Desde sus primeros años trabajando en barrios informales de Buenos Aires, Mercedes Bidart intuyó que su vocación parecía orientada a transformar el mundo desde la política pública. Sin embargo, el contacto directo con emprendedoras excluidas del sistema financiero le reveló que los sistemas existentes dejaban fuera a millones de personas. Fue entonces cuando decidió cambiar su camino, y las propias reglas, para aportar soluciones desde otro lugar.
Esa visión tomó forma en Quipu, una plataforma que utiliza inteligencia artificial para evaluar la solvencia de quienes nunca han accedido al crédito formal. Su propuesta se basa en analizar datos cotidianos, desde flujos de ingresos hasta el uso del teléfono móvil, para generar nuevas oportunidades de financiación. Este enfoque innovador y de impacto social le ha valido el reconocimiento del Premio Girona CreaEmpresa 2026, destacando su contribución a democratizar el acceso al crédito en América Latina.
¿Cómo nace su idea de emprender tan ligada al impacto social?
Crecí en Buenos Aires. Aunque mis padres tenían un negocio de cortinas, a mí no me despertó ningún interés. Mi sueño inicial era ser presidenta del Gobierno para poder cambiar el mundo, lo que me llevó a estudiar Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires. Durante años trabajé con comunidades vulnerables junto a TECHO y colaboré con gobiernos locales desde CIPPEC. Desde el inicio, mi vocación estuvo ligada al impacto social.
¿Esto le permitió entender lo que no funcionaba?
Vi de cerca una paradoja persistente. Miles de personas respaldan economías enteras desde la informalidad, pero son invisibles para el sistema financiero. Había políticas y programas, pero no alcanzaban. La velocidad del problema superaba la capacidad de respuesta institucional.
“Miles de personas respaldan economías enteras desde la informalidad, pero son invisibles para el sistema financiero”
¿La tecnología supuso el revulsivo definitivo?
En 2017, di un paso decisivo al trasladarme a Estados Unidos para estudiar planificación urbana en el MIT. Lo que comenzó como una búsqueda académica terminó convirtiéndose en una solución concreta. Fue el primer esbozo de Quipu. La idea era simple, pero disruptiva: ¿y si en lugar de analizar el pasado financiero, inexistente o negativo para millones de personas, se evaluara el presente? ¿Y si los datos cotidianos pudieran contar la verdadera historia de un negocio?
Revolucionó el sistema de créditos.
Quipu nació en 2021 y encontré en Colombia el terreno ideal para crecer. Allí, donde gran parte de la economía se mueve fuera de los canales formales, la plataforma comenzó a ofrecer crédito basado en la realidad actual del emprendedor. Era algo inédito. En lugar de pedir historiales imposibles, el sistema analiza patrones reales, como ingresos, comportamiento digital, uso del teléfono, dinámica del negocio. Con esa información, construye perfiles crediticios alternativos en cuestión de segundos.
“Ofrece crédito basado en la realidad actual, no en su historial”
Después de cinco años, ¿qué resultados tangibles ofrece ya?
Más de 40.000 personas han accedido por primera vez a financiación formal. Actualmente, Quipu otorga miles de créditos mensuales y moviliza millones de dólares en capital productivo. Nos permite apoyar financieramente a quien es rechazado en cualquier otro banco”. Gracias a ellos, han sacado adelante negocios de manicura, estética, restauración, comercio, etc. Cada uno con una historia humana, como el de un matrimonio que se mudó a Bogotá sin ni siquiera tarjeta de crédito. Abrieron una tienda de barrio y fuimos su primer crédito. Su mujer pudo dejar atrás el gota a gota.

¿El gota a gota es una solución tramposa?
Es un sistema de préstamo informal al que se ven empujadas muchos ciudadanos de Latinoamérica que necesitan un crédito para emprender. No hay bancos detrás ni entidades supervisadas por el Estado. Es muy agresivo y causante de mucho malestar mental por los tipos de interés desorbitados cuando no se puede saldar la deuda. El pago es diario, semanal o quincenal, gota a gota, y en persona. No hay contrato y, por tanto, tampoco protección.
Frente a esta práctica, usted apostó por un sistema basado en datos.
El crecimiento de Quipu no ha sido casual. Desde sus inicios, busqué un enfoque riguroso basado en datos y alianzas estratégicas con actores clave del ecosistema financiero. El modelo no solo ofrece crédito directo, sino también infraestructura tecnológica para bancos, billeteras digitales y cooperativas. Esa visión de convertirme en un buró de crédito para la economía informal fue ambiciosa y encontré resistencias, pero responde a una realidad contundente. Más de la mitad de la fuerza laboral en América Latina opera fuera del sistema financiero tradicional.
“Más de la mitad de la fuerza laboral en América Latina opera fuera del sistema financiero tradicional”
¿Supone otro modo de mirar el riesgo?
Donde otros ven incertidumbre, yo vi información no utilizada. Los datos no deberían excluir, deberían incluir. Esa idea, que parece evidente, implica pasar de castigar el pasado a confiar en el presente. De medir carencias a identificar potencial.
Los créditos tradicionales penalizan desproporcionadamente a las mujeres. ¿Cómo salva este agravio?
El modelo de créditos Quipu elimina sesgos de género al utilizar inteligencia artificial que analiza datos alternativos del presente. Es un enfoque que ignora reportes negativos o inexistentes en centrales de riesgo, comunes entre mujeres en la economía informal (que representan la mayoría de micronegocios). La plataforma se entrena con miles de datos, incluyendo un alto porcentaje de mujeres (alrededor del 50% de créditos otorgados), lo que permite que el algoritmo aprenda patrones equitativos y evite sesgos inherentes a modelos bancarios convencionales. La tecnología hace que el dinero deje de fluir de manera excluyente.

A sus logros suma ahora el Premio Princesa Girona.
Más que un premio, es un reconocimiento que me enorgullece. Quipu es una innovación que no se limita a la tecnología, sino que redefine quién puede participar en la economía. Ahora miro hacia adelante. Mi objetivo es escalar el modelo de Quipu a toda América Latina y alcanzar a millones de trabajadores que hoy siguen fuera del sistema. Cambiará las reglas del juego para una parte esencial —y hasta ahora ignorada— de la economía. Y quizá ese sea, en el fondo, el verdadero motivo de su reconocimiento: haber demostrado que, con las herramientas adecuadas, incluso lo invisible puede volverse imprescindible.
Tomó un camino distinto a la política, ¿siente que está logrando el mismo impacto?
Entiendo la empresa como herramienta de transformación social y la ventaja es que Quipu no tiene límites geográficos. Este reconocimiento internacional y el respaldo de instituciones como el Banco Mundial o el BID confirman que la inclusión financiera no es solo una cuestión económica, sino de justicia.
