Opinión

Sí, “Adolescencia” es una serie woke

Netflix
Actualizado: h
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Por eso se ha llevado tantos premios. La miniserie británica “Adolescencia” (Netflix, 2025), creada por Stephen Graham y Jack Thorne, ha sido una de las producciones más premiadas recientemente. En los Globos de Oro del 11 de enero del 2026 conquistó estos cuatro galardones: mejor miniserie, mejor actor para Stephen Graham, mejor actriz de reparto para Erin Doherty y mejor actor de reparto para Owen Cooper, de 16 años ahora, quien se convirtió en el más joven en ganar esa categoría y repitió su hito de los Emmy 2025 como el actor más joven en un papel secundario. También triunfó la serie en Critics Choice. La obra narra en cuatro episodios el arresto de Jamie (Owen Cooper), un chico de 13 años acusado de matar a cuchilladas a una compañera. El objetivo de la serie es explorar la radicalización online, el bullying y, sobre todo, eso que llaman la machosfera.

El wokismo, filosofía subjetiva y autorreferencial, se caracteriza por ser un conjunto de ortodoxias relacionadas con la raza, el género y la orientación sexual. Reconozco la eficacia técnica y la bondad de las actuaciones de los intérpretes, pero me parece el enésimo pretexto para alertar de los males de esa machosfera, fuente de terrores casi míticos, y de adular al feminismo más paranoico y misándrico. ¿Por qué? Pues porque el perfil del asesino, un chico blanco, con una familia “intacta” y demasiado agraciado para representar al incel canónico es improbable y disonante con la realidad. Rodada bajo la influencia de varios años con ataques con cuchillo en el Reino Unido, choca con los patrones predominantes (unas búsquedas rápidas por la red muestran pocos casos de incels blancos con armas de filo: aparece, por ejemplo, un tal Jake Davison que en el 2021 atacó, pero con un arma de fuego).

Fotograma de la serie 'Adolescence', de Netflix
Fotograma de la serie ‘Adolescence’, de Netflix.
Kilo y Cuarto

Sin embargo, para una industria dominada por el progresismo, elegir un perfil incel (aunque sea jovencísimo) es conveniente y menos controvertido que hablar de katanas e inmigración (sobre todo de perfil islamista,) aunque resulte en una narrativa woke que exagera un problema minoritario para justificar campañas que no aportan soluciones. El término incel designa a un tipo de hombre resentido, de misoginia intolerable y sin duda potencialmente peligroso para las mujeres, pero también se utiliza como un insulto hipócrita para humillar a hombres frustrados afectivamente y llenos de resentimiento y autodesprecio. Varones desheredados del capital sexual necesario para un mercado de la pareja más exigente que nunca. El concepto se usa para estigmatizar frustraciones masculinas, ignorando las complejidades sociales y convirtiéndoles en parias. Algo incomprensible en una sociedad que se jacta de luchar contra la discriminación y que tanto ha hecho por eliminar, por ejemplo, la arcaica atribución de manías a las “solteronas”. El incel, en resumen, representa el súmmum de la humillación pública y la demonización mediática de hombres infelices por sus fracasos románticos.

Serie ‘Adolescencia’

Independientemente de la verosimilitud del protagonista en la serie, el interés del debate es clarísimo. Fundamental. Pero la elección narrativa en esta serie que distorsiona la realidad para avivar ciertos sesgos ideológicos no aporta nada. Por eso digo que esa “Adolescencia” es más una herramienta ideológica que el retrato fiel de cualquiera de los problemas invocados en la serie: desde el aterrador recurso a las armas de filo por parte de determinadas minorías fanatizadas, al problema del universo súcubo de la machosfera. El despliegue técnico y artístico es impecable, y sólo por eso merece esta serie ser visionada. Pero sin ser tan inocentes como para no darnos cuenta de que está tramposamente sesgada a favor de un feminismo paranoico que exagera sus males favoritos mientras evade temas que, por ser de la vida real, habría que analizarlos mejor.

Se debería exigir un examen más equilibrado de este conjunto de repugnancias y terrores que se llama la machosfera así como un acercamiento más valiente al problema que nos plantea ese asesino inhumano que acuchilla confiados transeúntes. Ambos deben ser interpelados por sus genes o por sus memes (entendidos estos à la Dawkins: como unidades culturales muy contagiosas). La ciencia nos podrá ayudar pero no la ideología.