FÚTBOL

Nuestra liga femenina, la más desigual de Europa

El dominio prolongado del FC Barcelona ha abierto una brecha competitiva sin precedentes en el fútbol femenino español.

No es una cuestión coyuntural ni un debate nacido de un solo partido. El dominio del FC Barcelona en el fútbol femenino español se prolonga desde hace varias temporadas y ha terminado por instalar una sensación difícil de ignorar: la de una liga en la que un equipo compite muy por delante del resto. Cada nueva demostración de superioridad reaviva la misma pregunta, ya convertida en estructural: si el campeonato español se ha transformado en el más desigual de Europa. Y, una vez más, las cifras de diferencia de goles desde el inicio del curso refuerzan una conclusión incómoda que va más allá de la impresión visual.

El abismo que separa al Barça

La Liga F Moeve se mueve en una contradicción cada vez más visible. Crece en exposición mediática, atrae talento internacional y presume de un campeón que ha marcado una época, pero al mismo tiempo se ha convertido en el campeonato con la mayor brecha competitiva entre su líder y el resto de equipos dentro del panorama europeo. El FC Barcelona no se limita a encabezar la clasificación: la desborda. Su diferencia de goles, situada en +75, contrasta de forma abrupta con la del segundo clasificado, que apenas supera la veintena. Entre ambos se abre un vacío de más de cincuenta goles, una distancia sin equivalente directo en las grandes ligas vecinas.

El FC Barcelona se mide de local ante el DUX Logroño, recién ascendido a la liga F
@FCBfemeni

El desequilibrio no se explica solo mirando hacia arriba. El retrato completo aparece al recorrer la tabla de arriba abajo. La mayoría de los equipos acumula diferencias de goles negativas y varios conjuntos de la zona media ya se sitúan a más de sesenta tantos del Barça, una cifra que habla de partidos decididos mucho antes del pitido final. En la parte baja, la distancia se dispara hasta superar con holgura los noventa e incluso los cien goles. El resultado es una competición fragmentada en dos realidades opuestas: una en la que el Barcelona compite prácticamente en solitario mientras calibra sus desafíos europeos, y otra en la que el resto de clubes pelea por objetivos secundarios, muy lejos de una lucha real por el título.

Lyon manda, pero no arrasa

Francia es el ejemplo que aparece de forma recurrente cada vez que se habla de superioridad prolongada en el fútbol femenino. El Olympique Lyonnais lidera su campeonato con una diferencia de goles muy por encima del resto, apoyada en una sucesión constante de victorias amplias. Su ventaja respecto al segundo clasificado se sitúa en torno a los cuarenta goles, un margen extraordinario que, aun siendo ligeramente inferior al del FC Barcelona, confirma la magnitud de su dominio.

Las jugadoras del Olympique de Lyon celebrando un gol
@ol.lyonnes

La lectura, sin embargo, cambia cuando se amplía el foco al conjunto de la liga. En el campeonato francés, la hegemonía del Lyon se sostiene desde hace más de una década y se ha integrado en la estructura competitiva sin desfigurarla por completo. La zona media mantiene distancias más cortas y ofrece enfrentamientos equilibrados, mientras que la parte baja no aparece sistemáticamente desbordada por marcadores extremos. Existe una jerarquía clara en la cima, pero no un desajuste generalizado. Francia presenta así un modelo de liderazgo muy marcado arriba, aunque sin la ruptura competitiva que hoy caracteriza al panorama español.

Alemania mantiene el equilibrio

El panorama alemán ofrece una imagen mucho más estable. En la Frauen-Bundesliga, el FC Bayern Frauen manda con autoridad y cifras ofensivas imponentes, pero sin desbordar por completo el marco competitivo del campeonato. Su ventaja goleadora sobre el segundo clasificado ronda la veintena de goles, un margen considerable que, sin embargo, no desnaturaliza la competición.

Las jugadoras del Bayern de Munich celebrando un gol
@fcbfrauen

La diferencia aparece al observar lo que ocurre inmediatamente por detrás. Los principales perseguidores sostienen registros ofensivos elevados y los duelos directos siguen siendo partidos abiertos, resueltos por matices más que por desequilibrios estructurales. La liga mantiene una jerarquía clara, con un líder definido, pero conserva una tensión competitiva reconocible. Alemania no presenta una liga rota, sino un campeonato ordenado, con escalones visibles y una lógica deportiva que sigue intacta.

Inglaterra e Italia, otra lógica

El mayor contraste con el modelo español aparece en Inglaterra y en Italia, dos ligas donde la diferencia entre liderar y competir sigue siendo reducida. En la Barclays Women’s Super League, la ventaja goleadora del primer clasificado sobre su inmediato perseguidor apenas alcanza media docena de tantos. Los puestos de cabeza conviven en márgenes estrechos y la pelea por el liderato se mantiene abierta, sin que las goleadas alteren de forma decisiva el equilibrio del campeonato.

Vivianne Miedema celebrando un gol con sus compañeras del Manchester City
@viviannemiedema

La Serie A Women ofrece una lectura muy similar. La distancia entre el primero y el segundo se mueve por debajo de los diez goles y, en algunos casos, equipos situados fuera del liderato presentan mejores registros ofensivos. El resultado es una competición más compacta, donde la regularidad pesa más que la contundencia y el título se decide por acumulación de pequeños detalles, no por diferencias estructurales.

El riesgo de una liga previsible

El FC Barcelona es, hoy por hoy, el mejor equipo del mundo y su superioridad deportiva no admite discusión. El debate no nace de sus victorias ni siquiera de la contundencia de muchas de ellas, sino del contexto en el que se producen. El problema aparece cuando ese dominio se ejerce en una liga donde la distancia con el resto no deja de crecer y donde ninguna otra gran competición europea presenta una brecha comparable entre su líder y el conjunto del campeonato.

Alexia Putellas, Kika Nazareth y Ewa Pajor celebran un gol durante el Fc Barcelona – Madrid CFF en el estadio Johan Cruyff.
EFE/ Quique García

Los resultados abrumadores no son episodios aislados ni simples anomalías estadísticas, sino señales de un desequilibrio más profundo. Reflejan una competición que corre el riesgo de volverse previsible si no se corrigen las diferencias estructurales entre clubes. Por eso, la discusión no debería centrarse únicamente en el Barcelona, sino en el modelo competitivo de la Liga F Moeve y en el tipo de campeonato que aspira a construir a medio y largo plazo.

Porque cuando la desigualdad deja de ser una excepción y se convierte en norma, el verdadero interrogante ya no es quién gana, sino qué acaba perdiendo la competición en el camino.