La vivienda se dispara un 36% en tres años, tres veces más que los sueldos, y obliga a pedir hipotecas cada vez mayores

Las compraventas caen un 2,6%, pero las hipotecas crecen un 6,7% mientras los compradores necesitan financiar importes cada vez mayores

Mujer mira el precio de la vivienda - Economía
Una mujer observa el escaparate de una agencia inmobiliaria en el centro de Oviedo.
EFE

Comprar una casa en España se ha convertido en una carrera en la que los salarios avanzan mucho más despacio que los precios. Durante los últimos tres años, el precio de la vivienda se ha incrementado alrededor de un 36,3%, mientras que la evolución estimada de los sueldos se sitúa cerca del 12,3%. Es decir, los inmuebles se han encarecido aproximadamente tres veces más rápido que los ingresos de los trabajadores.

El desequilibrio ayuda a explicar por qué una parte creciente de la población encuentra cada vez más complicado acceder a una vivienda en propiedad. El problema ya no se limita a pagar la futura hipoteca: cada subida del precio obliga también a disponer de más ahorro previo para afrontar la entrada.

El último Índice de Precios de Vivienda del INE confirma que la escalada continúa. En el segundo trimestre de 2026, los precios aumentaron un 12,2% respecto al mismo periodo del año anterior. La vivienda usada, que representa la mayor parte de las operaciones, se encareció todavía más: un 12,9%.

Los pisos suben mucho más rápido que los salarios

El precio de la vivienda lleva creciendo de forma prácticamente ininterrumpida desde 2014, pero la aceleración de los últimos ejercicios resulta especialmente intensa. A mediados de 2023, la tasa interanual apenas alcanzaba el 3,6%. Tres años después supera ampliamente el 12%.

Los salarios no han seguido el mismo ritmo. El último dato anual completo del INE sitúa la remuneración media en 29.540 euros brutos durante 2024. Para aproximarse a 2026 es necesario recurrir a otros indicadores, como los convenios colectivos: hasta agosto, los incrementos salariales pactados alcanzaban de media el 3,04%.

Combinando esas referencias, la evolución salarial acumulada durante los últimos tres años se situaría alrededor del 12,3%, muy lejos del avance registrado por los inmuebles.

La diferencia no es únicamente estadística. Significa que incluso hogares cuyos ingresos aumentan pierden capacidad relativa para comprar una casa, porque el activo que intentan adquirir se encarece mucho más deprisa.

Comprar una vivienda vuelve a exigir años de ingresos

El precio de la vivienda
Un cartel en una entidad bancaria anuncia hipotecas.
EFE

La brecha se observa también cuando se compara el valor de los inmuebles con la renta de los hogares. El Banco de España lleva tiempo advirtiendo del elevado esfuerzo necesario para convertirse en propietario, especialmente en grandes ciudades y áreas metropolitanas.

Sus últimos análisis muestran que el esfuerzo puede superar ampliamente los ocho años de renta en determinados mercados urbanos. Madrid, Barcelona o Málaga presentan algunos de los desequilibrios más acusados para los hogares que todavía no tienen una vivienda en propiedad.

La directora de Estudios de Fotocasa, María Matos, resume el problema señalando que “la necesidad de acceder a una vivienda continúa siendo muy elevada, pero cada vez resulta más difícil transformar esa necesidad en una compra”.

Faltan viviendas y sobran compradores

Detrás de la escalada del precio de la vivienda aparece un problema estructural: la oferta no crece al mismo ritmo que la creación de nuevos hogares.

El Banco de España calcula que entre 2021 y 2025 se acumuló un déficit aproximado de 750.000 viviendas, resultado de comparar los nuevos hogares creados con las casas terminadas durante ese periodo.

Fotocasa sitúa las necesidades anuales por encima de las 200.000 viviendas, mientras que la producción residencial se mueve alrededor de 100.000 unidades. Esa diferencia mantiene una fuerte presión sobre los precios, especialmente en las zonas con mayor crecimiento demográfico y económico.

“El problema radica en la limitada oferta de viviendas disponibles”, explica Matos. Mientras esa brecha continúe, una reducción sustancial de los precios resulta difícil incluso aunque la demanda empiece a enfriarse.

Las ventas caen, pero las hipotecas siguen creciendo

Los primeros síntomas de agotamiento ya aparecen en las compraventas. Entre enero y junio de 2026 se vendieron 347.464 viviendas, un 2,6% menos que durante el mismo periodo del año anterior.

El comportamiento de las hipotecas, sin embargo, va en la dirección contraria. Durante el primer semestre se formalizaron 259.684 préstamos sobre viviendas, un 6,7% más, el volumen más elevado para ese periodo desde 2010.

El importe medio alcanzó en junio los 178.365 euros, un 6% más que un año antes. Los compradores necesitan, por tanto, recurrir a cantidades mayores de financiación para acceder a inmuebles cada vez más caros.

Ricard Garriga, director general de Trioteca, señala que el obstáculo aparece incluso antes de acudir al banco: “Muchos hogares pueden asumir una cuota mensual, pero cada subida del precio eleva también el ahorro que necesitan aportar”.

La vivienda expulsa progresivamente a parte de la demanda

La consecuencia es un mercado cada vez más selectivo. Quienes no pueden seguir la escalada del precio de la vivienda reducen superficie, amplían su búsqueda hacia municipios más alejados o aplazan la compra.

Ese desplazamiento está llevando además la presión hacia territorios que hasta hace pocos años ofrecían alternativas más asequibles. La demanda abandona los centros más caros, pero termina trasladando parte de la tensión a las zonas periféricas.

España se enfrenta así a una paradoja: sigue existiendo una demanda elevada y el mercado hipotecario conserva fortaleza, pero cada vez más hogares quedan fuera por falta de ahorro o capacidad económica. Mientras los salarios avanzan alrededor del 3% anual y la vivienda continúa creciendo a ritmos de dos dígitos, la distancia entre los ingresos y el precio necesario para tener una casa continúa ampliándose.

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