Donald Trump enfrentó en las elecciones de medio tiempo, una de las jornadas más difíciles de su segundo mandato y decidió hablar al día siguiente de chandeliers demostrando su falta de conexión con el electorado estadounidense . El miércoles, menos de 24 horas después de que los republicanos perdieron el control de las dos cámaras del Congreso, el presidente reunió a los periodistas en los terrenos de la Casa Blanca para enseñarles su nuevo salón de baile. “Será uno de los más grandes y el más hermoso del mundo”, aseguró. Firmó una viga de acero destinada a la construcción y volvió a explicar que los presidentes estadounidenses llevaban 150 años soñando con tener un espacio semejante. De la derrota electoral de su partido apenas habló.
La escena ofreció una imagen surrealista. Millones de familias hacen cuentas para pagar la gasolina, llegar a fin de mes o afrontar el coste de la vivienda y el presidente de su país presume de mármol y lámparas de oro. La distancia entre esas dos realidades explica en gran medida el resultado electoral. Los estadounidenses han votado por su país y su democracia. Sí, es un castigo a las políticas de Donald Trump, a su guerra en Irán, pero también a la gestión de los congresistas de Washington que llevan dos años sin hacer contrapeso a su líder. Un mensaje a un presidente que convirtió en plebiscito las elecciones de medio mandato.
Los demócratas han recuperado el control de la Cámara de Representantes y del Senado en una de las derrotas más contundentes de la historia del país para un partido gobernante en unas elecciones legislativas de mitad de mandato. Han conseguido al menos siete escaños republicanos en el Senado y más de dos docenas de distritos en la Cámara baja. La victoria ha llegado, además, en estados donde el conservadurismo parecía tener asegurada su continuidad. Kansas, Texas, Carolina del Sur, Iowa, Ohio, Maine, Mississippi y Carolina del Norte han cambiado de manos en la Cámara alta. En algunos de esos estados, los republicanos llevaban décadas sin perder un escaño.
Kansas ofrece una de las imágenes más elocuentes de la noche. Adam Hamilton ha derrotado al republicano Roger Marshall y ha puesto fin a una racha que se remontaba a 1932, cuando un demócrata ganó por última vez un escaño senatorial en el Estado. En Iowa, Josh Turek ha conseguido una victoria que parecía improbable en un territorio que Donald Trump había ganado por 13 puntos en 2024. En Texas, James Talarico ha conquistado el Senado y Gina Hinojosa ha ganado la gobernación. Carolina del Sur y Ohio también han entregado a los demócratas escaños que estaban en manos republicanas.

Este cambió de rumbo, es una advertencia a un partido que identificaba su futuro con la fidelidad a Trump. Los votantes de territorios profundamente conservadores han demostrado que su identidad política no implica un respaldo incondicional al presidente. Muchos han optado por candidatos demócratas en una decisión que, según los resultados y las encuestas postelectorales, responde al descontento con la economía, la guerra de Irán y la dirección del país. Aún con ideología conservadora, han cambiado su voto.
La democracia ha sido la gran protagonista de esta jornada. Los electores han utilizado las urnas para modificar el equilibrio de poder y reclamar una mayor capacidad de control sobre la Casa Blanca. Según la encuesta postelectoral de Associated Press, alrededor de siete de cada diez votantes consideran que el Congreso no estaba haciendo lo suficiente para ejercer de contrapeso al presidente. Ahora tendrán una mayoría demócrata en ambas cámaras para comprobar hasta dónde puede llegar ese control.
La reacción dentro del Partido Republicano es de pura estupefacción. El desconcierto inicial dio paso a los reproches contra Trump. “Es responsabilidad suya. De nadie más. Es un rechazo total y absoluto al presidente Trump”, declaró Bill Miller, uno de los principales lobbistas republicanos de Texas. “Es un desastre de primera magnitud. Nadie esperaba algo así”. Otros estrategas conservadores señalaron que la intervención constante del presidente en las campañas con políticas impopulares y su insistencia en convertir cada candidatura en una extensión de su liderazgo han perjudicado a sus propios aspirantes.
El malestar tiene una explicación económica, pero también ha influido no cumplir su promesa electoral de no entrar en ninguna otra guerra. A ello se suma los efectos de los aranceles y el encarecimiento del coste de la vida.
Trump reconoció el miércoles que el conflicto con Irán ha elevado el precio de la gasolina, aunque defendió que volvería a tomar la misma decisión. El vicepresidente, JD Vance, señaló este que la guerra había perjudicado electoralmente a los republicanos.

Decisivos en el resultado han sido los votantes jóvenes y los votantes latinos. Según el AP Voter Poll, una encuesta de aproximadamente 80.000 electores en los 50 estados, los menores de 30 años han respaldado a los candidatos demócratas a la Cámara de Representantes 70 puntos por encima que en las elecciones presidenciales de hace dos años. Entre los votantes hispanos, alrededor de seis de cada diez apoyaron a los demócratas en sus respectivas contiendas frente a los cuatro de cada diez que habían votado a Trump dos años antes.
El retroceso republicano entre los latinos ha sido especialmente visible en la frontera de Texas, donde los demócratas han recuperado terreno después de que Trump lograra avances en esa comunidad en 2024. Uno de los resultados más simbólicos ha sido el de Bobby Pulido, ganador frente a la congresista republicana Monica De La Cruz. La coalición electoral que llevó al presidente de vuelta a la Casa Blanca ha demostrado ser menos estable de lo que sugería su victoria. Los jóvenes y los hispanos han contribuido a erosionarla.
Pero la ola demócrata también tiene nombres propios. En Iowa, Rob Sand ha conseguido la primera victoria demócrata en la carrera por la gobernación estatal en dos décadas. En Ohio, Amy Acton ha arrebatado a los republicanos el Gobierno estatal. En Georgia, Keisha Lance Bottoms se ha convertido en la primera mujer negra elegida gobernadora de un Estado. En Michigan, Abdul El-Sayed ha ganado un escaño en el Senado y será el primer senador musulmán del país. Peggy Flanagan, en Minnesota, será la primera mujer indígena estadounidense en ocupar un puesto en la Cámara alta. Son victorias que muestran cómo el resultado nacional se ha alimentado de campañas locales capaces de conectar con preocupaciones concretas.
La transformación alcanza también a las instituciones estatales. Los demócratas han recuperado el control de gobiernos y legislaturas en varios territorios decisivos, entre ellos Wisconsin, Pennsylvania, Michigan y Minnesota. En Nevada, Aaron Ford ha derrotado al gobernador republicano Joe Lombardo. En Texas, la victoria de Hinojosa convierte a la demócrata en la primera mujer latina que gobernará el Estado. Son administraciones que podrán decidir sobre educación, vivienda, impuestos y otras políticas que afectan directamente a la vida cotidiana.

Para Trump, el resultado abre una etapa distinta. Los demócratas podrán bloquear su agenda legislativa, rechazar nombramientos y poner en marcha investigaciones sobre su Administración. Hakeem Jeffries se perfila como el próximo presidente de la Cámara de Representantes, el primero negro en ocupar ese cargo si obtiene el respaldo de sus compañeros. El presidente, que había pedido a sus seguidores que imaginaran que él mismo estaba en las papeletas, ha intentado atribuir las derrotas a los candidatos republicanos y ha negado que el resultado constituya un rechazo personal.
El Partido Republicano tendrá ahora que afrontar una discusión que lleva tiempo aplazando. ¿Qué significa ser republicano después de Trump? El movimiento MAGA ha perdido la mayoría en el Congreso y varios de sus bastiones electorales. Muchos se preguntan si esto es el fin de Trump y la factoría MAGA.
La victoria tampoco convierte a los demócratas en depositarios de una mayoría ideológica estable. La encuesta de AP advierte de que el partido continúa con problemas de imagen y su ventaja en algunos asuntos polarizadores sigue siendo limitada. Su nuevo poder legislativo vendrá acompañado de la exigencia de responder a las preocupaciones que han llevado a tantos votantes a cambiar el color de su papeleta.
Mientras Trump enseña las vigas de su futuro salón de baile, el país pone los cimientos de una nueva realidad política. La elección ha recordado que ningún territorio pertenece para siempre a un partido y que el voto conservador tampoco es una propiedad privada del presidente. Las familias estadounidenses reclaman un futuro mejor.

