Gastronomía

Día Internacional de la Croqueta: el curioso origen de una delicia insuperable

El día nos recuerda cómo este bocado crujiente pasó de la alta cocina francesa a convertirse en uno de los grandes iconos de la gastronomía

Croquetas que diferentes cocineros presentaron al Campeonato Internacional a la mejor croqueta del mundo de la feria gastronómica Madrid Fusión en 2019.
EFE/Mariscal

Cada 16 de enero, el Día Internacional de la Croqueta se cuela en calendarios, bares y cocinas como una excusa perfecta para reivindicar uno de los bocados más queridos de la gastronomía popular. No es solo una celebración festiva: es también una oportunidad para mirar atrás y entender cómo un plato nacido en la alta cocina europea acabó convertido en símbolo doméstico, tapa infalible y pequeño ritual colectivo. El calendario nos recuerda que detrás de su sencillez aparente hay historia, técnica y una sorprendente capacidad de adaptación.

Un origen aristocrático que empieza en Francia

Aunque hoy resulte difícil imaginarlo, el origen de la croqueta está ligado a los fogones franceses de finales del siglo XVII. El término croquette procede del verbo croquer, “crujir”, y ya apunta a una de sus señas de identidad. Las primeras referencias aparecen en recetarios de la época, como los del cocinero François Massialot, donde se describen elaboraciones empanadas y fritas, aún lejos de la textura cremosa actual. En aquel momento, la croqueta no era un plato popular, sino una preparación pensada para mesas nobles, con rellenos de carne o pescado ligados a la cocina de aprovechamiento… pero de lujo.

Con el paso del tiempo, la técnica se refinó. A comienzos del siglo XIX, la bechamel se convirtió en el alma del plato gracias a la sistematización de la cocina clásica francesa. Figuras como Antoine Carême ayudaron a fijar la idea de una masa suave, ligada con harina y mantequilla, rebozada y frita hasta lograr ese contraste entre crujiente exterior y corazón cremoso que hoy celebramos en el Día Internacional de la Croqueta.

Día Internacional de la Croqueta: el curioso origen de una delicia insuperable
Una fotografía de archivo de una croqueta elegante.
Licencia Unsplash

El salto definitivo se produjo cuando la croqueta salió de los palacios y entró en las casas. Su éxito se explica por una virtud fundamental: la versatilidad. A partir de una base sencilla, admitía casi cualquier ingrediente disponible. Restos de carne, pescado o verduras encontraban una segunda vida en forma de croqueta, convirtiéndola en un plato eficaz, económico y profundamente ligado al día a día.

En España, la croqueta se asentó con fuerza durante el siglo XIX, coincidiendo con la influencia francesa en la cocina y con una tradición muy arraigada de aprovechar sobras. El Día Internacional de la Croqueta también celebra esa inteligencia doméstica que convirtió la necesidad en virtud. Jamón, pollo, cocido o bacalao pasaron a formar parte del imaginario colectivo hasta el punto de que hoy resulta impensable un bar sin croquetas en la carta.

Un icono cultural que trasciende fronteras

Con el tiempo, la croqueta dejó de ser solo un plato para convertirse en un símbolo cultural. En España, genera debates casi identitarios —más cremosas o más firmes, con tropezones o sin ellos— y despierta una nostalgia inmediata. El Día Internacional de la Croqueta funciona así como una celebración emocional, vinculada a la cocina de las abuelas, a las barras de los bares y a la idea de compartir.

Su expansión global demuestra su capacidad de adaptación. Existen versiones en media Europa, en Hispanoamérica y en Asia. Por ejemplo, Japón adoptó el concepto bajo el nombre de korokke. Cambian los rellenos, cambian las texturas, pero se mantiene la esencia. Un interior suave protegido por un exterior crujiente.

Día Internacional de la Croqueta: el curioso origen de una delicia insuperable
Una fotografía de archivo de un plato croquetas.
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Celebrar el Día Internacional de la Croqueta es reconocer que este plato resume algo muy profundo de nuestra relación con la comida. Une técnica y memoria, tradición y creatividad, cocina humilde y refinamiento. Pocas elaboraciones explican tan bien cómo la gastronomía evoluciona sin perder su alma.

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