El pasado 3 de enero conocíamos la noticia de la sustracción del dictador Maduro de Venezuela por parte del gobierno estadounidense capitaneado por Donal Trump.
Muchas han sido las noticias que desde ese momento se han sucedido previo al “asedio y asalto controlado” llevado a cabo en Caracas. Imágenes del dictador con diferentes outfits manifestando su “prueba de vida”, declaraciones encontradas y mucha confusión.

De la primera comparecencia de Trump se hace imposible el no reseñar el hecho de que dejase claro que tenían y tienen preparada una segunda ofensiva que en ese momento no fue necesaria, y que el petróleo se perfila como el tema capital de esta situación.
A partir de ese momento ha habido mucha incertidumbre; por un lado la oposición venezolana capitaneada por Edmundo González y María Corina Machado se ha dejado aparentemente fuera de esta conversación, por otro la conocida Delcy Rodríguez – flamante presidenta de Venezuela – ocupando el poder y manifestando su voluntad de continuar con la senda del Chavismo, y por último un EE.UU. que manifiesta reiteradamente que tiene el control del país y que dispondrán de un órgano dirigido por ellos que capitaneará Venezuela hacia una transición.
Desde el panorama internacional hemos visto diferentes manifestaciones de toda índole. Desde las que se alegran por la salida de Maduro, hasta los que se valen del derecho internacional para invalidar y reprochar esta situación de injerencia entre países.

La vía diplomática se presume compleja, llena de incertidumbre y de difícil solución, mientras que la vía comunicativa nos está dejando un panorama repleto de declaraciones cargadas de hipocresía y de direccionalidad política. Muchos de los que hablan de derecho internacional por ejemplo en España, daban la espalda a Venezuela cuando se condenaba a la dictadura por la represión, secuestro y asesinato de su población; en ese momento se miraba a otro lado, incluso cuando la Corte Penal Internacional así lo dictaba.
Vemos muchas manifestaciones en diferentes países en las que se mezclan símbolos que nada tienen que ver con la situación que padece Venezuela, desde pañuelos palestinos, consignas socialistas, voces antiimperialistas, … Y con el nexo en común de que no se encuentren venezolanos en esos movimientos aparentemente.
¿Qué tal imparcial se puede ser ante esta situación cuando se ha cobrado o trabajado para el régimen? Es esta incapacidad de ver con una visión imparcial la que genera revuelo, murmuros y poca claridad.
Las redes sociales se han convertido en un hervidero de manifestaciones de millones de venezolanos alzando su voz. Muchos festejando la salida del dictador, otros echando en cara el hecho de que en muchas de las manifestaciones internacionales que se están dando no hallan venezolanos allí representados; otros exponiendo que los que hablan ahora de derecho internacional antes callaban ante las violaciones sistemáticas de derechos humanos, y otros manifestando que si no has vivido esa dictadura no debes opinar.

Es este tipo de comunicación directa la que refleja el sentir de un pueblo que se manifiesta, y es precisamente esto lo que nos deberías hacer reflexionar. Si la mayoría de los venezolanos están a favor de esta situación, quizás deberíamos parar e intentar entender todas las aristas del conflicto.
El protagonista del conflicto no es Maduro, no es la dictadura, ni siquiera el presidente estadounidense Donal Trump, el protagonista indiscutible es y será el petróleo. Muchos líderes internacionales hablan de que EEUU se va a apropiar del crudo venezolano, que se lo van a robar. Estas afirmaciones no dejan de ser una simplificación de la situación.
Obviamente el crudo forma parte indispensable de la ecuación, la explotación de los recursos y la obtención de estos, pero analicemos lo que está sucediendo hasta el momento. En los pasados años Venezuela cedía casi en gratuidad a Cuba de todo el crudo necesario –compartir entre hermanos comunistas -, China y Rusia llevan años posicionados y comprando a través de acuerdos agresivos los derechos sobre el crudo, o lo que es lo mismo, el crudo lleva décadas sin ser de los venezolanos.
Expongo esta situación ante la alarma generada por un bien que obviamente es de los venezolanos y que hay que determinar el interés del pueblo antes que el de las potencias, pero que lleva años lejos del pueblo. Las redes han dejado frases para la historia en esta materia; un ciudadano exponía que es obvio que a Estados Unidos le mueve el interés por el petróleo, a la par que exponía de manera irónica que es el mismo interés que otras potencias llevan teniendo a lo largo de los años, el ciudadano apuntaba “¿acaso creen que China y Rusia lo que buscaban en Venezuela era la receta de la arepa?”
La posición de España se enturbia al respecto. Sin un reconociendo expreso a la victoria de la oposición venezolana en las pasadas elecciones, vemos ahora a un presidente posicionándose de manera ambigua. Quizás es el resultado de la influencia del expresidente Zapatero, muy amigo de Delcy y de los miembros de la dictadura que intenta que se suavice la posición política en contra del régimen, o quizás tendrá algo que ver ese negocio que ha desaparecido de la red de las hijas del expresidente, … Sea como sea hay parte de la historia que no se nos está contando en cuanto a la relación de nuestro gobierno con el régimen venezolano.

Pensemos que dentro de esta confusión existe la oportunidad de que se imponga la claridad de la democracia, con una transición que termine en un proceso electoral que devuelva a los venezolanos su libertad de hablar, de expresarse y su país. Ojalá esta intervención no acabe siendo un fracaso internacional que siga reprimiendo al pueblo y expropiándole su libertad.



