmarés, sino por la red de personas que la sostiene. Cuando se convirtió en la primera boxeadora española en pelear en el mítico Madison Square Garden de Nueva York, sus lágrimas no fueron de ego, sino de gratitud. Todo lo que consigue lo hace por y para su gente, que es lo que más le llena a nivel emocional. “Yo siempre les decía que les iba a llevar a los mejores sitios, y cuando estaba allí en el Madison, estaba más contenta por ellos que por mí. El cinturón se lo di a ellos nada más ganarlo”.
Estigmas y otra visión de ‘La Velada del Año’
Como parte integral de un deporte históricamente masculinizado, Miranda observa con orgullo cómo el 50% de su gimnasio, The Boxer Club, está hoy lleno de mujeres. La apuesta del gimnasio por el boxeo femenino, es una de las varas de medir de como The Boxer Club está fomentando la modalidad femenina, una gran noticia que celebramos desde Artículo14. Además, la aportación de CayoTV dando visibilidad a las veladas, es una de las partes más importantes, para incrementar esa demanda y poder fomentar el boxeo femenino, es necesario darle visibilidad a la modalidad. Es por esto, que este nuevo contrato con CayoTV es igual de beneficioso para The Boxer Club como para CayoTV, que van a retroalimentarse del potencial de cada uno. Desmonta con contundencia el cliché de la agresividad: “Los boxeadores somos personas muchísimo más pacíficas que la media. Un futbolista no va dando patadas por la calle, esto es igual. Yo no me he peleado en la vida y no me gusta el conflicto”.
@cayotv Hay noches que se ganan antes de subir al ring. 🔥 Noches de preparación, sacrificio y meses esperando este momento. Hoy, cuatro boxeadoras tendrán un título en juego. Así lo ha preparado Jennifer Miranda 📺 En directo en nuestro canal de YouTube. #THEBOXERDAY27 #BoxeoEnCayoTV #Theboxerclub
Esta visión integradora y pedagógica del boxeo es lo que la lleva a ser una defensora de La Velada del Año, el multitudinario evento de creadores de contenido impulsado por Ibai Llanos, que tantas críticas de “intrusismo” genera en los sectores más puristas. Donde otros ven un circo, Miranda ve democratización deportiva y transformación personal. Elogia el compromiso de los participantes (que entrenan cinco meses como profesionales) y subraya el impacto social incalculable que tienen al acercar el deporte a millones de jóvenes. “Ver cómo chicas sacan esa ‘guerrera’ que llevan dentro encima del ring es maravilloso. El boxeo no es de nadie, todos pueden acercarse a él y practicarlo”.
El referente, Katie Taylor
A lo largo de su carrera, su gran faro ha sido la irlandesa Katie Taylor, una leyenda absoluta a la que Miranda utilizaba como estándar de exigencia en sus entrenamientos y su forma de boxear: “tengo que ser más rápida que Katie, más fuerte que Katie”, declaraba Miranda. El destino quiso que la propia estrella le llamara para ejercer de sparring antes de un Mundial, un hito rarísimo para el boxeo español.
Pero Miranda no idolatra a Taylor solo por su técnica, sino por su ética impecable en una industria cada vez más devorada por el trash talking (los insultos y provocaciones para vender combates). Miranda se niega a pasar por ese aro. “Esta historia no vende: el ser una chica que estudia, sencilla, normal. Venden las historias dramáticas, las groserías. Pero yo quiero llegar siendo pura, demostrando a las niñas que también se llega haciendo las cosas bien, siendo respetuosa”.

Sin embargo, hacer las cosas bien en el boxeo español tiene un altísimo coste económico. Miranda denuncia la brutal brecha mediática y financiera frente a deportes como el fútbol. Durante años, ha tenido que mendigar patrocinadores y financiar sus propios médicos y campamentos internacionales para mantenerse en la élite mundial. Irónicamente, fue un trabajo ajeno al ring, su papel como la mercenaria Arantxa Arteche en La Casa de Papel, lo que le consiguió la proyección internacional necesaria para atraer espónsores extranjeros.
Esa precariedad histórica es precisamente lo que la ancla hoy al ring, a pesar de que el cuerpo y los médicos empiezan a pedirle tregua. Recientemente fichada por la potente promotora MVP (Most Valuable Promotions), Miranda vive una paradoja dulce: “Si no hemos ganado dinero en toda nuestra vida, y ahora que vienen las bolsas grandes de dinero me voy a retirar… ¿cómo lo voy a dejar ahora?”. Con la mente intacta, atrapada en un deporte que castiga el tiempo, Jennifer Miranda se prepara para su asalto final. Ya tiene la paz de saberse una pionera que triunfó contra todo pronóstico, pero no colgará los guantes hasta colgarse en la cintura el único cinturón que le falta: el de Campeona Mundial Absoluta, siempre teniendo como referente, a Katie Taylor.
Una sonrisa de oreja a oreja esbozaba el rostro de la boxeadora al hablar de Katie Taylor. Admiración. Respeto. Lealtad. Aprendizaje. Todos estos adjetivos, o valores del boxeo, salieron en algún momento mientras hablábamos de Katie Taylor. Un ejercicio de buenas palabras hacia ella, propias de alguien que de verdad siente que admira a otra persona. Esa admiración, esas ganas de ser como ella o incluso mejor que ella, le llevó a poder realizar un sparring con ella. La gran estrella del boxeo mundial, llamando a una española para ser su mano derecha de entrenamiento. Lo que Katie no sabía es que para Jennifer no iba a ser solo un sparring, iba a ser uno de los momentos más felices de su vida junto a la pelea en el Madison. Las numerables hazañas que ha conseguido la boxeadora a lo largo de su carrera son insuficientes al lado del Sparring con Katie Taylor y el combate en el Madison. Su sonrisa y su brillo en los ojos al imaginarse de vuelta en el Madison o enfrente de Katie Taylor, son inconfundibles. La pureza de la boxeadora es tangible en cada frase que me concedió, es por eso que me he permitido filtrar esa pureza innata e identificar que es una deportista con unos valores muy llanos, una persona sencilla y agradecida, lo que es incluso más importante que su extenso palmarés.

