Opinión

Ocuparse y preocuparse

Ansiedad - Salud
Una mujer padeciendo ansiedad
Shutterstock
Actualizado: h

Sería incapaz de recordar cuántas veces me lo dijo mi padre: «cariño, en esta vida no hay que preocuparse, hay que ocuparse».  Porque mi padre me lo decía cada vez que me veía preocupada por algo. Y él me lo repetía: no te preocupes, cariño, ocúpate. Y es que nos pasamos la vida preocupados por un montón de cosas que nunca suceden.

Se habla mucho de meditación, de mindfulness, de intentar vivir en el presente porque parece que estamos siempre arrojados al futuro que todavía no es, pensando y preocupados por lo que puede ser o puede que nunca sea, y no somos capaces de vivir de otra manera.  Si puedes solucionarlo, por qué te preocupas, y si no puedes solucionarlo, porqué te preocupas, habrás oído también en multitud de ocasiones, la famosa frase atribuida a Buda. Y lees la frase, y la repites en voz alta, y piensas que tienen razón, pero a la hora de verdad, qué difícil de poner en práctica.

Y es que se necesita entrenamiento para ser capaces de soltar las preocupaciones y zambullirnos en ocupaciones. Nos preocupamos por cosas que puede que ni siquiera sucedan en nuestras vidas.  Hay estudios que confirman que el noventa por ciento de las cosas que nos preocupan en nuestras vidas nunca suceden, y pasado el tiempo uno se pregunta cuántas noches estuvo sin dormir o cuántas veces tuvo los nervios agarrados al estómago por algo que nunca sucedió.  Y piensa que qué pérdida de tiempo y de salud. Y por eso cada vez más personas intentan hacer meditación o simplemente se apuntan a clases de algo que les gusta y les mantiene ocupados, como puede ser cerámica, ganchillo, ikebana o talleres de lectura.  Y es que, si estás ocupado, no puedes estar preocupado, aunque sea tan sólo en esos momentos.

Quizá nos preocupamos tanto porque en el fondo los humanos somos unos arrogantes y pensamos que podemos controlar más de lo que realmente está bajo nuestro control en nuestras vidas. Y por eso la ansiedad es una de las enfermedades de nuestra época y nuestra sociedad, porque el cuerpo somatiza cuando la mente no para.   Y por eso se calcula que en España hasta el siete por ciento de la población sufre ansiedad por preocupación, el cuatro por ciento en el mundo.

Y así llevamos siglos, que ya Séneca, hace cerca de dos mil años, exhortaba a Lucilio a vivir sin tanta preocupación: «te aconsejo que no seas desgraciado antes de tiempo como cuando aquellas eventualidades que tenidas por inminentes te provocaron pánico: quizás no lleguen nunca, en todo caso, no llegaron».

Quizá hay que entrenarse, como los antiguos estoicos, como lo fue Séneca, y hay que entrenar el alma, el espíritu, la mente. Quizá mucho de lo que necesitamos está en la Filosofía. Pero puede que la Filosofía tampoco sea para todo el mundo, como quizá tampoco lo sea la meditación, pero seguro que cada uno de nosotros tenemos algo que realmente nos encanta y a lo que podríamos dedicar mucho de nuestro tiempo, y eso nos puede ayudar a ocuparnos.

La verdad es que cuando uno ha cumplido unos cuantos años, echa la vista para atrás y ve cuántas preocupaciones le hicieron sufrir sin que nunca llegaran a hacerse realidad, y entonces uno recuerda la célebre frase de Mark Twain: «he pasado por algunas cosas terribles en mi vida, algunas de las cuales realmente sucedieron». No sé si es un consuelo, pero nos pasa o nos ha pasado a (casi) todos, y en el fondo es tan fácil (o tan difícil) como aprender a quitar el pre a las preocupaciones y empezar a ocuparse.  De lo que sea. Y nunca es tarde.