En plena ola de calor de Los Ángeles, Anne Hathaway acudió al estreno mundial de su nueva película, El final de Oak Street, con un conjunto pensado para que su embarazo quedara a la vista. La actriz, de 43 años, apareció en el Steven J. Ross Theater de los estudios Warner Bros. con un top que dejaba al descubierto la barriga y unos vaqueros de tiro bajo. Bastaron unas horas para que las fotografías desencadenaran una discusión que tuvo bastante menos que ver con la película que con el aspecto que, según algunos usuarios de redes sociales, debería tener una mujer embarazada.
Hathaway y su estilista, Erin Walsh, eligieron para la ocasión un top halter a medida de Atelier Prabal Gurung, confeccionado en Mikado de seda azul. La pieza tenía un corte asimétrico que dejaba el vientre completamente visible y una larga cola con forro carmesí. En lugar de combinarlo con una falda o unos pantalones de vestir, la actriz llevó unos vaqueros Jenny de La Ligne, holgados y de tiro bajo.
Walsh resumió el resultado en Instagram como «supernova mama energy». La mezcla de alta costura y denim continuaba una manera de vestir el embarazo que en los últimos años ha ganado terreno entre las celebridades. La barriga ya no tiene por qué quedar disimulada bajo tejidos amplios ni integrarse discretamente en el vestido. Puede ocupar el centro del estilismo.
Internet, sin embargo, encontró otro asunto sobre el que discutir.
Poco después de que las imágenes comenzaran a circular, aparecieron comentarios que aseguraban que la barriga de Hathaway era una prótesis. Algunos usuarios consideraban que su forma o su ombligo parecían «falsos» y otros utilizaron sus propias experiencias de embarazo para argumentar que el cuerpo de la actriz no podía ser real.
Las críticas se extendieron también a la ropa. Los vaqueros fueron descritos como «vulgares», «horribles» o de «mal gusto», mientras otros usuarios responsabilizaban directamente a su estilista. La conversación acabó reproduciendo una costumbre especialmente persistente en torno a las mujeres embarazadas famosas: examinar sus cuerpos como si existiera una forma correcta de tener barriga.
Hathaway tardó poco en responder. El lunes publicó entre sus 44 millones de seguidores de Instagram un vídeo detrás de las cámaras acompañado por cuatro palabras: «Pelo falso, barriga real».
En las imágenes se veía al equipo de belleza preparándola para la alfombra roja mientras la actriz bromeaba sobre las extensiones utilizadas para su voluminosa coleta. El montaje tampoco eliminó un pequeño accidente de vestuario ocurrido durante la fiesta posterior al estreno: una pezonera cayó al suelo mientras Hathaway hablaba con varios invitados y una asistente tuvo que recogerla discretamente.
La actriz había contado también a Entertainment Tonight que estaba disfrutando especialmente de la moda durante este embarazo. «No dura para siempre», explicó. Su intención, dijo, era aprovechar cada momento.
La barriga pasa al primer plano
Hathaway no ha inventado esta forma de vestir el embarazo. Rihanna hizo de ella uno de los elementos más reconocibles de sus dos embarazos, con transparencias, crop tops, encajes y prendas que parecían diseñadas precisamente para señalar aquello que durante décadas la moda premamá trató de suavizar.
Desde entonces, nombres como Sienna Miller, Jennifer Lawrence o Hailey Bieber han llevado a alfombras rojas y actos públicos prendas que dejan la barriga visible. Algunas publicaciones de moda han hablado incluso de estilismos bump-first: conjuntos construidos alrededor del vientre en lugar de diseñados para ocultarlo.
Hathaway se suma ahora a esa tendencia desde una posición particular. Este es su tercer embarazo con su marido, Adam Shulman, después de sus hijos Jonathan, de 10 años, y Jack, de 6. También llega después de que la actriz haya hablado públicamente de las dificultades que encontró para ser madre.
En 2024 reveló que había sufrido una pérdida gestacional en 2015 mientras representaba la obra Grounded. Durante la función tenía que interpretar cada noche a una mujer que daba a luz, mientras fuera del escenario atravesaba su propio aborto espontáneo. Años después explicó que decidió hacerlo público porque no quería seguir fingiendo que su camino hacia la maternidad había sido sencillo.
La llegada de un tercer hijo a los 43 años tampoco formaba parte de sus planes. Hathaway ha explicado que tenía pocas expectativas de volver a quedarse embarazada y que la noticia fue recibida con especial alegría precisamente por su experiencia anterior con la fertilidad.
Meses antes de este estreno había hablado también de otro cambio. Al cumplir los 40, explicó en una entrevista, comprendió que había estado viviendo parte de su vida como si fuera un ensayo general para algo que ocurriría después. La idea de reservar determinadas decisiones para una versión futura de sí misma había dejado de tener sentido.
Ese planteamiento reaparece ahora en la forma en que habla de su embarazo. La actriz no parece especialmente interesada en comportarse como si estos meses fueran un paréntesis que hubiera que atravesar discretamente antes de recuperar su imagen habitual.
Un año especialmente ocupado
El embarazo coincide además con uno de los periodos más prolíficos de la carrera reciente de Hathaway. En 2026 su nombre aparece asociado a algunos de los proyectos más esperados de Hollywood.
Este año ha trabajado en La Odisea, de Christopher Nolan; ha regresado al universo de Miranda Priestly en El diablo viste de Prada 2; y protagoniza Mother Mary, la película de A24 en la que interpreta a una estrella del pop. También estrenará a finales de año Verity. La sombra de un engaño.
Ahora llega El final de Oak Street, dirigida por David Robert Mitchell y producida por J. J. Abrams. Hathaway interpreta a Denise Platt junto a Ewan McGregor. La historia parte de un fenómeno cósmico que arranca un vecindario estadounidense de su entorno habitual y transporta a sus habitantes a un lugar desconocido y peligroso.
El rodaje tuvo lugar en Atlanta, una experiencia que Hathaway ha recordado como una especie de «campamento de dinosaurios» por la cercanía que terminó surgiendo entre el reparto. Durante la presentación en Los Ángeles aprovechó también para agradecer a Mitchell la confianza depositada en los actores para llevar a la pantalla una historia tan particular.
La película, sin embargo, quedó momentáneamente eclipsada por los pantalones de su protagonista.
Las fotografías del estreno muestran hasta qué punto la manera de presentar públicamente un embarazo sigue despertando una vigilancia que rara vez se aplica con la misma intensidad a otros cambios físicos. Hace unas décadas, la norma de la alfombra roja consistía en buscar vestidos que acompañaran la figura sin llamar demasiado la atención sobre ella. Ahora existen actrices dispuestas a hacer exactamente lo contrario, y también una audiencia que puede comentar su cuerpo en tiempo real.
Que una barriga sea demasiado grande, demasiado pequeña, demasiado redonda o demasiado visible puede convertirse inmediatamente en motivo de sospecha. El caso de Hathaway llevó esa lógica hasta un extremo casi paródico: enseñar el vientre para celebrar un embarazo terminó generando acusaciones de que ese mismo vientre ni siquiera existía.
Hathaway todavía tiene por delante la promoción de Verity y, presumiblemente, nuevos estilismos pensados alrededor de un embarazo que ella misma define como inesperado. Por ahora, el look de El final de Oak Street ha demostrado que enseñar una barriga sigue siendo suficiente para que miles de desconocidos crean tener algo que decir sobre ella.

