Hace menos de un año, Denise Mendoza Parra jamás habría imaginado que acabaría trabajando en un ascensor. Buscaba un cambio profesional cuando una amiga le habló de un curso de formación para acceder al sector. Decidió probar suerte en un mundo que desconocía por completo y hoy trabaja como técnica de ascensores en FAIN, donde se encarga del mantenimiento, resuelve averías y rescata a vecinos que se quedan encerrados. Una experiencia que también quiere convertir en un mensaje para otras mujeres: los oficios técnicos también son para ellas.
“Al principio no tenía ni idea de que un ámbito como este pudiera encajar conmigo. Me encontraba en un momento de mi vida en el que buscaba un cambio importante, tanto a nivel personal como profesional. Fue entonces cuando una amiga, que también estaba comenzando su carrera como técnica de ascensores, me habló de una formación de empleo orientada al sector de la elevación. Me contó su experiencia y me animó a intentarlo. La verdad es que era un mundo completamente desconocido para mí, pero decidí dar el paso y asumir el reto.”
Su labor es sobre todo preventiva y exige recorrer cada día numerosos edificios y enfrentarse a situaciones muy distintas. “Revisamos cada equipo para asegurarnos de que funcione correctamente y, sobre todo, de que sea completamente seguro para las personas que lo utilizan. Es una labor muy importante porque nos permite detectar posibles incidencias antes de que se conviertan en una avería. Además, cada día supone un reto, ya que con la cantidad de ascensores que visitamos nunca sabes qué situación nueva vas a encontrarte”.

La paciencia es fundamental en su día a día para encontrar el problema de cada ascensor sin desesperarse. “En ese tipo de intervenciones la dinámica cambia por completo, porque cada ascensor es diferente y cada avería tiene su propia historia. Nos desplazamos hasta la comunidad afectada y analizamos el problema hasta encontrar su origen. A veces la solución llega enseguida y otras requiere varias horas de trabajo, pero lo importante es mantener la calma, trabajar en equipo y no rendirse hasta dejar el ascensor funcionando de nuevo con todas las garantías de seguridad.”
Para desarrollar este trabajo no basta con dominar la parte técnica. También son necesarias habilidades personales. “Esta profesión exige un equilibrio entre conocimientos técnicos y habilidades personales. A nivel técnico, es fundamental contar con una buena base de electricidad y electrónica, ya que los cuadros de maniobra y los sistemas digitales son el cerebro del ascensor. También es necesario dominar la mecánica y la hidráulica para comprender el funcionamiento y el desgaste de motores, cables y demás componentes. Por supuesto, conocer y aplicar rigurosamente las normas de seguridad y prevención de riesgos laborales es imprescindible, ya que trabajamos en espacios confinados y, en muchas ocasiones, en altura.

Pero las habilidades personales son igual de importantes. Destacaría la capacidad de análisis, la paciencia para diagnosticar averías complejas sin frustrarse y la capacidad de adaptación, porque cada ascensor y cada incidencia son diferentes. Además, el compañerismo y el trabajo en equipo son esenciales.”
Uno de los mayores temores de muchos es quedarse atrapado en un ascensor. El principal consejo de Denise: actuar con calma. “Los ascensores cuentan con numerosos sistemas de seguridad independientes, por lo que no existe riesgo de que la cabina se desplome como muchas personas creen. Lo correcto es pulsar el botón de emergencia o utilizar el sistema de comunicación bidireccional para contactar con el centro de control y esperar la llegada del técnico. Nunca se debe intentar salir por los propios medios ni permitir que otra persona trate de abrir el ascensor utilizando una llave o manipulando las puertas. Ese tipo de rescates está prohibido y puede poner en grave riesgo tanto a quien está atrapado como a quien intenta ayudar. En FAIN nos tomamos estas incidencias muy en serio. Nuestro tiempo medio de llegada a un rescate es de unos 30 minutos”.
Aunque todavía está dando sus primeros pasos en la profesión, ya ha tenido que enfrentarse a intervenciones especialmente exigentes. “Uno de los mayores retos para mí ha sido adaptarme al esfuerzo físico que requieren algunas averías mecánicas. Además, siento una especial curiosidad por los ascensores hidráulicos, así que siempre me ilusiona cuando nos toca trabajar con uno.”

La mayor recompensa llega cuando devuelve la tranquilidad a los vecinos: “Lo más gratificante es saber que, de alguna manera, estoy ayudando a mejorar el día a día de las personas. Soy una persona muy empática y me gusta conectar con la gente, así que ver la tranquilidad de los vecinos cuando su ascensor vuelve a funcionar correctamente es una enorme satisfacción. Lo mejor de este trabajo es contribuir a garantizar la seguridad de las personas y terminar cada jornada sabiendo que tanto nosotros como quienes utilizan los ascensores pueden volver a casa con tranquilidad.”
Trabajar en un sector tradicionalmente masculinizado todavía sigue llamando la atención de algunas personas, aunque su experiencia ha sido muy positiva: “La verdad es que nunca deja de sorprenderme. A veces notas muchas miradas mientras simplemente estás intentando hacer tu trabajo. Al principio es inevitable preguntarte qué pensarán al ver a una mujer ejerciendo esta profesión y si confiarán en ti para manipular su ascensor. Desde el primer día, mis compañeros me han tratado como a una más, a pesar de ser la única mujer técnica del equipo, y eso me ha dado muchísima confianza. En la calle también recibo comentarios muy bonitos. Muchos vecinos me dicen que les alegra ver a una mujer trabajando en un oficio como este, que las mujeres valemos exactamente igual y que están encantados de que sea yo quien se encargue de su ascensor. Esas muestras de apoyo hacen que cualquier duda inicial desaparezca”.
Además de desmontar prejuicios sobre quién puede desempeñar este oficio, también quiere acabar con algunos de los mitos más extendidos sobre los ascensores. “El mito que más me gustaría desmontar es el de que una persona puede quedarse sin oxígeno si queda atrapada en un ascensor. Eso es completamente falso. Todos los ascensores disponen de sistemas de ventilación, por lo que los usuarios pueden estar tranquilos. En cuanto a la seguridad, creo que la prevención es fundamental. Mis principales recomendaciones son prestar especial atención al entrar y salir del ascensor, especialmente cuando se viaja con niños, mascotas o carritos; respetar siempre la carga máxima permitida y, sobre todo, no utilizar nunca un ascensor que esté señalizado con el cartel de ‘Ascensor en revisión’. Y, si alguna vez una persona queda atrapada, es importante recordar que nadie debe intentar rescatarla utilizando la llave del ascensor ni manipulando el equipo. Lo correcto es avisar al servicio de emergencia mediante el sistema de comunicación del ascensor y esperar la llegada de un técnico especializado, que realizará el rescate siguiendo todos los protocolos de seguridad”, añade.
Y anima a otras mujeres a seguir su camino. “Al final, la única persona que tiene que creer en tus capacidades eres tú. No dejes que los estereotipos marquen el camino que quieres seguir. Convierte esas dudas en tu mayor motivación y demuestra todo lo que eres capaz de conseguir.”
Hace menos de un año desconocía por completo este oficio. Hoy no solo ha encontrado una profesión que le apasiona, sino que espera que su experiencia anime a otras mujeres a descubrir su profesión.

