La Operación Arctic Sentry ha dejado de ser una simple etiqueta estratégica para convertirse en uno de los movimientos más visibles de la OTAN en el norte de Europa. La Alianza Atlántica ha integrado dentro de ese nuevo marco sus maniobras Cold Response 2026, que se celebran del 9 al 19 de marzo en Noruega, Finlandia y las aguas del norte europeo, con la participación de 14 países y decenas de miles de efectivos. El mensaje que se quiere transmitir es nítido: reforzar la presencia aliada en el Ártico, afianzar la coordinación militar y exhibir cohesión en una zona cada vez más sensible desde el punto de vista geopolítico.
La Operación Arctic Sentry nació oficialmente en febrero de 2026 como una misión de la OTAN para fortalecer su postura en el Ártico y el Alto Norte. Según Reuters, su puesta en marcha se aceleró en un contexto de fricción dentro de la propia Alianza por la crisis política alrededor de Groenlandia. Desde entonces, Arctic Sentry funciona como paraguas estratégico para coordinar una presencia militar aliada creciente en la región, incluyendo ejercicios, vigilancia y nuevas estructuras de mando.
Cold Response 2026, el gran escaparate militar del norte
La pieza central de esta fase de la Operación Arctic Sentry es el ejercicio Cold Response 2026, considerado por las Fuerzas Armadas noruegas como su maniobra más importante del año. La versión oficial noruega sitúa el despliegue en 32.500 participantes, de los cuales 25.000 operan en Noruega y 7.500 en Finlandia, mientras que Reuters resume el núcleo visible del ejercicio en unos 25.000 soldados de 14 naciones. La diferencia obedece al modo de contabilizar el despliegue completo, pero en ambos casos la magnitud es clara: se trata de una de las mayores demostraciones de fuerza aliada en el entorno ártico en lo que va de año.

Las maniobras se desarrollan en condiciones extremas, con frío intenso, nieve, lagos helados, zonas montañosas y un terreno especialmente exigente para la movilidad y la logística. La OTAN y Noruega no solo buscan entrenar combate y coordinación, sino también comprobar cómo responde una fuerza multinacional en un escenario donde el clima puede alterar tanto los equipos como los tiempos de reacción. Cold Response, además, no se limita al plano terrestre: incluye operaciones en tierra, mar, aire, ciberespacio y espacio, lo que refuerza la idea de que la Operación Arctic Sentry pretende ordenar una presencia aliada integral en el norte.
España se suma al despliegue en el Ártico
España también forma parte de esta edición de Cold Response y, por tanto, del impulso operativo asociado a la Operación Arctic Sentry. Distintas informaciones recogidas por agencias y por el propio entorno del Ejército de Tierra sitúan la aportación española en unos 140 efectivos del Mando de Tropas de Montaña, con personal del Regimiento de Infantería de Cazadores de Montaña América nº 66 y de la Compañía de Esquiadores Escaladores. Las unidades españolas llegaron semanas antes a la zona para aclimatarse a un entorno en el que el frío extremo condiciona por completo la actividad militar.

La presencia española encaja con una lógica cada vez más visible dentro de la OTAN: el flanco norte ya no es un espacio periférico, sino un área prioritaria. La Alianza insiste en que la interoperabilidad entre ejércitos y la capacidad de responder juntos en condiciones hostiles son elementos centrales de su disuasión. Y esa lectura explica que países alejados geográficamente del círculo polar, como España, participen de forma activa en ejercicios de esta naturaleza.
El nuevo papel de los civiles en la defensa del norte
Uno de los rasgos más llamativos de esta edición es que la Operación Arctic Sentry y las maniobras que la acompañan no ponen el foco solo en uniformes, blindados o aeronaves. Noruega ha declarado 2026 como el año de la “defensa total”. Una estrategia que busca implicar también a hospitales, empresas, administraciones y servicios esenciales en la preparación ante una crisis mayor. Reuters explica que una de las pruebas previstas esta semana examina la capacidad de los hospitales del norte de Noruega para atender un gran número de heridos trasladados desde una línea de frente imaginaria en Finlandia.

Ese enfoque amplía el significado de la Operación Arctic Sentry. Ya no se trata solo de mover tropas o entrenar en nieve. También consiste en comprobar si una sociedad entera puede sostener el esfuerzo militar en una región que la OTAN considera cada vez más estratégica por la presión rusa y por el creciente interés chino en el Ártico. En ese sentido, la maniobra funciona como ensayo de guerra, pero también como test de resistencia institucional.
Un Ártico cada vez más central para la OTAN
La consolidación de la Operación Arctic Sentry no puede entenderse sin otro paso reciente de la OTAN. La apertura en octubre de 2025 del nuevo Centro de Operaciones Aéreas Combinadas (CAOC) de Bodø, en Noruega. La propia OTAN subraya que esta infraestructura refuerza su conciencia operativa, su redundancia y su flexibilidad en el Ártico y el Alto Norte, supervisando operaciones aéreas en la región nórdica, el mar Báltico, el Atlántico Norte y el mar de Barents.

Todo ello dibuja una conclusión bastante evidente. La Operación Arctic Sentry no es un gesto aislado ni un ejercicio puntual con nombre nuevo. Es la señal de que la OTAN ha decidido convertir el Ártico en una de sus prioridades estratégicas más visibles de 2026, articulando presencia militar, mando aéreo, cooperación multinacional y preparación civil en una misma arquitectura de seguridad. Y esa arquitectura, vista la dimensión del despliegue de estos días, ya está plenamente en marcha.
