Ellas cocinan

María Pérez (Maritta): “Me gustaría que cada mujer tuviera opciones reales para hacer crecer su proyecto”

Tras trabajar en marketing y análisis de datos, la jerezana decidió dar un giro a su vida y crear Maritta, una marca de tartas de queso que ya ha sido reconocida entre las mejores de Madrid

De trabajar en grandes compañías como Meliá Hotels International o Toyota a ponerse al frente de su propio negocio de tartas de queso. María Pérez Martínez (Jerez de la Frontera, 1993) decidió en 2024 dejar atrás una trayectoria profesional de más de ocho años vinculada al marketing, la estrategia digital y el análisis de datos para apostar por una de sus grandes pasiones, la gastronomía. Así nació Maritta, un proyecto que comenzó casi por casualidad, llevando tartas de queso a los cumpleaños de sus amigos, y que ha terminado haciéndose un hueco en el competitivo panorama repostero madrileño. Su reinterpretación artesanal de la tradicional tarta de queso vasca, elaborada sin base de galleta y con una cuidada selección de ingredientes, consiguió en 2025 el segundo premio a la Mejor Tarta de Queso de Madrid otorgado por ACYRE.

Sin embargo, detrás de este reconocimiento y de una marca que busca convertir un postre cotidiano en un objeto de deseo, también hay sacrificios que no siempre se ven. “Lo más difícil de Maritta ha sido el proceso tan solitario que es emprender”, reconoce María, que ha tenido que aprender a gestionar un negocio desde cero y renunciar a muchos momentos junto a su familia en Jerez. Aun así, asegura que nunca ha dudado de su decisión. Ahora, mientras trabaja en el crecimiento de Maritta y su nueva boutique en el barrio madrileño de Chamartín, reflexiona sobre los retos de emprender, las mujeres que han marcado su trayectoria y la importancia de construir una empresa sin perder de vista la vida personal.

P – Tras ocho años trabajando en marketing, estrategia digital y datos, ¿qué ocurrió para que decidieras dejar ese camino y apostar por algo tan distinto como abrir un negocio de tartas de queso?

R – Durante ocho años ayudé a crecer a marcas de sectores muy distintos. Pero cuando las tareas se volvían repetitivas y sentía que no participaba en las decisiones de negocio, buscaba un nuevo reto y cambiaba de trabajo. Con el tiempo entendí que quería dedicar esa energía y esa experiencia a construir algo propio. Lo que todavía no sabía era qué.

Entonces conocí a Fer, mi expareja, que tenía una dark kitchen con varias marcas propias. Llevábamos tartas de queso a los cumpleaños de nuestros amigos y, al ver la reacción de todos al probarlas, él me animó a crear una marca.

Así nació Maritta. Siempre digo que mi principal motivación era emprender pero en mi caso además siempre me ha encantado la cocina: las tartas de queso fueron la oportunidad de hacerlo. Tenía claro que el primer paso era conseguir un buen producto y, a partir de ahí, construir una marca a su alrededor.

¿Por qué una tarta de queso? ¿Recuerdas el momento en el que pensaste: “aquí hay un proyecto, no solo una receta que me gusta”?

Siempre digo que la tarta de queso es la tortilla de patatas de los postres. Es raro que no le guste a alguien y era el postre que siempre elegíamos para llevar a cumpleaños. Un acierto seguro. A pesar de que ya hubiera marcas creadas en ese momento y con mucho nombre, ver a tanta gente preguntándome de dónde eran las nuestras fue lo que me hizo pensar que todavía había hueco para una más.

La tarta de queso se ha convertido en uno de los postres más omnipresentes de restaurantes y redes sociales. ¿Crees que estamos viviendo una burbuja de la cheesecake o todavía queda espacio para innovar?

Hay burbuja, pero de la tarta de tendencia: la que nace alrededor de una galleta de moda o de marcas comerciales. Esa moda pienso que pasará. Lo que no pasa es un producto bien hecho. Lo simple perdura. Para mí innovar no es poner más toppings, es ser exigente con el producto.

Maritta reivindica precisamente una tarta sin base de galleta y con mucho protagonismo del queso. ¿Cuánto tiempo te llevó encontrar la receta que sentiste que representaba realmente a la marca? ¿Hubo muchas versiones fallidas por el camino?

Más que versiones fallidas, hubo mucho aprendizaje. Desde siempre me ha encantado cocinar gracias a lo que he visto desde pequeña en casa. Pero la repostería es otro mundo. Maritta ha estado en constante evolución durante su primer año; fue el tiempo que tardé en entender bien cómo se comporta una tarta de queso. Al no tener base de galleta ni harinas, la tarta se sostiene sobre su propia grasa. La del queso y la nata. Se rompían muchas al desmoldarlas. Hubo muchas versiones, decenas, pero no por cambiar la receta (siempre ha sido la misma) sino más bien por cambiar los procesos y contar cada vez con mejores proveedores.

Fuera de Maritta, ¿cómo eres? ¿Qué haces para desconectar de un negocio que, imagino, ocupa gran parte de tu cabeza?

Soy muy inquieta, siempre quiero aprender cosas nuevas y no me gusta aburrirme. Soy bastante solitaria, pasar tiempo sola es mi mejor forma de desconectar y evadirme de todo. Maritta es la suerte de mi vida y mi pequeña gran obsesión. No tengo compromisos ni ataduras con nadie, por lo que elijo cada día dedicarle mi tiempo porque me apasiona lo que hago. Tengo muchas aficiones, como la fotografía, el deporte, la lectura, el yoga… Cuando necesito desconectar recurro a alguna de ellas. Hace unos meses descubrí unos retiros que me hacen volver a conectar conmigo. El año pasado me fui a Essaouira, y en febrero me voy a Kenia. Esa es sin duda la mejor forma de volver con las pilas cargadas. Cuando necesito desconectar y no tengo nada planeado, cojo el coche o un vuelo y me voy sola a cualquier sitio donde pueda ver el mar.

¿Hay alguna persona de tu familia, algún recuerdo de infancia o alguna relación con la comida que haya influido en este proyecto más de lo que parece desde fuera?

Sí, mi madre y la forma en la que siempre hemos comido en casa. Ella compra todo en el mercado y he crecido valorando la cocina casera, los buenos ingredientes y las cosas hechas desde cero. Pero sobre todo, el respeto hacia la cocina. Creo que esa forma de entender la comida ha influido mucho en Maritta. Hay mucho de lo que he aprendido en casa en las decisiones que tomo para la marca.

Conseguisteis el segundo premio a la Mejor Tarta de Queso de Madrid de ACYRE. Para una empresa tan joven, ¿qué cambió después de ese reconocimiento: las ventas, la confianza en el proyecto o incluso tus propias expectativas?

Sobre todo, me dio mucha confianza. Venía de otro sector y estaba construyendo una marca desde cero, así que recibir ese reconocimiento tan pronto fue una confirmación de que íbamos por buen camino. Me animó a confiar más en mis decisiones y a pensar que Maritta podía llegar más lejos de lo que había imaginado al empezar.

Además, también aumentó mi nivel de exigencia. Cuando alguien viene a probar la tarta porque ha oído hablar del premio, llega con unas expectativas y quieres estar a la altura. Me hizo muchísima ilusión, pero también reforzó mis ganas de seguir mejorando y de cuidar el producto cada día.

El premio es un impulso importante, pero el trabajo no termina ahí. Hay que saber comunicarlo, cuidar la marca y mantener la calidad del producto cada día. Lo importante es aprovechar esa oportunidad para que más gente nos conozca y que, después de probar nuestras tartas, quiera volver.

Vienes del mundo del marketing y los datos. Ahora que estás al otro lado, construyendo tu propia marca, ¿qué cosas que aprendiste en grandes empresas te están sirviendo y cuáles has descubierto que no funcionan cuando eres emprendedora?

Me está sirviendo mucho haber trabajado en empresas tan distintas. En Meliá aprendí que cada detalle forma parte de la experiencia del cliente; en El Confidencial, a entender qué hay detrás de los números y usarlos para tomar decisiones. En Maritta aplico ambas cosas: cuido desde el packaging hasta cómo recibimos a alguien en tienda, y analizo las ventas para decidir sabores, campañas o precios.

Lo que he descubierto es que no puedes repetir una fórmula y esperar el mismo resultado. En Lady Pipa crecimos muy rápido en redes y, con Maritta, está siendo más difícil. Cada marca tiene su público, sus recursos y su momento. Además, emprender me ha obligado a ir mucho más allá del marketing: aprender a contratar, llevar las cuentas o buscar financiación. Mi experiencia me dio una buena base para construir la marca, pero gestionar todo el negocio ha sido un aprendizaje nuevo.

Dices que quieres convertir algo tan cotidiano como una tarta de queso en un “objeto de deseo”. ¿Dónde termina el producto y dónde empieza la marca? ¿Hoy puede triunfar un producto gastronómico excelente sin una identidad visual potente detrás?

Para mí, la marca empieza en el propio producto. Los ingredientes, la textura y la manera de elaborarlo ya hablan de Maritta. A partir de ahí, la caja, las fotografías, la tienda y el trato al cliente tienen que transmitir ese mismo cuidado. Cuando hablo de convertir una tarta en un «objeto de deseo», pienso en que recibirla te haga la misma ilusión que abrir un regalo, aunque te la hayas comprado tú.

Sí creo que un producto excelente puede triunfar sin una identidad visual especialmente potente. La calidad y el boca a boca tienen muchísima fuerza. Pero una marca reconocible ayuda a que te descubran, te recuerden y te elijan entre tantas opciones. Después de tantos años trabajando en marketing, para mí era natural cuidar esa parte desde el principio.

También tengo claro que la imagen genera unas expectativas que la tarta tiene que cumplir. Quiero que alguien se ilusione al recibirla y que, después de probarla, piense en volver a comprarla o en a quién se la regalaría. Ahí es donde siento que todo encaja.

Maritta empezó muy vinculada al delivery y ahora da un salto hacia una boutique física con café de especialidad. ¿Qué quieres que sienta alguien cuando entre en el nuevo local que no puede experimentar al pedir una tarta a domicilio?

El delivery ha sido una parte importante de Maritta, pero siempre he valorado mucho el contacto directo con el cliente: poder conversar, recomendarle un sabor y que, cuando vuelva, nos conozcamos un poco más. Esa cercanía es algo que cuesta transmitir en un pedido a domicilio.

Con el nuevo local quiero crear un lugar donde apetezca quedarse. Que alguien entre a por una tarta y le apetezca sentarse a tomar un café, disfrutar de un rato tranquilo o volver otro día con una amiga. Me gustaría que Maritta fuese ese sitio que eliges para pasar la tarde porque te sientes en casa. Para mí, tiene mucho valor que alguien quiera dedicarnos una parte de su tiempo libre y esté tan a gusto que quiera volver.

Emprender también tiene una parte que normalmente no aparece en Instagram. ¿Cuál ha sido hasta ahora el momento más difícil de Maritta, ese en el que realmente te preguntaste si habías tomado la decisión correcta?

Realmente nunca he dudado con Maritta ni me he cuestionado si ha sido la decisión correcta porque no suelo arrepentirme de las decisiones que tomo. Todo lleva un aprendizaje detrás, ya sea bueno o malo. Lo más difícil de Maritta ha sido el proceso tan solitario que es emprender. Decidir que tienes que pasar más tiempo enfocada en el negocio y elegir esto cada día. Siendo además de Jerez, me he perdido muchos momentos familiares por tener que estar aquí. Las Navidades son cada vez más cortas y mis sobrinos pequeños se hacen cada vez más mayores. Es duro perderse todo eso.

¿Has encontrado referentes femeninos que te hayan ayudado a imaginar que este camino era posible?

Mis mayores referentes siempre han sido mujeres, aunque no hayamos seguido los mismos caminos. Una de ellas es Marta, quien fue mi jefa en Meliá. Llegué con muchísimo por aprender sobre marketing y ella fue fundamental en mis primeros años profesionales. Fue mucho más que una jefa y seguimos en contacto a día de hoy.

También Sara, fundadora de Lady Pipa. Aunque nunca se lo haya dicho, admiro muchísimo lo que ha conseguido con la marca. Trabajar a su lado me permitió ver de cerca cómo se construye un proyecto con personalidad propia.

Y, en un plano más personal, Rosa Copado. La contraté para una sesión de fotos en Scotta y, aunque solo hablamos por correo, empecé a seguirla en redes y sigo haciéndolo hoy. Me siento muy identificada con muchas de las cosas que comparte y con la forma de entender la vida que transmite.

Cada una me ha inspirado de una manera distinta, tanto profesional como personalmente. En Maritta también hay mucho de lo que he aprendido de otras mujeres por el camino.

Creo que falta mucha formación práctica sobre cómo funciona un negocio, tanto para hombres como para mujeres. Me habría encantado aprender antes sobre finanzas, contratación o gestión. Cuando emprendes descubres que, además de conocer tu producto, tienes que tomar decisiones sobre muchísimas cosas que nadie te ha enseñado, y equivocarte puede salir caro.

En mi caso, mi situación personal me permite dedicarle mucho tiempo a Maritta y me siento en condiciones de igualdad. Pero soy consciente de que esa es mi experiencia y de que otras mujeres pueden tener circunstancias diferentes. Si quisiera formar una familia, con el ritmo que llevo ahora, tendría que reorganizar muchas cosas y contar con más apoyo. Por eso me gustaría que hubiera más facilidades para conciliar. Que cada mujer tuviera opciones reales para hacer crecer su proyecto y construir también la vida personal que desea.

Si volvemos a hablar dentro de cinco años, ¿qué te gustaría que fuera Maritta? Y, más allá de la empresa, ¿qué te gustaría que hubiera cambiado en María desde aquella persona que en 2024 decidió darle un giro a su vida?

Me gustaría que Maritta fuera una marca consolidada, presente en más barrios y quizá en otras ciudades, con la misma calidad y el mismo cuidado que ponemos hoy en cada tarta.

En lo personal, me gustaría haber ganado tranquilidad y aprendido a disfrutar más de cada logro, sin estar pensando enseguida en el siguiente paso. En 2024 quería darle un giro a mi vida y construir algo propio; no imaginaba hasta qué punto Maritta iba a ayudarme a descubrir de lo que era capaz. Dentro de cinco años me gustaría seguir sintiendo esa ilusión y esa confianza, con más espacio para las personas que quiero y para mí. Sentir que he construido una empresa de la que estoy orgullosa y una vida que disfruto.

Después de probar tantísimas tartas de queso, ¿sigues pidiéndola cuando sales a cenar? ¿Cuál es tu postre favorito cuando no estás trabajando?

No suelo pedir postre, pero si voy a un sitio conocido por su tarta de queso, me gusta probarla. Normalmente con unos bocados tengo suficiente, porque paso el día rodeada de ellas.

Cuando me apetece algo dulce, me inclino más por los postres cítricos, afrutados y suaves, como el mousse de limón. El de mi madre inspiró nuestra tarta de queso con limón, que, precisamente, es mi favorita de Maritta.

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