Emergencia sanitaria

¿Puede el brote de ébola convertirse en una pandemia mundial?

La cepa Bundibugyo deja ya más de un centenar de muertes en República Democrática del Congo. Hablamos con el doctor Juan Francisco Monteagudo, especialista en medicina internacional, sobre el riesgo de expansión global

Beni (Congo, The Democratic Republic Of The), 29/08/2019.- Health workers lower the coffin of an Ebola victim Kakule Mbusa Desire, in Beni, North Kivu province, Democratic Republic of the Congo, 29 August 2019. Kakule was infected in the village of Kyanzaba between the towns of Beni and Mangina and passed away on 28 August in a Beni Ebola treatment center. The death toll from the DR Congo's Ebola epidemic, an outbreak declared a global health emergency by the World Health Organisation (WHO), is expected to pass two thousand soon. (Estados Unidos) EFE/EPA/HUGH KINSELLA CUNNINGHAM RESUMEN FOTOS DEL AÑO DE EPA 2019 AGOSTO
Trabajadores sanitarios bajan el ataúd de Kakule Mbusa Desire, víctima del ébola, en Beni, provincia de Kivu del Norte.
EFE

La alerta internacional lanzada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha avivado la posibilidad de enfrentarnos a una nueva pandemia mundial, uno de los grandes temores sanitarios posteriores a la COVID-19. Esta vez, el foco está en el brote de ébola detectado en la República Democrática del Congo y Uganda causado por la cepa Bundibugyo, una variante para la que actualmente no existen vacunas ni tratamientos aprobados.

Según Jean Pierre Badombo, exalcalde ⁠de Mongbwalu, una localidad minera de Ituri situada ‌en el epicentro del brote, la gente comenzó a enfermar a mediados de abril, tras la llegada de un gran cortejo fúnebre con ataúd abierto procedente de Bunia. “Desde entonces, ​vivimos una cascada de muertes”, asegura.

La preocupación ha aumentado en las últimas horas después de que las autoridades congoleñas elevaran a 132 las muertes asociadas al brote y más de 500 contagios. El crecimiento parece incontrolable en una región muy vulnerable por el conflicto armado, los desplazamientos masivos y el colapso del sistema sanitario.

Máxima categoría de alerta sanitaria

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha reconocido sentirse “profundamente preocupado” por “la magnitud y la velocidad de la epidemia”, una situación que ha llevado a declarar el brote como Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII), la máxima categoría de alerta sanitaria mundial.

Pese a la gravedad de las cifras, los especialistas insisten en que conviene analizar el riesgo con cautela y evitar paralelismos automáticos con la pandemia de coronavirus. El ébola es uno de los virus más letales conocidos. Dependiendo de la cepa y del acceso a cuidados médicos, la mortalidad puede alcanzar entre el 25% y el 90%. La variante Bundibugyo, identificada ahora en el Congo y Uganda, presenta tasas estimadas de entre el 30% y el 50%.

Sin embargo, el elemento decisivo para determinar el potencial pandémico de un virus no es únicamente su letalidad, sino su capacidad de transmisión. A diferencia del SARS-CoV-2, el ébola no se propaga eficazmente por el aire. El contagio requiere contacto estrecho con fluidos corporales infectados (sangre, vómitos, secreciones o materiales contaminados), lo que reduce considerablemente su capacidad de expansión global. Por eso, los brotes suelen ser muy agresivos localmente, pero mucho más limitados desde el punto de vista internacional.

Qué riesgo existe para Europa y España

La aparición de un médico estadounidense infectado y trasladado posteriormente a Alemania ha elevado la tensión mediática. Sin embargo, los especialistas consideran que el riesgo para Europa y España sigue siendo muy reducido. Así nos lo confirma el doctor Juan Francisco Monteagudo, médico especialista en medicina del viajero y salud internacional. “El riesgo para España es muy bajo. En primer lugar, no tenemos vuelos directos. En el caso de que una persona viniese de esos países, el riesgo de que estar infectada es también muy bajo. Incluso si estuviese infectada, nuestro sistema de salud puede hacer frente al caso. La probabilidad de crear un brote secundario aquí es, por tanto, muy pequeña. Sí es verdad que el personal español humanitario o de cualquier ONG que vaya a esas zonas a atender estaría probablemente más expuesto a este virus que no tiene ni tratamiento ni vacuna”.

Monteagudo recuerda, además, la advertencia de la OMS en su declaración. “En el caso de tener algún tipo de sintomatología o contacto, los estados deberán estar preparados para la evacuación y repatriación del personal que haya estado en contacto con el virus o expuesto al virus Bundibugyo”.

BENI (Congo, the Democratic Republic of the), 12/05/2026.- (FILE) - Rachel Rukwati suits up in PPE to enter a high-risk treatment zone, at the peak of the Ebola crisis, at a health centre in Beni, North Kivu, Democratic Republic of Congo, 04 May 2019 (reissued 12 May 2026). International Nurses Day (IND) is celebrated annually on 12 May to mark the birth of Florence Nightingale, founder of modern nursing. The day honours the vital contributions nurses make to global healthcare and societies. (Florencia) EFE/EPA/HUGH KINSELLA CUNNINGHAM
Rachel Rukwati se equipa con equipo de protección personal para entrar en una zona de tratamiento de alto riesgo, en el punto álgido de la crisis del Ébola, en un centro de salud en Beni
EFE

También interpreta como un alivio el hecho de mencionar la posibilidad de estudiar algún tipo de vacuna in situ. “Esto crearía cierta tranquilidad, seguro. República Democrática del Congo es un país que ha tenido muchos brotes anteriormente. De hecho, cada año o cada dos años hay uno. En las mismas provincias donde se está detectando ahora, ya hubo un brote de ébola en 2018”. Por otra parte, los epidemiólogos coinciden en que los sistemas europeos disponen hoy de protocolos de aislamiento, rastreo y bioseguridad mucho más desarrollados que antes de la pandemia de COVID-19.

Un sistema sanitario al límite

Lo que preocupa especialmente de la situación actual es que el brote se desarrolla en una de las regiones más inestables de África. La provincia de Ituri arrastra años de violencia armada, desplazamientos de población y enormes dificultades de acceso sanitario. Más de 100.000 personas han sido desplazadas recientemente, algo que, según la OMS, multiplica el riesgo de propagación. Además, varios casos se han detectado en zonas urbanas y entre trabajadores sanitarios, lo que sugiere, como advierte Monteagudo, transmisión en entornos médicos y dificultades para contener la enfermedad.

La doctora Maria Guevara, secretaria médica internacional de Médicos Sin Fronteras, resume la situación con contundencia: “El sistema está roto y la comunidad no puede acceder a ningún tipo de atención sanitaria”. A esto se añade la falta de vacunas específicas para la cepa Bundibugyo. Aunque existen vacunas eficaces contra la cepa Zaire, la más conocida, no pueden utilizarse frente al brote actual sin más estudios adicionales.

Por su parte, Jean-Jacques Muyembe-Tamfum, codescubridor del virus del ébola y director del Instituto Nacional de Investigación Biomédica de la República Democrática del Congo, indica que el desafío principal sigue siendo contener rápidamente la transmisión comunitaria antes de que el brote alcance una dimensión regional mucho más amplia. Los investigadores africanos insisten en que el retraso en la detección inicial permitió que el virus circulara durante semanas antes de activarse los mecanismos internacionales de respuesta.

Si la casa del vecino se esta incendiando

De momento, Europa se permite mirar desde la distancia, pero ya hay voces, como la de la profesora Devi Sridhar, experta en salud pública de la Universidad de Edimburgo, que lanzan un mensaje crítico. En su opinión, el verdadero peligro no reside únicamente en la posibilidad de expansión internacional del virus, sino en la fragilidad de los sistemas sanitarios afectados y en la falta de recursos para contener el brote a tiempo.

Sridhar recuerda en un artículo publicado por The Guardian que el ébola puede controlarse si existen medios suficientes, pero alerta de que los recortes en ayuda internacional, la escasez de personal sanitario y la inestabilidad en la región dificultan enormemente la respuesta. “Si la casa de tu vecino se está incendiando, no te quedas de brazos cruzados”, resume la experta. El mundo no puede permitirse ignorar una crisis sanitaria en un entorno tan interconectado como el actual.

Aunque el riesgo de una pandemia mundial por ébola se considera bajo, las zoonosis serán cada vez más frecuentes. La deforestación, el cambio climático, la presión humana sobre ecosistemas salvajes y la movilidad global favorecen el salto de nuevos virus desde animales hacia humanos. La amenaza es mayor cuando coinciden conflictos humanitarios, pobreza y sistemas sanitarios debilitados.