El retorno de María Corina Machado a su país parece que sorprendió a más de uno. Más allá de su contexto y antecedentes (intentos fallidos previos, entrada terrestre, apoyo o no de Estados Unidos), lo que está claro es su efecto.
Cuatro palabras en su cuenta de X fueron suficientes para levantar a un país, de forma pacífica y espontánea, que la acompañó en un recorrido épico desde el occidente de Venezuela hasta la capital. Su respaldo popular quedó evidenciado, contrastando con la falta de legitimidad de todo lo ocurrido antes en su ausencia. Pero luego, sin haber hablado todavía, el Departamento de Estado de Estados Unidos aclaró, por primera vez, que su plan en Venezuela prevé la declaratoria de vacancia de la presidencia el próximo año, una vez se nombre a un nuevo Tribunal Supremo y Consejo Electoral, lo que generaría una elección presidencial en un plazo máximo de seis meses a partir de dicha vacancia.

Esa declaración oficial de un “alto cargo” del Departamento de Estado, justo cuando María Corina Machado vuelve a Venezuela, ha dinamizado todo el tablero de la transición, bajo ese nuevo escenario de una elección presidencial en 2027. Ante eso, Delcy Rodríguez intentó un baño de masas en formato de campaña electoral, para luego hacer un vídeo más institucional donde se vende como la persona idónea para la transición. Entra a competir directamente con María Corina Machado, frente al país y frente a la Administración Trump, consolidando aún más la matriz de una elección presidencial el año que viene. Ahora sí, la transición ha comenzado.
Y solo después de todo esto, María Corina habló. Desde el auditorio de la principal universidad jesuita del país y con la frase “Seamos Libres” detrás. Tomándole la palabra al Departamento de Estado y reconociendo de forma prudente a “la señora” Delcy Rodríguez, asumió su rol de precandidata presidencial con una agenda de organización y escuchas. Aceptó competir en el marco del plan de las tres fases del tutelaje americano.

El caso es que la cuenta regresiva para una elección presidencial con María Corina Machado de candidata comenzó. Aunque conviene analizar un poco más a fondo el dato nuevo: la vacancia. Esto en términos constitucionales se refiere a la declaración de ausencia absoluta del presidente anterior Nicolás Maduro, la cual ha debido decretarse en junio, seis meses después de su extracción militar del país.
Lo que viene a decir el Departamento de Estado, es que esto se hará a principios del año que viene luego de nombrar a un nuevo Consejo Electoral de perfil técnico e independiente, lo que activaría el plazo para convocar a una elección para elegir a un presidente que termine el periodo ya comenzado. O sea, para que gobierne hasta 2030. Estamos hablando de tres años aproximadamente, la mitad del periodo. Y si a esto se le suma una eventual reforma constitucional que limite o prohíba la reelección, entre otras cosas, entraríamos en un nuevo tablero.
Lo único que está claro, por ahora, es que María Corina Machado representa el cambio que quieren los venezolanos. Y que está dispuesta a hacer las concesiones que requiere una transición pacífica. Nada nuevo, por cierto. Que nadie olvide su desprendimiento al apoyar a Edmundo González. Ahora, con más razón, sabrá adaptarse a las circunstancias, pero sin renunciar a su objetivo y mandato popular (obtenido en las primarias) de concretar un cambio, por vía electoral, pacífica y negociada. Vale recordar que la lucha por elecciones libres y alternancia política en Venezuela ha costado mucho sufrimiento, contado en cárcel, persecución, exilio y muerte. Por tanto, no hay alternativa viable a una elección presidencial cuyo resultado sea respetado. Cuando sea posible y conveniente.

