El gobierno de la República Democrática del Congo eleva a 160 las muertes sospechosas por el brote de ébola

El brote de ébola suma 671 casos sospechosos y obliga a reforzar la vigilancia sanitaria en una región marcada por la inseguridad

Beni (Congo, The Democratic Republic Of The), 29/08/2019.- Health workers lower the coffin of an Ebola victim Kakule Mbusa Desire, in Beni, North Kivu province, Democratic Republic of the Congo, 29 August 2019. Kakule was infected in the village of Kyanzaba between the towns of Beni and Mangina and passed away on 28 August in a Beni Ebola treatment center. The death toll from the DR Congo's Ebola epidemic, an outbreak declared a global health emergency by the World Health Organisation (WHO), is expected to pass two thousand soon. (Estados Unidos) EFE/EPA/HUGH KINSELLA CUNNINGHAM RESUMEN FOTOS DEL AÑO DE EPA 2019 AGOSTO
Trabajadores sanitarios bajan el ataúd de Kakule Mbusa Desire, víctima del ébola, en Beni, provincia de Kivu del Norte.
EFE

El brote de ébola declarado hace una semana en el este de la República Democrática del Congo ha entrado en una fase de máxima preocupación sanitaria. El Ministerio de Salud congoleño ha elevado a 160 las muertes sospechosas vinculadas a la enfermedad, según su último boletín sobre la crisis, con datos contabilizados hasta el miércoles. Las autoridades sanitarias del país sitúan además en 671 los casos sospechosos. Una cifra que refleja la velocidad con la que se está ampliando la vigilancia epidemiológica en una de las zonas más inestables del continente africano.

La Organización Mundial de la Salud había informado días antes de que el brote de ébola fue confirmado el 15 de mayo en la provincia de Ituri, en el noreste de la República Democrática del Congo, después de que se detectara una enfermedad desconocida con alta mortalidad en la zona sanitaria de Mongbwalu. El virus identificado pertenece a la especie Bundibugyo, una variante para la que no existe una vacuna aprobada de uso general como sí ocurre con otros linajes del ébola.

El brote de ébola se extiende en el este del Congo

El epicentro del brote de ébola se encuentra en Ituri, una provincia fronteriza con Uganda y Sudán del Sur. Sin embargo, la crisis sanitaria ya no se limita a esa zona. Las autoridades congoleñas han informado de la expansión hacia Kivu del Norte, mientras que el Movimiento 23 de Marzo, el grupo rebelde que controla parte de Kivu del Sur, ha notificado la presencia de casos en ese territorio. Reuters informó además de un caso confirmado en Kivu del Sur, lejos del foco inicial, en un paciente de 28 años que había viajado desde Kisangani y que falleció posteriormente.

La expansión territorial del brote de ébola aumenta la complejidad de la respuesta. El este de la República Democrática del Congo arrastra desde hace años una situación marcada por la violencia armada, los desplazamientos de población y la debilidad de las estructuras sanitarias. En ese contexto, rastrear contactos, aislar casos sospechosos, trasladar material médico y garantizar entierros seguros se convierte en una tarea especialmente difícil.

La OMS ya había advertido de que la enfermedad podía estar circulando desde antes de su confirmación oficial. En su primera evaluación del brote, el organismo explicó que recibió una alerta el 5 de mayo por una enfermedad de alta letalidad en Mongbwalu, incluyendo la muerte de cuatro trabajadores sanitarios en apenas cuatro días. Esa señal aceleró las investigaciones y permitió confirmar el brote de ébola diez días después.

Muertes sospechosas, no todas confirmadas

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Una mujer en Mbujimayi, en la República Democrática de Congo.
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La cifra de 160 fallecimientos debe leerse con cautela. El Gobierno congoleño habla de muertes sospechosas, no de muertes confirmadas por laboratorio. Esa diferencia es fundamental. En un brote de estas características, las autoridades incluyen en la vigilancia a personas fallecidas con síntomas compatibles o con vínculos epidemiológicos, mientras los equipos técnicos tratan de confirmar qué casos están realmente asociados al virus.

El propio ministro congoleño de Salud, Samuel Roger Kamba, había subrayado en días anteriores esa prudencia al explicar que se estaban investigando las muertes sospechosas para determinar cuáles estaban vinculadas de forma efectiva a la enfermedad. Entonces, el recuento oficial era de 513 casos sospechosos y 131 fallecimientos. Pocos días después, la cifra ha vuelto a crecer.

La evolución rápida del brote de ébola muestra la dificultad de trabajar en un escenario donde los datos cambian a gran velocidad. El número de casos sospechosos suele aumentar cuando se refuerza la búsqueda activa y se amplían los equipos de vigilancia. Eso no significa necesariamente que todos los casos acaben confirmándose. Pero sí indica que las autoridades temen una transmisión más amplia de la inicialmente detectada.

La respuesta sanitaria, condicionada por la inseguridad

La OMS ha activado su apoyo al Gobierno congoleño y ha enviado suministros médicos, equipos de protección y material esencial para la respuesta. Según la oficina regional africana del organismo, tras la declaración del brote de ébola, se movilizaron 11,5 toneladas de material médico en las primeras 72 horas desde Kinshasa y desde centros regionales de emergencia en Dakar y Nairobi.

Pero la respuesta no depende solo de los recursos. También exige confianza comunitaria. Associated Press informó de que residentes de Rwampara incendiaron un centro de tratamiento de ébola después de que se les impidiera acceder al cuerpo de un hombre sospechoso de haber fallecido por la enfermedad. El episodio refleja una tensión frecuente en estos brotes: las medidas de salud pública, especialmente los entierros seguros, pueden chocar con prácticas familiares y comunitarias si no van acompañadas de información clara y mediación local.

A ello se suma la presión regional. El brote de ébola ya ha generado preocupación en Uganda, donde se han confirmado casos relacionados con la crisis. Y ha provocado respuestas internacionales, incluidas restricciones de viaje y mayores controles sanitarios. Expertos y organizaciones de salud pública advierten, sin embargo, de que las prohibiciones generales de movilidad pueden ser contraproducentes si dificultan la llegada de ayuda o empujan los desplazamientos hacia rutas menos controladas.