El domingo 25 de octubre, poco antes de las diez y media de la mañana, María Corina Machado, la dirigente de la oposición venezolana que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2025, anunció que estaba de vuelta en Venezuela tras diez meses fuera del país. Ese mismo día, en Caracas, la abogada María Constanza Cipriani, quien venía de un viaje por carretera, de Maracay a Caracas, decidió detenerse en una tienda de artículos para el hogar.
-Al sofá de mi casa le faltaban dos cojines y, si yo conozco a mi ganado, podía tener la certeza de que en él iba a sentarse al día siguiente una Premio Nobel.
Su marido es el también abogado Perkins Rocha, exmagistrado de la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo y asesor jurídico de Machado y de su partido, Vente Venezuela. Se lo llevaron el 27 de agosto de 2024, en la ola de detenciones que siguió a las presidenciales del 28 de julio que supusieron una derrota aplastante para Nicolás Maduro; y lo tuvieron más de quinientos días en El Helicoide, la sede de la policía política en Caracas. Desde comienzos de este año cumple arresto domiciliario con un grillete en el tobillo, en un apartamento de un décimo piso a cuya puerta montan guardia dos policías que se relevan cada mañana. La amnistía con la que el gobierno interino de Delcy Rodríguez, que ocupa la presidencia desde que Estados Unidos capturó a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, en enero, ha ido excarcelando presos políticos todavía no ha llegado a esa casa.
Mientras estuvo en El Helicoide, cuenta Rocha, tuvo una sola angustia, que detuvieran también a su mujer, porque vio llegar allí a esposas apresadas para forzar a sus maridos a delatar. Los pocos mensajes que logró sacar escondidos en las bolsas de la cárcel ella los descubrió dos o tres meses después (no se había percatado de que el marido presos ponía allí mensajes camuflados, admite ella meneando la cabeza y mirando al techo). Los dos hijos de la pareja ya estaban fuera del país, porque ambos padres habían decidido, casi a la fuerza, que se fueran. Cipriani sostuvo la causa desde la calle, y cuenta la visita del lunes 26 con el humor que en esa casa ha servido de dique durante más de dos años.

-Nadie nos dijo que María Corina vendría a nuestra casa a pocas horas de haber llegado a Caracas, pero yo, a diferencia de Perkins, estaba absolutamente convencida de que venía -explica María Costanza Cipriani a Artículo14-. Me avisaron cuando yo estaba saliendo de Maracay (a una hora y media de Caracas), y me pidieron muy especialmente que no le dijera nada a Perkins, porque ella quería que fuera una sorpresa. Para las sorpresas yo estoy mandada. Él las odia, pero a mí me encantan.
Diez pisos a pie
-Ese día -sigue Cipriani- este señor [señala a Perkins Rocha] tenía puesta una franela (camiseta) azul que a mí no me gusta mucho. Le pedí que se la cambiara, le dije que a lo mejor tenía un Zoom y le pedían abrir la cámara. Me contestó que iba a tener la cámara cerrada y que, si se la pedían abrir, ya estaba vestido. Yo insistía en que la franela blanca, que además se la había comprado yo, era más bonita. No hubo manera. Al final me dije, bueno, que salga con la franela azul en la fotico, porque va a salir en muchas fotos. Y así fue.

Y justo ese día se dañaron los dos ascensores del edificio donde la pareja está residenciada, en Caracas. “Aquí nunca se dañan los dos ascensores. Jamás”, dice la abogada. “Ese día uno estaba dañado desde temprano. Yo bajé por el otro a buscar a María Corina en cuanto llegó y funcionaba perfecto, pero cuando nos montamos María Corina y yo, con dos personas que la acompañaban, el ascensor no quiso arrancar. Ella se volteó y me preguntó cuántos pisos eran. Diez, le dije. «Vámonos». Abrimos la puerta de las escaleras y me avisó que en el quinto se paraba a respirar. En el quinto hizo así [Cipriani inspira profundamente], y dijo «estoy lista».
María Costanza atribuye el incidente a un azar inexplicable. No malicia de algún sabotaje puesto que, desde su perspectiva, a nadie se le podría ocurrir que Machado se detendría ante un ascensor averiado y ella misma ganó fortaleza en los días en que los elevadores estuvieron detenidos por recomendación de los bomberos tras los terremotos que remecieron a la capital venezolana el miércoles 24 de junio. “Logré seguirle el ritmo”, dice Cipriani, “pero es un ritmo de huracán, de tromba marina. Así es todo lo de ella. Ella entra, para usar una expresión muy criolla, como río en conuco. Lo desborda todo”.

Al llegar al décimo, las dos mujeres y las acompañantes de Machado se toparon de manos a boca con los policías que vigilan a Perkins Rocha. “Ella les dio las buenas tardes y yo, que venía detrás, le dije «sí, es ella», y seguí”, comenta Cipriani en el tono divertido que suele imprimir a sus declaraciones.
Levántate, coño
Los primeros minutos, una vez en el apartamento, fueron recogido en el vídeo grabado por una de las personas que venían con Machado. María Costanza abre la puerta y ahí mismo, está en el salón, esta su esposo que de inmediato se ve sorprendido por la llegada de María Corina, quien se echa sobre él para abrazarlo sin darle tiempo a incorporarse. Entre murmullos de afecto, ella le dice: «Levántate, coño».
De afecto y compromiso… https://t.co/aiPzadHPb3
— Perkins Rocha (@PerkinsRocha) October 27, 2026
—Como se ve en el vídeo -sigue- el reencuentro fue muy emotivo. Fue la reunión de dos amigos entrañables que tenían más de dos años sin poder darse un abrazo. Ella entró como un huracán y no lo dejaba levantarse, y él se quedó así, sorprendido. Por eso ella tuvo que decirle «¡levántate, coño!». Y este señor, que nunca dice una grosería, dijo «¡carajo!». La gente a veces pregunta qué agenda tenían, de qué hablaron. Hablaron de los hijos, echamos chistes, hablamos hasta del Barcelona y del Real Madrid. Cosas alejadas de la política, humanas, entrañables, que son las que hacen posible que uno siga acompañándola en lo político, porque confiamos en ella. Es siempre la misma persona, con convicciones, con fortaleza, con un compromiso inquebrantable con el país. Cuando se comporta como si nos hubiéramos visto ayer y nos echamos chistes malos mutuamente, esa es ella. Esa es la que nosotros elegimos para que llegue el cambio”.
Al preguntarle por qué tanta discreción respecto de lo que se habló allí, María Costanza responde sin titubeo: “Tenemos derecho a una vida privada. No todo tiene que ser público. Fueron muy poquitos los que se enteraron de que ella estaba aquí. Cuando bajamos se abrió la puerta del ascensor y estaba una vecina muy querida mía, a quien casi le da un infarto cuando la vio. Ella se tomó la foto con ella y con su novio, muy gentil con todo el que se le acercó. Lo que yo quiero es que ya pueda llegar a nuestra casa tranquilamente, sin un tropel de gente esperándola.

A la salida de Machado había abajo, en la calle, tres policías en fila, que no es lo usual. “Los dos que estaban arriba se quedaron arriba, porque la policía está obligada a bajar cuando Perkins baja, pero no cuando bajo yo. Ya para entonces funcionaba el ascensor, y bajé con ellas. María Corina se puso a tomarse fotos con la gente que la vio, y yo me volví hacia ellos y les pregunté si venían por el cambio de guardia. «Van a tener que esperar, porque el ascensor está malo y no los voy a montar conmigo». Fue lo que les dije. Ella salió, los saludó y no pasó nada. Luego los muchachos contaron que los habían regañado por dejarla subir, y que ellos respondieron que no tenían ninguna orden de que Perkins no pudiera recibir visitas, lo cual es cierto. Lo que tienen que hacer es anotar quién lo vino a visitar. Vino María Corina Machado, fulanita y fulanita, y listo.
Cipriani se confiesa frustrada porque, tras la oleada de entrevista a ella mientras su marido estaba en el presidio político, ahora todas son para él, que las atiende en su casa, con su grillete en el tobillo, así que ahora ella graba videos para TikTok. Allí le escriben a propósito del vídeo del reencuentro. «La gente me dice que ese “párate, coño” se lo dijo a Venezuela entera».

