Ganar un Mundial sale rentable, y así lo dicen los números. Un estudio publicado en el boletín de Oxford con datos de la OCDE sostiene que alzar la copa supone medio punto de PIB durante dos trimestres consecutivos, lo que en el caso español se traduciría en unos 8.000 millones de euros. El banco holandés ABN Amro eleva esa estimación al 0,7%. Y a todos estos cálculos se suma el efecto inmediato: en las horas posteriores a la final, las búsquedas de vuelos hacia España desde China se dispararon hasta multiplicarse por 33. La pregunta que casi nadie se hace es la contraria: qué le ocurre al que pierde. Y sobre todo, qué le ocurre al que pierde de la manera en la que lo hizo Argentina.
El 1-0 del MetLife Stadium dejó a la Albiceleste sin el título, pero el problema no fue el marcador. Fue todo lo que vino alrededor. Enzo Fernández se marchó expulsado en el descuento tras una entrada tardía y temeraria sobre Pau Cubarsí, una decisión que hasta los analistas argentinos calificaron de correcta. Fue el decimoquinto expulsado del torneo y el tercer argentino sancionado con roja en una final, después de Monzón y Dezotti en 1990. Al pitido final llegaron los empujones: Leandro Paredes y Gavi terminaron a golpes sobre el césped, y la FIFA ya ha anunciado que abrirá un expediente disciplinario para revisar las actas arbitrales y las imágenes antes de decidir si sanciona a los jugadores.

El valor de los futbolistas
Pero un expediente de la FIFA no sólo implica posibles suspensiones deportivas; también condiciona el valor de mercado de un futbolista en el terreno publicitario. Las marcas no suelen esperar a las resoluciones oficiales: recalibran antes. Un centrocampista expulsado en la final más vista del planeta y señalado en medio mundo por su comportamiento no es el mismo activo comercial que era hace una semana, por mucho que su rendimiento deportivo no haya cambiado.
El segundo coste es de imagen colectiva, y ahí las cifras impresionan. La campaña Argentina Out, cerró con 23.316.108 firmas procedentes de 170 países, reclamando la expulsión permanente de la selección de las próximas Copas del Mundo. Nació durante el torneo con un objetivo inicial de cinco millones de adhesiones y terminó rozando el récord Guinness de peticiones. Sus promotores alegan favoritismo arbitral y, tras la final, publicaron un mensaje: “La FIFA nos ignoró, pero España respondió. Gracias, España”.

El daño a la imagen argentina
Sin embargo, esa petición no tiene ningún efecto jurídico. No existe reglamento alguno que permita excluir a una selección por acumular firmas en internet, y cualquier sanción depende exclusivamente de la FIFA. Pero su valor es, sobretodo, reputacional. Veintitrés millones de personas de 170 países movilizadas contra un equipo en menos de una semana dibujan un problema de percepción difícil de revertir, justo en el terreno donde España está recogiendo beneficios.

¿Un mal arbitraje?
En Argentina, buena parte del relato apunta al arbitraje. Varios aficionados llevan repitiendo en bucle desde el domingo que se repita la final señalando directamente al colegiado esloveno Slavko Vinčić: reclama a la FIFA que revise sus decisiones y sostiene que no se trata solo de justicia para Argentina, sino de la integridad del arbitraje mundial. Ya durante el torneo, cuando la campaña en contra empezó a crecer, Lionel Scaloni había rechazado las acusaciones argumentando que con el VAR resulta prácticamente imposible amañar un partido. El equipo regresó al país, sin Messi, con un recibimiento multitudinario. Esa distancia entre cómo se ve Argentina y cómo la ven fuera es, probablemente, el dato más importante, porque mientras dentro se consolida esa idea, fuera se instala otra: la de un equipo que no supo perder.
A petition to kick Argentina from the #FIFAWorldCup gathered over 23 million signatures from across 170 countries… almost breaking a Guinness World Record for the most signatories to a petition (24,319,181) 😅
The petition was closed with a thank-you note after Spain… pic.twitter.com/mO9QNxabl2
— TSN (@TSN_Sports) July 21, 2026
El fútbol hace tiempo que dejó de medirse solo en goles. España va a rentabilizar el título en turismo, exportaciones y visibilidad durante meses, con un efecto que las redes sociales alargan mucho más allá de lo que ocurría en 2010. Argentina, en cambio, sale del torneo con un expediente abierto, una campaña global en contra y una conversación internacional que ya no gira sobre su fútbol.

