Profesiones imposibles

Manuela Feo, experta en control de plagas: “También hay hombres que detestan los bichos, pero les cuesta más admitirlo”

En un ámbito tradicionalmente masculino, ha tenido que soportar durante años los prejuicios asociados a ser mujer

Manuela Feo lleva 22 años dedicada al control de plagas. Cuando empezó, en 2004, apenas había mujeres en el sector. Dos décadas después, es responsable técnica en Anticimex Madrid y sigue encontrándose con clientes que se sorprenden cuando la profesional que entra por la puerta es ella.

Lo primero que quiere dejar claro es que la imagen clásica del fumigador ha quedado atrás. “El término fumigador está desfasado. Somos técnicos en control de plagas con una formación específica. La idea que tenemos de un fumigador es la de un señor con una pulverizadora, pero hoy en día apenas utilizamos productos biocidas”.

Su trabajo tiene mucho más que ver con la biología, la prevención y el análisis que con la aplicación de productos químicos. “Nos basamos en el ciclo biológico del animal, en su comportamiento y en sus hábitos. En Anticimex, trabajamos con un enfoque basado en datos y prevención, tomando información que analizamos y estudiamos para minimizar su presencia en casas, comercios, industrias o municipios”.

La llegada a esta profesión fue casi casual. “No es una profesión con la que sueñes cuando eres pequeña. De hecho, yo no supe de su existencia hasta 2004, cuando buscaba empleo relacionado con mi formación en Ciencias Biológicas”. Desde entonces ha sido testigo de la transformación de un sector que, asegura, “se ha especializado, se ha profesionalizado y utiliza tecnología como los sistemas de teledetección”.

También ha cambiado la forma de trabajar. “Hace veinte años íbamos con el pulverizador y el insecticida a todos lados. El servicio se basaba en la aplicación de insecticidas y rodenticidas”. Hoy, explica, “la tendencia es minimizar su uso, respetando el medioambiente y fomentando la biodiversidad”.

Entre las incidencias más frecuentes están los roedores. “Las incidencias por rata gris, rata negra o ratón doméstico son muy frecuentes”. También abundan las cucarachas, las hormigas y las chinches de la cama.

A lo largo de su carrera ha visto situaciones difíciles de olvidar. “Las más impactantes suelen ser cuando tienes que entrar en una vivienda por petición de Servicios Sociales y te encuentras con casos de síndrome de Diógenes. O cuando tienes que hacer una desinfección en una morgue”.

Aunque trabaja rodeada de insectos y roedores, asegura que nunca ha sido especialmente aprensiva. “Por norma general, los insectos no me producen asco ni miedo”. Sin embargo, reconoce que hay excepciones: “Si tengo que elegir algo que me dé temor y asco a la vez, serían las avispas y las garrapatas”.

Sobre el tópico de que las mujeres sienten más rechazo hacia los insectos, es falso, asegura. “Es un cliché. Es verdad que es más habitual encontrar mujeres aprensivas, pero también hay hombres que detestan los bichos o que les tienen auténtico terror, aunque les cuesta más admitirlo”.

Lo que sí ha tenido que soportar durante años son los prejuicios asociados a ser mujer en un ámbito tradicionalmente masculino. “Recuerdo entrar en las industrias con vergüenza porque se te quedaban todos mirando. Me cantaban la de ‘Dame veneno’ de Los Chunguitos o me llamaban ‘Cazafantasmas’”.

Y no siempre la reconocían como la responsable. “A veces se dirigen a tu compañero hombre cuando la responsable eres tú”. Aunque la situación ha mejorado, todavía queda mucho camino por recorrer. “Cada vez hay más mujeres, pero falta mucho para que exista una paridad real”.

Otra de las ideas que intenta desterrar es que el control de plagas consiste únicamente en aplicar productos químicos. “A veces es complicado hacer entender la importancia de tomar medidas preventivas”. La clave, explica, está en comprender el origen del problema. “Hay que entender cuál es el origen de estas plagas, dónde habitan y cómo pueden entrar en tu casa”.

Lo más difícil de erradicar: “las chinches de la cama son probablemente las más persistentes”. Explica que pueden pasar meses sin alimentarse, desplazarse en maletas y esconderse con facilidad. “Además, tienen una respuesta de alarma ante los biocidas y reaccionan químicamente cuando detectan compuestos tóxicos en el ambiente”.

Por eso los tratamientos también han evolucionado. “Nosotros utilizamos tratamientos por calor y desecantes para su eliminación. Son los sistemas más eficaces”.

Tampoco recomienda intentar resolver una infestación sin ayuda profesional. “Los errores en la praxis son los más habituales, el uso de remedios caseros o de insecticidas de uso doméstico sin conocimiento. Finalmente, cuando la plaga ya se ha hecho con su casa, nos llaman”.

Su trayectoria demuestra hasta qué punto ha cambiado una profesión que muchos siguen asociando únicamente a una hombre que “echa veneno”. Un trabajo que hoy, como ella misma reivindica, tiene mucho más que ver con la prevención, la ciencia y el conocimiento del comportamiento animal que con la imagen tradicional del fumigador.