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Sofía Fuente, la portera imprescindible en el ascenso del Alavés y ‘alumna’ de Misa: “He aprendido mucho de ella”

La portera madrileña analiza la temporada, su crecimiento y el salto a Liga F Moeve en una entrevista exclusiva en Artículo 14: “Sabía que estaba preparada"

El Deportivo Alavés ha firmado una de esas temporadas que marcan un punto de inflexión. El conjunto vitoriano regresa a Liga F Moeve después de un año en el que ha sabido competir con madurez, constancia y una idea de juego muy clara. El ascenso no solo responde al rendimiento de este curso, sino también a la reacción de un equipo que supo levantarse tras quedarse a un paso del objetivo la temporada anterior. Aquella decepción se transformó en carácter competitivo y en una ambición sostenida durante todo el año.

El crecimiento del equipo se ha construido desde una base sólida, con una estructura defensiva que ha marcado diferencias en la categoría. Los números lo reflejan: apenas 14 goles encajados en 24 partidos, el mejor registro defensivo del campeonato. En ese contexto, la portería ha sido un factor determinante.

Ahí es donde cobra protagonismo Sofía Fuente. A sus 20 años, la guardameta madrileña ha dado un paso definitivo en su carrera, dejando atrás la etiqueta de promesa para consolidarse como una pieza clave en el éxito del equipo. Su rendimiento bajo palos ha sido uno de los pilares sobre los que se ha sostenido el ascenso.

Sofía Fuente, portera del Deportivo Alavés
Deportivo Alavés

El camino hacia la élite

El Alavés ha sabido sostener el ritmo, mantener la regularidad y responder en los momentos más determinantes del curso, mostrando la madurez de un equipo que perseguía un ascenso: “Era algo que llevaba tiempo persiguiendo. Jugar en Liga F era un objetivo claro para mí, y conseguirlo con este grupo lo hace aún más especial”, explica Sofía, una de las protagonistas de ese recorrido.

El salto a la élite, sin embargo, abre un nuevo escenario. La exigencia crecerá en todos los aspectos y el margen de error será menor. La portera es consciente de lo que está por venir: un fútbol más rápido, más físico y con mayor nivel competitivo: “Vamos a notar diferencias en todo: físico, calidad, experiencia… pero trabajaremos para adaptarnos lo antes posible y competir desde el primer día”, asegura.

Un salto que marcó su carrera

El punto de inflexión en la carrera de Sofía Fuente llegó cuando decidió salir del Real Madrid. Este cambio fue el resultado de una reflexión clara sobre su momento profesional. Dejaba atrás uno de los entornos más exigentes del fútbol español, pero también entendía que necesitaba algo diferente para seguir creciendo.

En estructuras de ese nivel, el salto al primer equipo no siempre es inmediato. La competencia es máxima y las oportunidades, limitadas. Ante ese escenario, Sofía optó por priorizar su desarrollo: “Llega un momento en el que tienes que decidir si esperar o salir. Yo sentía que no estaba aprovechando el tiempo y necesitaba competir, tener minutos, crecer”, explica.

Su decisión refleja una mentalidad ambiciosa, alejada de la comodidad. Apostó por exponerse, por asumir riesgos y por buscar un contexto donde pudiera evolucionar desde el protagonismo: “Si algo tiene que pasar en el futuro, pasará. Pero mientras tanto, yo necesitaba mejorar jugando”.

El tiempo, y su rendimiento esta temporada, han terminado por confirmar que aquel paso fue el correcto.

Seguridad que sostiene al equipo

La irrupción de Sofía en el Deportivo Alavés se explica, en gran medida, por una cualidad imprescindible en su posición: la capacidad de transmitir tranquilidad. En la portería, la confianza no es solo una cuestión individual, sino un elemento que condiciona el rendimiento de toda la línea defensiva. Y en ese aspecto, su impacto ha sido inmediato.

Desde que asumió la titularidad en las primeras jornadas del campeonato, su presencia bajo palos se ha convertido en un punto de estabilidad para el equipo. Regularidad, fiabilidad y seguridad han sido constantes en su rendimiento, hasta consolidarse como una pieza clave en el sistema: “En la portería lo más importante es la seguridad que transmites. Eso es lo que buscan los equipos: alguien que dé confianza a sus compañeras”, afirma.

Esa firmeza no solo se sostiene en lo técnico. Hay un componente mental que explica su evolución. Solo en la primera jornada, precisamente ante el Real Madrid, no partió como titular; a partir de ahí, se adueñó de la portería durante el resto de la temporada. Su convencimiento, incluso en ese inicio, no se resintió y terminó siendo clave para asentarse en el once: “Sabía que estaba preparada. Tenía buenas sensaciones y confiaba en que iba a tener muchos minutos”, afirma la portera.

A esa seguridad se suma una presencia constante en el juego. Desde la portería, organiza, corrige y acompaña a su defensa con una comunicación continua que resulta clave en la estructura del equipo. Un liderazgo muchas veces imperceptible desde fuera, pero esencial para entender la solidez del Alavés.

La portera Sofía Fuente haciendo una parada
Deportivo Alavés

La fuerza está en la mente

Si hay un elemento que explica el rendimiento de la portera madrileña a lo largo de la temporada es su trabajo en el plano psicológico. Más allá de lo físico o lo técnico, la futbolista sitúa la gestión mental como el verdadero punto de equilibrio en su juego: “El aspecto mental es lo más difícil. Puedes estar muy arriba un día y muy abajo al siguiente por cosas que no dependen de ti”, reconoce.

En una posición tan expuesta como la portería, donde cada intervención puede marcar el resultado, la estabilidad emocional se convierte en una herramienta imprescindible. Consciente de ello, Sofía ha incorporado el trabajo psicológico como parte fundamental de su preparación, apoyándose en profesionales para desarrollar recursos que le permitan competir con mayor regularidad: “Intento que mi confianza no dependa de si juego o no. Tiene que depender de mí, de lo que sé que puedo hacer”, afirma.

Esa construcción interna se traduce también en hábitos concretos. Antes de cada partido, establece pequeños objetivos que le ayudan a mantener la concentración y a aislarse del contexto externo, una forma de sostener el foco durante los 90 minutos: “Necesito tener la mente ocupada para evitar distracciones y centrarme en lo importante”.

En un deporte donde los detalles marcan la diferencia, su fortaleza mental se ha convertido en uno de los pilares que explican su crecimiento y su rendimiento.

La portería, otro mundo

La portería es un territorio distinto dentro del fútbol. Una posición donde el tiempo se percibe de otra manera, donde la participación en ocasiones puede ser mínima y, sin embargo, decisiva. Es un lugar de máxima exposición, en el que cada acción tiene un peso importantísimo y donde el margen de error es prácticamente inexistente.

Sofía lo asume con naturalidad. Entiende que su rol implica una exigencia constante, tanto a nivel técnico como emocional, y que su rendimiento se mide bajo una lupa diferente: “Es la posición más mental y probablemente la más dura. Puedes estar mucho tiempo sin intervenir y tener que aparecer en un momento decisivo”.

Esa singularidad también se traslada al reconocimiento. En un deporte donde el foco suele estar en quien define, el trabajo defensivo y, especialmente, el de la portería, queda a menudo en un segundo plano: “Es una realidad que a las porteras se nos mide de una manera distinta. Si fallas, es gol. No hay margen. Eso te obliga a convivir con una presión constante”.

La portera Sofía Fuente
Deportivo Alavés

En ese contexto, el error adquiere una dimensión total. No hay segundas oportunidades dentro del mismo partido, ni margen para diluir un fallo entre otras acciones. Una exigencia silenciosa, pero permanente, que define la naturaleza de una posición tan determinante como, en ocasiones, incomprendida.

El error como aprendizaje

En la portería, el fallo no se esconde. Cada error queda expuesto y, en muchos casos, tiene consecuencias inmediatas en el marcador. Por eso, la forma de gestionarlo no solo marca el rendimiento, sino también la evolución de una guardameta.

Fuente entiende el error como parte del proceso. Lejos de esquivarlo, lo integra como una herramienta imprescindible para mejorar y seguir creciendo: “Si quieres mejorar, tienes que analizar los errores, entenderlos y trabajarlos”, admite.

Esa mirada analítica, sin embargo, convive con otra necesidad igual de importante: la capacidad de pasar página en pleno partido. En una posición donde cada acción es definitiva, quedarse anclada en el fallo puede resultar determinante: “Lo peor que puedes hacer es intentar arreglar un error inmediatamente. Ahí es cuando vuelves a equivocarte. Hay que mantener la calma y seguir”.

En ese equilibrio entre autocrítica y control emocional se construye su madurez competitiva. Una gestión del error que no solo define su presente, sino también su proyección.

Mirar siempre hacia delante

El recorrido de la portera ya incluye logros relevantes en categorías inferiores, pero su discurso no mira hacia atrás. En su caso, el pasado no es un refugio, sino un punto de apoyo desde el que proyectarse hacia lo que está por venir: “Lo que más pesa es lo que me queda por conseguir. El fútbol no tiene memoria, lo importante es lo que haces hoy”, afirma.

Esa forma de entender el juego define su carácter competitivo. El ascenso con el Deportivo Alavés no se plantea como una meta alcanzada, sino como el inicio de una nueva etapa en la élite, donde la exigencia será mayor y el margen de crecimiento, también: “Esto no ha hecho más que empezar. Ahora tengo más ganas que antes de competir en Liga F y demostrar mi nivel”.

Sofía Fuente durante un partido con el Deportivo Alavés
Deportivo Alavés

El trabajo que no se ve

El nivel que muestra Sofía Fuente sobre el césped es solo la parte visible de un trabajo mucho más amplio. Detrás de cada partido hay una rutina exigente, constante y, en muchos casos, invisible para el espectador. El fútbol profesional no se reduce a los 90 minutos ni a las sesiones de entrenamiento: implica una dedicación total que abarca cada aspecto del día a día: “No son solo las horas de entrenamiento. Es todo: alimentación, descanso, preparación, análisis… prácticamente toda tu vida gira en torno a esto”.

Esa disciplina individual se complementa con un compromiso colectivo que ha sido clave en el rendimiento del equipo. El Alavés ha construido su éxito desde la capacidad de adaptarse a cada contexto, priorizando siempre el objetivo común por encima de lo individual: “Hemos sabido anteponer el grupo a lo individual y adaptarnos a lo que necesitaba cada partido”, reconoce.

Una forma de entender el fútbol que no siempre se percibe desde fuera, pero que sostiene los resultados dentro del campo.

Un ascenso con sabor agridulce

El día que confirmó el ascenso del Deportivo Alavés estaba llamado a ser uno de los momentos más especiales de la temporada. Y lo fue, aunque no de la manera habitual para Sofía. En pleno partido decisivo, una lesión en el peroné la obligó a abandonar el terreno de juego, cambiando por completo su forma de vivir un logro colectivo que llevaba meses persiguiendo.

Aun así, lejos de quedarse en la frustración, supo encontrar su lugar en la celebración. Desde otra perspectiva, más contenida pero igualmente intensa, acompañó al equipo en un momento que ya forma parte de la historia del club: “Lo viví de otra manera. Tenía dolor y no sabía exactamente qué tenía, pero aun así pude disfrutarlo con el equipo”.

El contraste fue inmediato: de la euforia del ascenso a la incertidumbre médica. Sin embargo, incluso en ese contexto, su mirada sigue puesta en el futuro. La lesión no ha cambiado su enfoque, sino que ha reforzado su determinación: “Ahora mi objetivo es recuperarme bien para llegar en las mejores condiciones a la próxima temporada”.

Una experiencia agridulce que mezcla celebración y pausa obligada, pero que no desvía el rumbo de una temporada que ya es histórica.

Primeros pasos bajo palos

El vínculo de Sofía con el fútbol se remonta a la infancia, en un entorno donde el balón ya formaba parte del día a día. Sus primeros pasos llegaron casi de forma natural, influenciada por lo que veía en casa y por una figura cercana que terminó marcando su posición en el campo: “Empecé porque mi hermano era portero. Probé… y me quedé ahí”.

Desde entonces, la portería se convirtió en su lugar. En ese camino también hubo referentes que ayudaron a moldear su identidad como guardameta. Entre ellos, Iker Casillas, un nombre que marcó a toda una generación y que también dejó huella en sus inicios.

Su progresión no tardó en trasladarse al ámbito internacional. Con la selección española en categorías inferiores, formó parte de una generación muy competitiva, participando en torneos con la sub-17 y la sub-19, donde acumuló experiencia al máximo nivel y dio un paso más en su desarrollo como portera. En ese recorrido, logró proclamarse campeona del mundo sub-17 en 2022, siendo además reconocida con el Guante de Oro a la mejor guardameta del torneo, y campeona de Europa sub-19 en 2023, consolidando su crecimiento en la élite del fútbol formativo internacional.

Sofía Fuente posando con su guante de oro

Hoy, con una trayectoria en crecimiento y tras haber dado el salto a la élite, sus metas siguen apuntando alto: “Me encantaría jugar la Champions y algún día con la selección absoluta”.

Solo el principio

Al final, más allá de paradas, estadísticas o ascensos, la historia de Sofía Fuente es la de una decisión valiente y un crecimiento constante. La de una portera que eligió salir para encontrarse y que, en el camino, se convirtió en una pieza imprescindible. Con el Deportivo Alavés ya instalado en la élite, su figura simboliza algo más que el presente: representa a una generación que compite sin complejos, que entiende el fútbol desde la ambición y que no se conforma con llegar. Porque para Sofía, como para el equipo al que sostiene, esto no es un final. Es solo el comienzo.