La Nueva Romareda vivió este martes una de esas jornadas que, sin decidir nada por sí solas, sí ayudan a medir en qué punto real se encuentra una candidatura. Zaragoza recibió la visita técnica de una delegación de la FIFA y de la Real Federación Española de Fútbol dentro del proceso de evaluación de las ciudades que aspiran a formar parte del Mundial de 2030, organizado por España, Portugal y Marruecos. La alcaldesa, Natalia Chueca, resumió el balance con una frase muy clara: “Se han ido muy contentos”. Eso, después de una jornada de reuniones, revisión técnica y visita a las obras del nuevo estadio.
La inspección no fue un gesto protocolario. Forma parte de la ronda de visitas que la FIFA está realizando a distintas sedes candidatas para comprobar sobre el terreno el grado de avance de los proyectos, su viabilidad y la capacidad real de cada ciudad para responder a las exigencias de un torneo de esa magnitud. AS recordaba este mismo miércoles que el proceso de selección sigue abierto y que la RFEF trabaja aún sobre un mapa de sedes en movimiento, con visitas técnicas en marcha y con varias ciudades pendientes de examen. En ese contexto, la cita de Zaragoza tenía un peso evidente.
Qué vino a revisar la FIFA en Zaragoza
La jornada se centró en dos planos distintos:
- Por un lado, la parte institucional y documental: reuniones técnicas para repasar la candidatura, estudiar infraestructuras, logística, movilidad, seguridad, capacidad hotelera y espacios de trabajo para medios y organización.
- Por otro, la parte física: la visita a las obras del estadio para comprobar el estado real de la Nueva Romareda y el grado de encaje del proyecto dentro de los estándares exigidos para el Mundial.
Cadena SER explicó que la reunión matinal se centró precisamente en esos aspectos técnicos, mientras que por la tarde la delegación se desplazó al recinto acompañada por responsables municipales, federativos y del Real Zaragoza.
El Real Zaragoza, que también informó oficialmente de la visita, subrayó que el objetivo era “analizar el cumplimiento de los estrictos requerimientos exigidos para ser sede anfitriona” y certificar el avance en la construcción y diseño del nuevo estadio. Ese matiz es importante: no se trataba solo de escuchar promesas o revisar planos, sino de confrontar el relato institucional con el estado efectivo de una obra que Zaragoza considera clave no solo para el club, sino para su posición en el mapa del Mundial 2030.
Una candidatura que se apoya en una obra singular
Uno de los argumentos que Zaragoza está utilizando con más fuerza es que la Nueva Romareda no es una reforma parcial, sino un estadio levantado prácticamente desde cero. Chueca insistió en ello al destacar que se trata del único gran estadio español del Mundial 2030 que se está construyendo íntegramente de nueva planta, lo que permite adaptar desde el origen todos los requerimientos técnicos de la FIFA.
Esa idea aparece repetida en varios medios aragoneses y nacionales y forma parte del núcleo de la candidatura: ofrecer una sede diseñada ya con lógica mundialista, no una instalación preexistente corregida sobre la marcha.

A eso se suma otro mensaje político que la ciudad quiere proyectar: la coordinación institucional. Tanto Chueca como la RFEF han insistido en los últimos meses en el entendimiento entre Ayuntamiento, Gobierno de Aragón, Federación Aragonesa y club. En febrero, el presidente de la Federación, Rafael Louzán, visitó las obras y agradeció expresamente ese esfuerzo conjunto, llegando a afirmar que Zaragoza va a ser “una gran sede del Mundial 2030”. Esa imagen de bloque unido tiene valor en un proceso donde otras candidaturas han mostrado tensiones locales, dudas financieras o conflictos políticos que debilitan su posición.
“Todo va según el cronograma previsto”
Tras la visita, Natalia Chueca defendió que la Nueva Romareda avanza dentro de los plazos comprometidos. Según explicó, en estos momentos trabajan en la obra unas diez grúas y alrededor de 200 operarios, con toda la huella del estadio ya marcada sobre el terreno. La alcaldesa sostuvo que el proyecto marcha “fenomenal” y que la delegación internacional se llevó una impresión muy positiva del trabajo realizado en Zaragoza.
Ese discurso es clave porque la Nueva Romareda compite en un tablero en el que no basta con tener un buen diseño. Hace falta demostrar seguridad jurídica, cronograma creíble, respaldo institucional y capacidad urbana para absorber un evento de escala global. El estadio es la pieza central, pero no la única. La FIFA también examina accesos, transporte, hospitalidad, espacios auxiliares y operatividad general de la sede. En ese terreno, Zaragoza quiere vender una ventaja comparativa: una ciudad manejable, bien conectada y con un proyecto de estadio muy avanzado en su definición.
