De Río de Janeiro a São Paulo, las brasileñas han perfeccionado un armario de verano donde el bañador sale a la calle, el color no da miedo y la sensualidad nunca parece forzada. Estas son sus claves, sus prescriptoras y las firmas que merece la pena tener en el radar.
En Ipanema, una mujer sale de la playa con un bañador negro, una camisa blanca abierta y un pareo anudado a la cintura. Lleva Havaianas, pendientes dorados y una cesta de fibra natural. Podría ir a comer, a tomar algo o volver directamente a casa. No parece haberse cambiado para entrar en la ciudad porque, sencillamente, no lo necesita.
Ahí está una de las claves del estilo brasileño: la ropa de verano no se guarda para las vacaciones ni se divide con demasiada rigidez entre playa y asfalto. Un bañador funciona como body, un pareo como falda, una camisa masculina hace de chaqueta y unas chanclas pueden acompañar el vestido más sofisticado del armario.

Es una forma de vestir que el resto del mundo ha intentado resumir durante años con bikinis diminutos, estampados tropicales y mucho amarillo y verde. Pero Brasil es bastante más interesante que ese cliché. En sus calles conviven la sensualidad despreocupada de Río, el minimalismo urbano de São Paulo, el crochet artesanal, la sastrería, el lujo, el streetwear y una nueva generación de firmas que está consiguiendo que la moda internacional vuelva a mirar hacia allí. Y, sobre todo, existe una relación con el cuerpo que cambia por completo la ropa.
La primera lección brasileña
Una espalda descubierta a mediodía, un recorte en la cintura, un escote asimétrico o una camisa abierta no se reservan necesariamente para la noche. En Brasil, los vestidos se mueven, los tejidos se adaptan y las prendas acompañan el cuerpo en lugar de intentar corregirlo constantemente. Drapeados, punto, crochet, transparencias y aberturas forman parte de un vocabulario que resulta especialmente favorecedor en verano porque no obliga a elegir entre comodidad y sofisticación. El resultado es una feminidad muy distinta (menos rígida, más física y, en muchos casos, bastante más divertida).
Río de Janeiro y São Paulo: dos maneras de entender la moda
Río es probablemente la imagen que primero viene a la cabeza. Vestidos fluidos, camisas abiertas, crochet, pantalones amplios, bañadores, sandalias planas, espaldas al aire y joyas doradas. La cercanía del mar transforma inevitablemente el armario y convierte algunas prendas de playa en básicos de ciudad.
São Paulo juega en otra liga estética. Allí aparecen el negro, la sastrería, el cuero, el denim, las siluetas arquitectónicas y una escena de diseñadores independientes mucho más urbana. El cuerpo sigue estando presente, pero la sensualidad puede encontrarse en un pantalón impecablemente cortado, una americana oversize o un vestido construido alrededor de un recorte muy preciso.
Entre las dos ciudades se entiende mejor la moda brasileña actual; no es únicamente exuberante ni únicamente minimalista, puede ser ambas cosas. Ese momento creativo se ha hecho todavía más visible en 2026. Río recuperó en abril una gran semana de la moda después de más de doce años sin Fashion Rio. El nuevo Rio Fashion Week reunió nombres consolidados y diseñadores como Misci, Dendezeiro y Karoline Vitto, reforzando un calendario nacional en el que São Paulo Fashion Week llevaba años ocupando el gran escaparate.

Las marcas brasileñas que hay que conocer ahora
Si hay una firma que ha conseguido exportar una idea reconocible de Brasil, esa es Farm Rio. Nació en Río en 1997 y ha convertido el color, los estampados y una estética optimista en un negocio internacional. En 2025 alcanzó unos ingresos brutos de 3.400 millones de reales, de los cuales 1.300 millones procedieron del mercado internacional. Desde que abrió su primera tienda fuera de Brasil, en Nueva York en 2019, no ha dejado de crecer. Pero reducir la moda brasileña a Farm Rio sería quedarse solo con una parte de la historia.
Misci, fundada por Airon Martin en 2018, es uno de los nombres que mejor explica la nueva brasilidad. Sus colecciones mezclan sastrería, artesanía, referencias culturales y una sensualidad muy contemporánea sin caer en el tópico tropical. Es precisamente esa capacidad para resultar inequívocamente brasileña sin necesidad de estampar una palmera lo que la ha convertido en una firma a seguir.
Para los bañadores, dos nombres son imprescindibles. Haight propone una versión casi minimalista del swimwear; Lenny Niemeyer, sin embargo, lleva décadas demostrando que un bañador puede tener tanta presencia como un vestido y funcionar perfectamente más allá de la piscina. Cris Barros es una buena referencia para quien prefiera vestidos, texturas y sastrería más informal, y Osklen representa el lado más urbano y minimalista del país.
Hay tres firmas que conviene memorizar si se quiere entender hacia dónde va la moda brasileña. Ateliê Mão de Mãe ha devuelto al crochet y al trabajo manual un lugar protagonista; Dendezeiro, creada en Bahía por Hisan Silva y Pedro Batalha, trabaja desde una mirada actual sobre la identidad, el género y los cuerpos; y Karoline Vitto, brasileña formada en Londres, ha hecho de los recortes, el jersey y las estructuras metálicas una celebración de las curvas.
Las brasileñas que merece la pena seguir
Brasil sabe el poder que tienen las influencers de moda. Antes de que Instagram dictase el calendario, nombres como Camila Coutinho y Thássia Naves ya habían convertido sus blogs en auténticas plataformas de estilo.
Coutinho, creadora de Garotas Estúpidas en 2006, sigue siendo una de las mejores puertas de entrada a la moda y la belleza del país. Su armario mezcla diseñadores internacionales, denim, vestidos y firmas brasileñas con esa facilidad que hace que casi todo parezca ponible.
Thássia Naves representa la versión más pulida: vestidos, tacones, accesorios importantes y un lujo muy viajero. Silvia Brazo, por su parte, maneja un armario cosmopolita en el que conviven grandes casas internacionales con diseñadores brasileños y una manera mucho menos tímida de llevar el color y enseñar piel.
Pero si se quiere entender el Brasil de hoy en día hay dos nombres especialmente interesantes: Lívia Nunes y Malu Borges. Lívia Nunes apuesta por sastrería, transparencias, piezas vintage, lencería, vestidos y accesorios inesperados sin caer ni en el minimalismo previsible ni en la exuberancia obvia. Este verano se convirtió, además, en la primera creadora brasileña en firmar una colaboración con H&M. La colección, de veinte prendas y accesorios, llegó en julio a mercados como España, Francia, Reino Unido, Estados Unidos y México.
Malu Borges entiende la moda como un juego. La vemos con bolsos imposibles, piezas virales y prendas de pasarela forman parte de un armario que no pretende ser discreto. Puede que no todo sea fácil de copiar, pero sí explica muy bien una actitud: vestirse también sirve para divertirse.
Vuelve el brazilcore
El llamado brazilcore empezó a ganar fuerza alrededor del Mundial de 2022, cuando las camisetas de fútbol, los colores de la bandera, las gafas deportivas y otros códigos visuales brasileños entraron de lleno en las redes sociales y en la moda.
Este año, la estética ha regresado con fuerza, pero la versión más interesante no consiste en vestirse literalmente de amarillo, verde y azul. Está en recuperar ciertas ideas brasileñas (color, piel, deporte, artesanía, sensualidad) y llevarlas a un armario real.
Las Havaianas son el mejor ejemplo. Nacieron en Brasil en 1962 y allí nunca dejaron de ser un básico absolutamente cotidiano. El giro está en que el resto del mundo ha decidido convertirlas en pieza de moda. Este año, la marca colaborado con Isabel Marant, que reinterpreta el modelo clásico con tie-dye, tachuelas y acabados de piel. Poco después, Studio Constance llega a llevarlas a la pasarela de Copenhague transformadas en un pequeño tacón.
La gracia, sin embargo, sigue estando en hacer exactamente lo que hacen las brasileñas desde hace décadas: llevarlas sin complejos con un vestido, un pantalón de lino o incluso una prenda más formal o especial.
Cinco trucos que funcionan en España
Copiar este armario no exige llenar la maleta de estampados tropicales. Basta con adoptar algunos gestos.
- El primero es utilizar el bañador como un top. Uno negro, marrón chocolate o rojo bajo un pantalón amplio de lino resuelve un look de verano mejor que muchas blusas.
- El segundo es llevar las sandalias más sencillas con la ropa más especial. Un vestido de noche con unas Havaianas puede resultar mucho más moderno que con un tacón demasiado evidente.
- El tercero es enseñar solo una zona de piel: una espalda, un hombro, la cintura. Los mejores estilismos brasileños rara vez necesitan explicarse demasiado.
- El cuarto es perderle el miedo al color. Rojo, amarillo, verde, azul cobalto, naranja o rosa pueden aparecer en una sola prenda mientras el resto del look permanece sencillo.
- Y el quinto es añadir un pendiente dorado grande. Pocas cosas transforman tan rápido una camisa blanca, un vestido negro o un bañador entero.
La belleza sigue la misma lógica: piel luminosa, pelo con movimiento, maquillaje que no intenta parecer demasiado perfecto y joyas que resaltan la luz. Todo está pensado para convivir con el calor y no para resistirse a él. Por eso seguramente el estilo brasileño resulta tan apetecible cuando llega el verano español. Y no es porque obligue a cambiar completamente de armario, sino porque propone utilizar de otra manera lo que ya tenemos. Es decir, llevar el vestido bueno un martes, sacar el bañador de la playa, ponerse los pendientes grandes por la mañana, elegir rojo cuando normalmente escogeríamos beige o cambiar el tacón por unas Havaianas.
Las brasileñas se visten como si en cualquier momento pudiera surgir una comida al aire libre, música, una copa o un plan que se alarga hasta después de la puesta de sol… Y así, consiguen que incluso un día cualquiera tenga algo de vacaciones.

