Opinión

Boadella: antes toro que oveja

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Mi amigo Albert Boadella, compañero del grupo impulsor de Ciudadanos, estrenó hace unos días en Málaga El retablo de las maravillas, su nueva producción con Els Joglars. Pero lo que hizo especial este acontecimiento fue que la compañía celebra en 2026 su 65º aniversario. ¡Más de 6 décadas ininterrumpidas de esta pequeña empresa privada! Algo que sin duda cualquier aficionado al arte y al teatro debería festejar por  insólito, ¿no? Pues no en todas partes. Ni en Cataluña ni en el País Vasco va a ser una buena noticia. Y lo lamento profundamente como catalana. 

Sí, durante años he sido testigo de la displicencia cuando no del directo boicot del que ha sido objeto Boadella por parte de las instituciones culturales de mi tierra. Él y su compañía (ahora en manos del formidable Ramón Fonsaré) ha sido víctimas de un vacío cultural y político sistemático, impulsado por independentistas y la izquierda progre que domina el panorama en Cataluña y, en menor medida, en España. 

Teatros públicos, como el Nacional de Catalunya, y privados rechazan sus obras desde hace 20 años, alegando, como si fuera un defecto, que causan “polémica”. Y es que Boadella no es lo que cualquiera que desee triunfar en el teatro catalán debe ser: o independentista o de izquierdas. Lo que viene a ser un nacionalprogreísta. Hay quien dice que esto es un oxímoron, que no se puede ser ambas cosas. Qué va: se puede y va perfectamente unido en una España (y casi el mundo mundial) donde la cultura está en manos de la izquierda.  

 Els Joglars ha sido un ejemplo de cómo el independentismo y la izquierda cultural marginan las voces críticas. En España, el boicot no es tan obvio, es más sutil: subvenciones denegadas, críticas sesgadas en medios progres y un curioso “olvido” en festivales nacionales. También lo experimenté con mucho desasosiego en mi etapa como europarlamentaria. Intenté organizar eventos con él, pero fui testigo directo de inesperadas censuras en mi propio grupo liberal, Alde. En 2019, la cuestora británica Catherine Bearder (los cuestores son quienes deciden sobre las obras que se expondrán o se interpretarán) vetó a Boadella en una exposición, que yo organizaba, sobre constitucionalismo en el Parlamento Europeo alegando que era “inflamatory” y el tema “controvertido”. Todo mientras eran muy comprensivos con esos independentistas que tanto sufrían bajo la bota hispana.  

Sin embargo todo esto debe ser motivo de orgullo, aunque mi amigo Albert y su familia hayan sufrido innumerables molestias personales por ello. Boadella y Els Joglars fueron pioneros en señalar las fracturas en el sistema nacionalista catalán. Cataluña y el País Vasco han sido dos espinas clavadas en el costado de la democracia española, y el independentismo aliado de la izquierda, como dice Boadella, “Ha manchado con sangre y chantaje permanente lo que podrían haber sido tiempos utópicos en la historia de una España que salió admirablemente de una dictadura.” Sí, estamos hablando de esos “años de hierro” de Eta, de cuyas maneras tuvimos un conocimiento directo, aunque por suerte fugaz y menos letal, durante el procés en Cataluña. Si quieren saber muy bien de qué les hablo, vean en Filmin el documental Ícaro: la semana en llamas. Y no tarden, que a Filmin le quema en el catálogo y lo descuelga el 31 de enero. 

Boadella dice que ser catalán le resulta verdaderamente duro, y no me extraña nada. Sin haber sufrido lo que le ha tocado a él, personal, profesional y económicamente, le entiendo perfectamente. Así que es muy comprensible que, utilizando el arma de su ironía, asegure que, si la reencarnación existe, preferiría ser “un toro en uno de esos pueblos extremeños antes que una oveja en Cataluña”. Y yo no podría estar más de acuerdo.