Según informó CNN, el Departamento de Defensa de Estados Unidos lleva más de un año analizando un dispositivo adquirido en una operación encubierta. Algunos investigadores consideran que podría estar relacionado con los misteriosos problemas de salud conocidos como Síndrome de La Habana.
La compra del aparato se realizó con fondos del Pentágono en los últimos días de la administración del expresidente Joe Biden. Según la información publicada por CNN, la adquisición fue gestionada por Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI), una división del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos. El dispositivo habría costado varios millones de dólares, aunque las fuentes citadas no ofrecieron una cifra exacta.
Actualmente el equipo continúa bajo análisis. Dentro del propio Gobierno estadounidense todavía existe debate e incluso escepticismo sobre su posible relación con los llamados “incidentes de salud anómalos”, el término oficial utilizado para describir los síntomas sufridos por diplomáticos, espías y militares estadounidenses en distintos países.
Un dispositivo capaz de emitir ondas de radio
De acuerdo con las fuentes citadas por CNN, el aparato adquirido tendría la capacidad de emitir ondas de radio pulsadas. Este es un tipo de energía que algunos expertos llevan años señalando como posible explicación para estos episodios médicos.
Aunque el dispositivo no sería completamente de origen ruso, sí incorporaría componentes fabricados en Rusia. Esto ha reavivado las sospechas dentro de algunos sectores de la comunidad de inteligencia.
Uno de los aspectos que más preocupa a los investigadores es la posibilidad de que una tecnología capaz de causar este tipo de daños sea portátil. Según una de las fuentes consultadas, el dispositivo podría tener un tamaño relativamente reducido. Incluso sería lo suficientemente compacto como para caber en una mochila, lo que plantearía interrogantes sobre cómo podría haberse utilizado en posibles ataques.

El origen del llamado Síndrome de La Habana
El fenómeno conocido como Síndrome de La Habana se remonta a 2016. En ese momento, varios diplomáticos estadounidenses destinados en La Habana, capital de Cuba, comenzaron a experimentar mareos, dolores de cabeza intensos, pérdida de equilibrio y problemas cognitivos.
Con el paso de los años se han reportado casos similares en distintos países del mundo. Esto llevó a las agencias de inteligencia y al Pentágono a investigar si estos episodios podían estar relacionados con algún tipo de arma de energía dirigida utilizada contra personal estadounidense.
Conclusiones contradictorias en la investigación
A lo largo de los últimos años, las evaluaciones oficiales han sido contradictorias. En 2022, un panel de inteligencia concluyó que algunos de los incidentes podrían haber sido causados de forma “plausible” por energía electromagnética pulsada procedente de una fuente externa.
Sin embargo, en 2023, la comunidad de inteligencia estadounidense indicó públicamente que no existían pruebas suficientes para vincular los casos con una campaña organizada por un gobierno extranjero.
La evaluación general se mantuvo en términos similares en 2025. Los analistas señalaron que era poco probable que los síntomas fueran resultado de ataques coordinados por otro país, aunque admitieron que no podía descartarse completamente esa posibilidad en algunos casos.
El malestar de las víctimas
La postura oficial ha generado frustración entre algunas de las personas afectadas. Estas personas consideran que el Gobierno de Estados Unidos no ha investigado con suficiente profundidad la posibilidad de ataques deliberados.
Entre ellos se encuentra Marc Polymeropoulos, exoficial de la CIA, quien asegura haber sufrido síntomas graves tras un presunto incidente ocurrido en Moscú en 2017.
Polymeropoulos afirmó a CNN que, si finalmente se confirma la existencia de tecnología capaz de provocar este tipo de lesiones, el Gobierno estadounidense debería reconocer públicamente lo sucedido y pedir disculpas a las víctimas por la forma en que se gestionó el asunto.
Mientras continúan las investigaciones, el origen del Síndrome de La Habana sigue siendo uno de los enigmas más complejos y controvertidos para la comunidad de inteligencia y la comunidad médica. Además, el análisis del dispositivo adquirido podría aportar nuevas pistas, aunque por ahora las conclusiones definitivas siguen sin llegar.
