Como cada año, la noche de los Premios Oscar se acerca cargada de glamour, cine y celebraciones. Este 15 de marzo, además, tendrá acento español. Y no solo por las películas con presencia nacional, sino también por un vino que aparece en la gran pantalla: Los Conejos Malditos, elaborado por la bodega toledana Más que Vinos. Este curioso guiño cinematográfico tiene parada obligada en Madrid, ya que puede degustarse y comprarse en La Charcuterie, un espacio gastronómico que ha trasladado a la capital el espíritu de las clásicas charcuterías de barrio francesas. Situado a pocos pasos de la plaza de toros de Las Ventas, el local se ha convertido en un pequeño templo para los amantes de la gastronomía gala.
La idea del proyecto es sencilla pero seductora; recrear el ambiente de una charcuterie tradicional, con una vitrina llena de elaboraciones caseras y un obrador a la vista donde se preparan a diario recetas dulces y saladas que se pueden degustar allí mismo o llevar a casa.
Entre sus especialidades destacan clásicos como el pâté en croûte, las rillettes, las quiches o el flan parisien, uno de los postres más celebrados del local. Muchas de estas recetas se elaboran siguiendo técnicas tradicionales de la charcutería francesa, donde la artesanía y el producto son protagonistas.
El proyecto está impulsado por una familia franco-española que ha querido acercar a Madrid la cultura gastronómica de las charcuterías francesas, esas tiendas de barrio donde se mezclan platos preparados, productos de pequeños productores y un ambiente cercano y familiar.
Además de su oferta culinaria, La Charcuterie funciona también como tienda gourmet. En sus estanterías conviven mermeladas artesanas, mostazas, quesos, conservas y una cuidada selección de vinos franceses y españoles. Entre ellos se encuentran referencias de la bodega toledana Más que Vinos, como el citado Los Conejos Malditos o el vino Almodóvar, vinculado al director manchego.
Así, mientras Hollywood celebra la gran noche del cine, en este pequeño rincón del barrio de Salamanca se puede brindar con el mismo vino que aparece en la pantalla. Una excusa perfecta para descubrir que, a veces, Madrid también sabe un poco a París… y a cine.

