La provincia de Ituri, en el noreste de la República Democrática del Congo, afronta un brote de ébola causado por la cepa Bundibugyo, una variante especialmente preocupante por la limitada disponibilidad de herramientas médicas específicas. Según alerta Médicos Sin Fronteras (MSF), se trata solo de la tercera vez en la historia en que se registra un brote de esta cepa.
A diferencia de otras variantes del virus del ébola, para la cepa Bundibugyo no existen vacunas ni tratamientos aprobados. A esta dificultad se suma una capacidad de diagnóstico muy reducida, lo que complica la identificación rápida de casos y la organización de una respuesta eficaz sobre el terreno.
La situación en los centros sanitarios refleja una presión creciente. Durante el fin de semana, varios casos sospechosos llegaron al Hospital Salama, en Bunia, donde MSF dispone de un centro quirúrgico, pero no de un área de aislamiento. El equipo médico detectó que podían tratarse de casos compatibles con ébola y los derivó al hospital de Bunia. Sin embargo, el centro los devolvió porque su zona de aislamiento ya estaba completa con otros pacientes sospechosos.

60.000 equipos llegarán desde Europa
MSF explicó que sus equipos contactaron entonces con otros centros de salud para buscar alternativas. La respuesta fue similar en todos los casos: las áreas de aislamiento estaban llenas. La organización describe este escenario como una muestra del desorden y la saturación que rodean actualmente la gestión de los casos sospechosos.
Ante esta situación, una de las prioridades es acelerar la llegada de material de protección y equipos especializados. El 19 de mayo llegaron a Bunia 3.000 equipos de protección individual, con artículos como guantes, mascarillas, gafas, batas y botas protectoras. Está previsto que otros 60.000 equipos lleguen desde Europa a finales de la próxima semana.
La organización también está movilizando personal médico y logístico con experiencia en brotes de ébola. Alrededor de 50 miembros del personal móvil internacional se desplazarán a las zonas afectadas para trabajar junto a unos 480 trabajadores locales de MSF. Además, están de camino dos kits completos para la respuesta al ébola, destinados a Fataki, Bunia y Mongbwalu, con desinfectantes, material de higiene, medicamentos y equipamiento médico.

“Estamos repletos de casos sospechosos, no tenemos espacio”
En Mongbwalu, donde se notificó el primer grupo de casos sospechosos, MSF tiene previsto establecer, junto al Ministerio de Salud, un Centro de Tratamiento del Ébola. También apoyará tareas de vigilancia, triaje, prevención y control de infecciones, así como actividades de sensibilización comunitaria y promoción de la salud.
MSF ya está presente en varias localidades de Ituri, entre ellas Bunia, Drodro, Angumu, Adi y Fataki, y cuenta además con un equipo de emergencia en Kisangani. En los primeros cuatro meses de este año, sus equipos realizaron más de 66.000 consultas de atención primaria en Ituri y Tchopo, además de más de 800 intervenciones quirúrgicas en el Hospital Salama de Bunia.
Trish Newport, de MSF, advirtió desde Ginebra de que “este brote es extremadamente preocupante” y señaló que, pocos días después de su confirmación, ya hay más de 500 casos sospechosos y más de un centenar de muertes. La responsable recordó que la cepa Bundibugyo no cuenta con vacunas ni tratamientos aprobados y que la capacidad para realizar pruebas es muy limitada. También describió la saturación de los centros sanitarios: tras intentar derivar pacientes sospechosos desde el Hospital Salama, otros centros respondieron que “estamos repletos de casos sospechosos, no tenemos espacio”, una situación que, según Newport, muestra “lo caótico que es todo ahora mismo”.
La respuesta busca contener el brote sin interrumpir la atención sanitaria esencial. Para MSF, proteger al personal y a los pacientes, mantener medidas de prevención y garantizar el acceso a servicios médicos básicos son objetivos simultáneos en una emergencia que exige actuar con rapidez.
