Estados Unidos

Nicki Minaj, de reina del rap a musa de Trump

"Antes he visto un trasero precioso: el de Nicki Minaj", dijo el presidente de EE UU, en un mitin de Michigan

Nicki Minaj, musa de Trump
La artista Nicki Minaj, ¿nueva portavoz de Trump?
Shutterstock

Nicki Minaj llegó a Michigan a bordo del Air Force One como estrella invitada del mitin de Donald Trump. Sin embargo, su trasero acabó acaparando más atención que ella, después de que el presidente hiciera un comentario machista sobre su anatomía. Trump, que había viajado con la rapera hasta Port Huron para apoyar a los candidatos republicanos en las elecciones de mitad de mandato, interrumpió su discurso para dirigirse a ella. “Por cierto, antes he visto un trasero precioso: el de Nicki Minaj”, dijo el presidente de EE UU. “Es difícil no verlo”, añadió, antes de pedirle que se levantara para que la multitud pudiera contemplarla. La artista, de 43 años, se puso en pie y saludó al público. Trump retomó el hilo de su intervención disculpándose por sí la había ofendido, antes de añadir que la quería y que llevaba mucho tiempo apoyándolo.

La escena resume la peculiar alianza entre dos figuras que, en principio, parecen antagónicas, pero que ahora comparten una causa política. Minaj, una de las artistas más influyentes del rap comercial, ha pasado de criticar las políticas migratorias de Trump a proclamarse su mayor admiradora. El presidente, por su parte, ha encontrado en ella una embajadora capaz de llegar a un público joven y a comunidades que por tradición han mantenido una relación más estrecha con el Partido Demócrata.

La cantante Nicki Minaj junto con Donald Trump
La cantante Nicki Minaj junto con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump
La Casa Blanca

La transformación también se percibe en su imagen. En Michigan, la cantante apareció con un conjunto de falda y chaqueta beige de Gucci, el cabello castaño con reflejos claros, recogido a medias, y unas llamativas lentillas azules. Lejos de las pelucas de colores estridentes y los estilismos exagerados que definieron buena parte de su carrera, la rapera ofrecía una imagen más sobria y conservadora.

El cambio de vestuario acompaña su giro político, aunque no demuestra por sí mismo una transformación ideológica. Su nueva apariencia alimenta las especulaciones sobre su acercamiento al universo MAGA, el movimiento que ha convertido a Trump en su principal referente. Minaj construyó su identidad artística a partir de una transformación constante basada en el exceso y la provocación. Su estética Barbie, las pelucas rosas y los alter egos forman parte de un universo que desafió las convenciones sobre cómo debía presentarse una mujer en el hip-hop. Ahora, su imagen pública convive con un discurso conservador sobre la familia y, sobre todo, la religión. Minaj sigue siendo una figura controvertida, aunque haya cambiado el terreno en el que busca provocar.

La fe como puerta de entrada

La conversión política de Minaj comenzó a gestarse mucho antes de su alianza pública con Trump. La artista, nacida en Trinidad y criada en Estados Unidos, había dejado entrever inclinaciones republicanas antes de convertirse en una de las celebridades más visibles del entorno presidencial. En 2012, en una colaboración con Lil Wayne en la canción Mercy, incluyó un verso en el que se declaraba republicana y mencionaba a Mitt Romney, candidato presidencial del partido aquel año. Durante el primer mandato de Trump, sin embargo, criticó sus políticas migratorias, en particular la separación de niños y padres en la frontera.

Nicki
Nicki Minaj tiene un estilo muy particular
Shutterstock

Al explicar su acercamiento al trumpismo, Minaj ha señalado su decepción con Barack Obama y su rechazo a la expectativa de que los artistas negros deban respaldar a los demócratas por razón de su raza. También ha atribuido parte de su distanciamiento al trato que recibió, según ella, por parte del gobernador de California, Gavin Newsom. La cantante afirma que, después de sufrir varios incidentes de swatting (avisos falsos que provocan el despliegue policial en un domicilio) en su casa de Los Ángeles, intentó obtener su ayuda sin recibir respuesta. Según su versión, la experiencia contribuyó a que perdiera la confianza en los demócratas.

La religión le ha proporcionado un marco para expresar algunas de sus posiciones políticas. Su pastor, el nigeriano Peters Ikechukwu Adonu, le habló de los ataques contra comunidades cristianas en Nigeria y de la persecución religiosa que sufren distintas poblaciones del país. En octubre de 2025, Trump denunció en Truth Social la violencia contra los cristianos y expresó su disposición a intervenir. Minaj le agradeció en sus redes que llamara la atención sobre el asunto.

El 20 de noviembre, la rapera intervino en Naciones Unidas para hablar de la persecución de los cristianos en África. Su mensaje presentó la defensa de estas comunidades como una causa humanitaria, por encima de las divisiones partidistas. “Proteger a los cristianos en Nigeria no consiste en tomar partido. Consiste en unir a la humanidad”, afirmó Nicki Minaj. La intervención provocó polémicas, pero también reforzó su relación con el equipo de Trump.

Su posicionamiento sobre la infancia y la identidad de género ha adquirido asimismo una dimensión conservadora. En Michigan rechazó la atención sanitaria de afirmación de género para menores y pidió que se dejara a los niños al margen de estas cuestiones. Sus palabras contrastan con la presencia de seguidores LGTBI en su base de admiradores, los llamados Barbz, que durante años han encontrado en su música y su estética un espacio de identificación.

De estrella del pop a aliada presidencial

El acercamiento a Trump se hizo inequívoco en 2025, cuando Minaj empezó a respaldarlo en las redes sociales. En noviembre de ese año compartió un vídeo oficial de la Casa Blanca que enumeraba los logros de la presidencia, acompañado por su canción Beez in the Trap. Después participó en actos vinculados a la Administración, entre ellos encuentros relacionados con las llamadas Trump Accounts, un programa de ahorro e inversión para niños.

En enero de 2026, durante la presentación de esa iniciativa en Washington, Trump la llamó “reina del rap” y ella le devolvió el elogio. “Probablemente soy la admiradora número uno del presidente”, dijo entonces. La relación se ha consolidado desde aquel encuentro, con una presencia cada vez más frecuente de Minaj en el entorno presidencial y mensajes en los que elogia la capacidad empresarial de Trump y su política exterior.

La estrategia responde también a un cálculo político en plenas elecciones de medio mandato. El equipo republicano lleva años intentando ampliar su influencia cultural mediante famosos capaces de acercar el movimiento a públicos ajenos a sus canales tradicionales. Durante la campaña de 2024 recurrió a personalidades del deporte, la música y los podcast. Minaj ofrece una ventaja sobre todos ellos porque su popularidad alcanza a millones de seguidores, muchos de ellos jóvenes y mujeres negras, un electorado al que los republicanos no consiguen convencer.

La reacción de los Barbz ha sido desigual y ha provocado enfrentamientos en las redes sociales. La artista parece dispuesta a asumir ese coste. Según ha explicado, muchos famosos comparten sus opiniones, pero temen expresarlas en público por miedo a la respuesta de sus seguidores.

Una portavoz sin nombramiento

En Michigan, Minaj dio un paso más. Subió al escenario, pidió a los asistentes que corearan “We love Trump” y describió las elecciones de mitad de mandato como un momento decisivo para el país. También pidió el voto para los republicanos Mike Rogers, candidato al Senado, y John James, aspirante a gobernador. Al dirigirse al presidente, prometió apoyarlo “para siempre” y aseguró que volvería a respaldarlo si se presentaba de nuevo.

La jornada había comenzado con una conversación entre ella y su equipo a bordo del avión presidencial. Steven Cheung, director de Comunicación de la Casa Blanca, publicó un vídeo en el que Minaj elogiaba la estrategia de política exterior de Trump. Lo acompañó de un comentario que no tardó en circular por las redes. “Señoras y señores, creo que hemos encontrado a la nueva secretaria de prensa de la Casa Blanca”. La cuenta oficial Trump War Room se sumó a la broma: “Secretaria de prensa Nicki Minaj: suena bien”.

Su relación con Trump añade un nuevo capítulo a una historia en la que su físico ha sido objeto recurrente de comentarios, también dentro de la industria musical. Varios raperos han aludido a su trasero en sus letras. Kendrick Lamar, en Black Lip Bastard (Remix), utilizó una referencia a su anatomía para construir una rima sobre la capacidad de caer y salir airoso. Meek Mill, en Lean Wit It, comparó un fajo de dinero con las curvas de la artista. Eminem, en Fast Lane, incluyó una referencia sexual explícita a ella. Y Big Sean contó con Minaj en el remix de Dance (A$$), una canción centrada en los traseros, aunque no estuviera dedicada al suyo.

La diferencia es que, esta vez, el comentario llega del presidente de Estados Unidos, en un mitin político. Trump convirtió la anatomía de Minaj en un recurso para captar la atención de la multitud, mientras la cantante era exhibida.

Queda poco de aquella Minaj que fascinaba a los raperos y a sus seguidores con una estética hiperbólica. En Port Huron, Trump uso su anatomía como una pieza más de la estrategia cultural del presidente. La propaganda en las redes se viraliza con este tipo de comentarios. Trump lo sabe y abusa de la popularidad de Minaj para capitalizar en un entorno que le es hostil. Una broma machista para generar clicks o likes o cualquier cosa que haga ruido. En las elecciones de mitad de mandato hay mucho poder en juego y las alianzas trascienden más allá del espectáculo.