Pickleball

Nike entra en el pickleball junto a Anna Leigh Waters lo que supone la consagración de este deporte

La marca deportiva apuesta de lleno por un deporte que cada vez gana más adeptos. Lo hace de la mano de la campeona de 181 títulos profesionales, para muchos, la mejor de la historia

Nike no suele llegar tarde. Cuando lo hace, es porque el terreno ya está preparado. El anuncio del fichaje de Anna Leigh Waters, número uno mundial del pickleball con solo 18 años, convierte a la estadounidense en la primera atleta profesional de este deporte patrocinada por la marca y supone un punto de inflexión que va mucho más allá de un contrato individual. Es la confirmación de que el pickleball ha dejado de ser un pasatiempo de aficionados para instalarse en el centro del nuevo mapa deportivo global.

Waters ha dejado de ser una promesa. Ha ganado 181 títulos del circuito profesional (PPA), suma 39 “triple coronas” —victorias en individuales, dobles y dobles mixtos en un mismo torneo— y ocupa simultáneamente el número uno mundial en las tres modalidades. En un deporte joven, donde los relatos aún se están escribiendo, su dominio resulta abrumador. Para muchos dentro del circuito, es ya la mejor jugadora de la historia del pickleball femenino.

“Crecí viendo a mis ídolos llevar el Swoosh (el icono de la marca Nike) en los momentos más importantes de sus carreras”, señaló Waters al hacerse público el acuerdo. La frase podría pertenecer a cualquier estrella del tenis o del atletismo, pero el contexto es radicalmente distinto. El pickleball nació en los años sesenta como un juego doméstico, una mezcla improvisada de tenis, bádminton y ping-pong, y durante décadas se mantuvo al margen del deporte profesional. Su explosión reciente, sobre todo en Estados Unidos, es uno de los fenómenos socio deportivos más llamativos del último lustro.

De la pista del barrio al gran negocio

Las cifras explican por qué Nike ha decidido entrar ahora. El Mundial de Pickleball de 2025, disputado en Texas, reunió a más de 60.000 espectadores, generó 1,1 millones de dólares en ingresos por entradas y hospitalidad y alcanzó cifras récord de audiencia digital. Las plataformas especializadas registraron 70 millones de minutos visualizados, mientras que el impacto en redes sociales superó los 54 millones de impresiones. El alcance mediático potencial ascendió a 1.200 millones de personas, un 50 % más que el año anterior.

El circuito profesional, organizado bajo la United Pickleball Association (UPA), mueve ya 60 millones de dólares anuales, con 30 millones en patrocinios, 110.000 entradas vendidas en la última temporada y 33 millones en compensación para jugadores. El pickleball sigue lejos de los grandes deportes en términos económicos, pero ha superado claramente la fase de experimento.

En ese ecosistema, Waters se ha convertido en la cara visible de la transición. Domina en la pista y fomenta su imagen aprovechando el momento cultural que atraviesa su deporte. El reciente lanzamiento de su canal de YouTube, donde alterna análisis técnico con escenas de su vida cotidiana, viajes o cocina, refuerza la idea de que el pickleball se ha construido desde la cercanía. Su comunidad valora la accesibilidad, la ausencia de solemnidad y la sensación de pertenencia. Waters no se coloca en un pedestal; invita a entrar a su propio hogar.

El pickleball como zeitgeist deportivo

El movimiento de Nike hacia el pickleball, llega poco después de que la marca suiza On anunciara su entrada en el pádel, fichando al número uno mundial, Arturo Coello, y comprometiéndose a desarrollar calzado específico para ese deporte. El paralelismo es evidente. Si el pádel se ha convertido en el deporte urbano y aspiracional de Europa, el pickleball ocupa ese mismo espacio simbólico en Estados Unidos y comienza a expandirse a otros mercados.

Ambos deportes comparten rasgos fundamentales: son sociales, inclusivos, fáciles de aprender y compatibles con estilos de vida urbanos. No exigen una formación técnica prolongada ni infraestructuras complejas. En una época marcada por la búsqueda de experiencias compartidas y por una relación menos rígida con el deporte, encajan mejor que muchas disciplinas tradicionales.

Waters, el rostro más conocido del pickelball

Durante años, las grandes marcas evitaron invertir seriamente en pickleball y pádel por razones pragmáticas. No requerían equipamiento específico y carecían del aura épica y del star system que alimenta las ventas masivas. Pero la ecuación ha cambiado. El crecimiento de las ligas profesionales y la aparición de figuras dominantes del deporte en la cultura social han alterado el equilibrio.

Nike, que en los últimos años ha reducido su presencia en deportes como el golf o el cricket, ha optado por concentrar su inversión en un grupo reducido de atletas de impacto global. En tenis, su apuesta se centra en nombres como Carlos Alcaraz, Jannik Sinner, Aryna Sabalenka o Naomi Osaka. Waters encaja en ese espacio porque es el rostro más reconocido del Pickleball.

Perfil de una pionera

Anna Leigh Waters debutó como profesional a los 12 años, cuando el pickleball apenas ocupaba espacio en los medios. Creció compitiendo contra adultos, desarrolló un juego basado en la velocidad, la anticipación y una agresividad poco habitual, y construyó una carrera sin grandes altibajos. A los 18 años, su palmarés supera al de cualquier otra jugadora de su generación.

Fuera de la pista, su imagen es cercana. No busca provocar, ni los excesos. Su atractivo reside en una personalidad sin altibajos, como sus triunfos. Para Nike, esta combinación resulta especialmente valiosa en un deporte que todavía está construyendo su narrativa profesional.

El acuerdo, de carácter multianual, la vestirá de pies a cabeza con productos de las líneas Nike Court y Nike Tennis. No habrá, al menos por ahora, una colección específica de pickleball. La estrategia quiere primero asociar la marca al rostro del deporte; después, evaluar si el mercado justifica una inversión mayor en desarrollo de producto.

La llegada de Nike al pickleball tiene también una lectura simbólica. Durante décadas, el deporte de élite estuvo dominado por disciplinas costosas y excluyentes. El éxito del pickleball cuestiona ese modelo. Su fuerza no reside solo en la élite profesional, sino en millones de jugadores amateurs que llenan pistas improvisadas en parques, colegios y centros comunitarios.

Que la mayor marca deportiva del mundo apueste por este deporte es reconocer que el centro de gravedad del deporte contemporáneo se ha desplazado. Ya no se trata de llenar grandes estadios, sino de llamar la atención a comunidades activas que combinan ejercicio, ocio y estilo de vida.

El pickleball no sustituye al tenis, ni el pádel tampoco. Pero, como ellos, ha sabido capturar el espíritu de su tiempo. Nike lo ha entendido. Anna Leigh Waters es su apuesta para hacer del espíritu del pickleball un relato global.

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