La presidencia del Gobierno afronta el levantamiento parcial del secreto de sumario descartando un adelanto electoral o movimientos de riesgo por parte de los socios. Nadie ha pedido explícitamente una moción y el Ejecutivo interpreta la escalada verbal como parte de la presión dialéctica y “poco más”.
En el caso del PNV, lo atribuyen a las dificultades de posicionamiento interno de Aitor Esteban; en Junts, a la espera estratégica de Carles Puigdemont de la amnistía. Para el Ejecutivo, ningún socio quiere bajar el dedo para certificar un fin de ciclo en una votación con VOX. Nadie quiere firmar su finiquito ante una eventual coalición de derechas que les empuje a la irrelevancia en la política nacional. Y a las voces internas que cuestionan alargar la legislatura a cualquier precio, el entorno del Gabinete de Presidencia no cree que adelantar la cita sea una buena opción. El mensaje es resistir y seguir trabajando.

Así que el Ejecutivo sigue donde estaba. Ni moción instrumental ni elecciones anticipadas. Aunque a nadie se le escapa el peso de Zapatero y el impacto de la causa. El Gobierno intenta encapsularlo en la defensa de la Justicia y la presunción de inocencia, y sitúa la influencia del expresidente más en la órbita del partido que en La Moncloa. Para el círculo que rodea a Pedro Sánchez, “es un caso que afecta al Gobierno, pero no es una crisis del Gobierno”, según fuentes del Ejecutivo. Y lo explican con una metáfora que resume la dificultad de contener el daño de la ya macrocausa judicial: es como tener una fuga que te está inundando la casa, pero no tienes la llave para entrar en el piso de arriba del vecino a cerrar el grifo.
Si todo esta gente supiera que todo esto que están haciendo no les va a valer de nada, que habrá elecciones en 2027 y que les volveremos a ganar… pic.twitter.com/3UMKT9jYg3
— Óscar Puente (@oscar_puente_) May 26, 2026
A la interna, hay prudencia en la defensa de Zapatero y esperan a ver cómo evoluciona la causa y qué va saliendo. La tensión pasa por proteger al presidente. Zapatero actuó desde su esfera privada, de momento, sin gestiones directas sobre funcionarios -que consten todavía en la instrucción-, apuntan. El peor escenario del caso Plus Ultra, pasaría por que la red de “Zapa” con Julio Rodríguez hubiera medrado en funcionarios de la SEPI. Hay dos subdirectores señalados. Más allá de apartarlos si siguieran, no ven más margen para actuar.
Moncloa mira a la SEPI
“Si hay alguna irregularidad, que nos digan cuál ha sido”, dicen en off en Moncloa sobre el rescate. Aseguran que se han comprobado los pasos de los organismos competentes que participaron y que se siguió la normativa. También se han realizado gestiones para verificar el procedimiento. Entre ellas, han preguntado a los funcionarios actuales de la SEPI y ninguno ha señalado nada extraño, apuntan. Al tratarse de altos cargos que llegaron después del rescate, entienden que no tienen incentivos para mentir. En cuanto a la reunión del exministro José María Escrivá con Zapatero, la interpretan más como “casualidad que causalidad”. Y hasta ahí las gestiones, que se sepa.

La pérdida del control de la agenda se asume con resignación en La Moncloa. Resulta difícil colocar asuntos como las cumbres internacionales, los encuentros bilaterales, la esperada Ley de IA —coincidente además con la encíclica de León XIV— o la propuesta del nuevo Marco Financiero Plurianual, cuando toda la conversación pública gira en torno al mismo caso, apuntan fuentes gubernamentales. Irónicamente, solo les puede salvar el Papa y la visita prevista para la próxima semana.
Calma tensa
Los socios ya están verbalizando en público que descartan la moción. Por parte de Junts y el PNV porque tendría que presentarla y prepararla el PP, y los populares se han desmarcado públicamente. En La Moncloa distinguen las amenazas reales de las ficticias. La moción, dicen, es lo segundo. “La bala que te mata es la que no oyes”, resumen fuentes del Ejecutivo. “Si vas a hacer una moción, la preparas en privado y la anuncias cuando está cerrada”.
Nadie llama a Sánchez
Con todo lo que va saliendo, en La Moncloa ningún equipo está preparando al presidente para responder por Zapatero. Fundamentalmente porque entienden que no debe hacerlo y, además, porque nadie se lo está exigiendo todavía. Ningún grupo parlamentario ha solicitado la comparecencia de Pedro Sánchez por el ‘caso Zapatero’ y el PP tampoco ha movido ficha en la comisión Koldo del Senado, convertida en un contenedor de todas las causas vinculadas al Gobierno. Lo hicieron tras el ‘caso Ábalos’ y el informe sobre Santos Cerdán, pero no ahora.
Con cierta frustración por el bloqueo legislativo, los nacionalistas miran ya al repliegue hacia las comunidades autónomas. Y el Gobierno asume que, con las municipales y autonómicas de 2027 en el horizonte, la legislatura entra en una fase de baja intensidad parlamentaria.
Los socios afean al Gobierno vivir al día. De hecho, en Moncloa hablan esta semana de cómo “hay que cruzar ese río” llamado Zapatero. En este tránsito agónico, no hay moción ni adelanto a la vista este mes, que, para el Ejecutivo, ya es mucho tiempo.

