Los árboles también pueden contar la historia de un pueblo. Esa es la premisa de La morera de Jerusalén, el libro de la periodista e historiadora italiana Paola Caridi, que propone una mirada diferente sobre la cuestión palestina. A través de los olivos de Belén, los sicomoros de Gaza o los pinos que transformaron el paisaje de la región, la autora reconstruye más de un siglo de acontecimientos políticos y sociales, situando la naturaleza como testigo de la ocupación, la guerra y la resistencia.
Caridi, que lleva más de dos décadas vinculada profesionalmente a Oriente Próximo, considera que comprender la historia de Palestina exige prestar atención a su territorio.
La historiadora rechaza que la situación pueda describirse simplemente como un enfrentamiento entre dos partes en igualdad de condiciones. “Esto no es un conflicto y, por tanto, tampoco un enfrentamiento militar y político entre iguales”, explica en una entrevista con Artículo14. Para Caridi, la cuestión palestina está estrechamente relacionada con la tierra, sus habitantes y las distintas aspiraciones de control territorial que se han sucedido durante más de 150 años.
Desde esta perspectiva, los árboles no son únicamente elementos del paisaje. La autora los considera “víctimas de la cuestión palestina” y, al mismo tiempo, algunos de sus “protagonistas ocultos”.

La naturaleza como instrumento político
Uno de los principales argumentos de su libro es que la transformación del paisaje también puede utilizarse para borrar la memoria histórica. Caridi sostiene que la plantación masiva de árboles, especialmente pinos, contribuyó a construir una imagen de Palestina más cercana a las referencias culturales de los primeros colonos sionistas y, posteriormente, de la sociedad israelí.
“Después de 1948, los árboles fueron la herramienta utilizada por los nuevos dirigentes israelíes para impedir el regreso de la población originaria, es decir, los palestinos”, afirma.
Las iniciativas de reforestación también permitieron ocultar los restos de centenares de localidades palestinas destruidas. La historiadora considera que los llamados “bosques de las naciones” constituyeron “el primer ejemplo de greenwashing“, al contribuir a difundir la idea de que Israel había conseguido hacer florecer un territorio anteriormente desértico.
Caridi cuestiona ese relato y recuerda que Palestina ya contaba con una importante tradición agrícola. Como ejemplos, menciona los olivares de Belén, las plantaciones de cítricos de Jaffa y las terrazas agrícolas de Battir, entre Jerusalén y Belén.

“Ningún opositor reconoce haber cometido un genocidio“
Más allá de su libro, Caridi analiza el escenario electoral israelí y las posibilidades de que Benjamin Netanyahu permanezca en el poder. Reconoce que tanto el primer ministro como sus adversarios tienen opciones reales de imponerse en las próximas elecciones parlamentarias.
Sin embargo, considera que la cuestión fundamental no es quién ganará, sino si existe una alternativa política dispuesta a modificar las relaciones con la población palestina.
“Ninguno de los líderes de la oposición israelí reconoce la responsabilidad de haber cometido un genocidio, ni tiene intención de detenerlo”, asegura la historiadora, que extiende sus críticas a las políticas israelíes en Cisjordania y Jerusalén Este.
Su conclusión sobre el futuro político del país es tajante: “Nada cambiará en Israel, aunque Netanyahu sea derrotado”.
Hamás y las consecuencias del 7 de octubre
La historiadora también se muestra contundente al valorar el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. “El ataque de Hamás y los crímenes cometidos el 7 de octubre no fueron simplemente contraproducentes”, afirma, y considera que sus consecuencias para la población palestina han sido devastadoras.
No obstante, insiste en que la situación actual no puede explicarse exclusivamente a partir de aquella jornada. “Nada comenzó el 7 de octubre de 2023, pero esa fecha marca un punto de inflexión en la historia“, señala, recordando el bloqueo de Gaza y las anteriores ofensivas israelíes.
Respecto al futuro de Hamás, Caridi reconoce que existe una considerable incertidumbre. “Ha vuelto a la clandestinidad, es opaco y ya no quiere presentar su propio relato”, explica.
La principal incógnita, a su juicio, no es únicamente cómo sustituirá a sus dirigentes asesinados, sino cómo podrá reorganizarse una organización estrechamente vinculada a un territorio devastado.
“¿Cómo se reorganiza un movimiento ligado al territorio y al tejido de la sociedad palestina si ese territorio ha sido destruido?”, plantea. Para Caridi, todavía deberán pasar meses antes de comprender el alcance de esa transformación.

