Opinión

El instante

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Que la vida cambia en un instante lo sabemos todos, lo que sucede es que es muy a menudo lo olvidamos. Y no es hasta que ocurre algo que nos sacude, que no tiene por qué ser personal, pero si tiene que ser algo que no sobrecoja, que de repente lo recordamos.

Esto es lo que ha sucedido esta semana, hace unos días, cuando el domingo por la tarde uno escucha que habido un accidente de tren, que un tren ha descarrilado y ha chocado con otro y parece que hay muertos, y pasan las horas y los días y se confirma eso, que hay muertos, que hay desaparecidos. Una tragedia.

Y uno se queda sobrecogido al escuchar las informaciones que se van actualizando porque piensa cuántas veces ha cogido ese tren para realizar ese trayecto y se da cuenta de que ese accidente que ha ocurrido ese día podría haber ocurrido cualquier otro y en un solo instante hubiera cambiado su vida.

Imágenes de la búsqueda de evidencias que puedan servir para la identificación de víctimas e investigación del accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba)

Y uno constata, cuando sucede algo así, como puede cambiar todo en un instante y, cuando todo ha cambiado en ese instante, que injusto es que la vida siga, es injusto que la vida siga cuando en un instante todo ha cambiado. Porque cuando sucede eso que cambia tu vida lo mínimo que se podría esperar, lo mínimo que uno espera, es que la vida pare, que se establezca una especie de duelo por lo ocurrido. Pero no, la vida sigue.

La vida siempre sigue y no se detiene por nadie ni por nada que haya ocurrido. Y es cuando se confirma la injusticia, que la vida sigue, pero uno no puede seguir, se quedó estancado en ese instante y de quedó con el duelo por lo que sucedió en ese instante.

Empieza entonces otra vida, una vida en la que se tiene que aprender a aceptar que nunca nada volverá a ser igual, que, por ejemplo, nunca volveremos a ver a esa persona que desapareció en ese instante, hay que aprender a aceptar que un instante cambiar una vida. Que son instantes los que cambian nuestras vidas. Que siempre fue así y siempre será así.

A veces vivimos la vida como si fuera eterna, como si todo fuera eterno, como si nuestra vida y todo lo que en ella cabe no tuviera los días contados. Y dejamos pasar las cosas pensando en que nos esperarán a la vuelta de la esquina, que podremos recuperarlas cuando queramos. Pero no es así.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, solo de momentos, podemos leer en un poema atribuido a Borges. Y sea de Borges o no, vuelvo a él, y leo en voz alta el comienzo:

Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho, tomaría muy pocas cosas con seriedad.

Que ninguna tragedia deba recordarnos que la vida cambia en un instante. No dejemos de hacer aquello que siempre pensamos hacer pero nunca encontramos el tiempo o el coraje.  No dejemos de decir te quiero.  Pensemos cuántas cosas debemos tomarnos con tanta seriedad.  Pensemos en relajarnos más.

Que la vida cambia en un instante. Carpe diem.