¿Podría Donald Trump atacar pronto a Cuba? Después de Caracas y Teherán, ¿es el turno de La Habana? Entre bloqueo, inculpación de Raúl Castro, sanciones selectivas y amenazas de intervención, la estrategia de asfixia de Donald Trump sitúa a la isla comunista al borde de la implosión. En los últimos meses, la guerra en Irán ha relegado a Cuba a un segundo plano en la agenda de Donald Trump. Pero el presidente estadounidense no lo oculta: la isla comunista es su próximo objetivo. ¿Cuál es hoy la situación en Cuba? ¿Podría caer el régimen castrista? Explicaciones.
Tras Venezuela e Irán, la operación Cuba de Donald Trump parece ir tomando forma, entre intimidaciones y desinformación. La isla comunista situada a 150 kilómetros de las costas de Florida aparece ahora como el próximo objetivo. El presidente estadounidense afirma que constituye «una amenaza excepcional» para la seguridad nacional de Estados Unidos. Y, como en los momentos previos al ataque contra Venezuela el pasado mes de enero, Washington ha elaborado un dispositivo estratégico que combina sanciones económicas, intimidación militar y presión política y judicial, con la inculpación este miércoles 20 de mayo del expresidente Raúl Castro.

El expresidente cubano Raúl Castro ha sido inculpado en Estados Unidos, mientras el portaaviones Nimitz llega al mar Caribe. ¿Intimidación o preparativos de intervención? La administración Trump intensifica la presión sobre el régimen cubano en un momento en que su guerra en Irán se encuentra estancada.
¿Se trata de hacer olvidar su atasco en Irán y sus consecuencias para los ciudadanos estadounidenses? ¿O de ganarse el favor de los exiliados cubanos en Estados Unidos, entre los que destaca el secretario de Estado Marco Rubio? La popularidad del presidente estadounidense está en su nivel más bajo y las elecciones de noviembre se acercan. Por ello, Donald Trump ha intensificado esta semana las presiones sobre Cuba, la isla caribeña que vive desde hace meses en tensión.
Puede parecer increíble que Washington dedique tanta energía a Cuba cuando la crisis con Irán se estanca en un estado de ni guerra ni paz que pone nervioso a todo el mundo. Pero Donald Trump, que no logra encontrar una salida en el estrecho de Ormuz y no tiene ninguna intención de reactivar su guerra contra Irán, parece considerar que Cuba constituye una válvula de escape conveniente para recuperar su prestigio deteriorado.

El portaaviones nuclear estadounidense Nimitz, con 90 aeronaves a bordo, llegó el miércoles al mar Caribe y permanecerá allí hasta nueva orden. Ese mismo día, la justicia estadounidense inculpó al antiguo número uno cubano durante diez años, Raúl Castro, hermano de Fidel, hoy de 84 años. Se le persigue por un incidente ocurrido hace 30 años, en el que murieron cuatro personas, incluidos tres estadounidenses. Evidentemente, no se trata de una coincidencia.
La tentación de establecer un paralelismo con la operación de Caracas, el pasado mes de enero, que permitió al ejército estadounidense capturar a Nicolás Maduro, es fuerte. El presidente venezolano era perseguido por la justicia estadounidense y una importante armada aeronaval había sido desplegada en el mar Caribe. Sin embargo, nada indica que una operación militar sea inminente. Washington parece jugar otra partida, con un bloqueo que ya dura cuatro meses y priva a la isla de suministro petrolero. Las consecuencias para el funcionamiento de la sociedad cubana son graves: la isla experimenta apagones totales y escasez de combustible.
También hay negociaciones en curso: el director de la CIA, John Ratcliffe, estuvo en La Habana la semana pasada para mantener conversaciones con los dirigentes cubanos. Frente a él, Raúl Rodríguez Castro, apodado «Raulito», el pequeño Raúl, de 41 años, nieto del expresidente, convertido en principal interlocutor de los estadounidenses. Ya se ha reunido con el equipo de Marco Rubio en una isla vecina. El director de la CIA llevaba un mensaje de Donald Trump solicitando «cambios fundamentales» y rápidos en Cuba, sin excluir una intervención militar.

Todo esto hace pensar que Donald Trump apuesta por sus fuertes presiones y por el cansancio de una parte de la población para provocar cambios políticos en la isla, sin pasar necesariamente por una fase militar. La evolución de los acontecimientos mostrará pronto si el presidente de Estados Unidos, que no deja de comunicar que pronto tomará el control de Cuba, se hace ilusiones, como en Irán, sobre su capacidad para cambiar con facilidad un régimen, aun siendo impopular.
Casi da reparo recordar que Donald Trump actúa sin mandato de nadie, al margen del derecho internacional, y que legitima así lo que otros regímenes podrían hacer en otras latitudes. Pero el presidente estadounidense ya ha expresado su desprecio por las leyes internacionales y, sobre todo, necesita un éxito rápido tras su fracaso en Irán. Cuba le parece la presa ideal: queda por ver si se entregará tan fácilmente como él espera.

